MADONNA DEL POZZO o SEÑORA DEL POZO.
Patrona de los que sufren depresión o tristeza.
(Advertencia a nuestros lectores: esta es una antigua y hermosa devoción originada en Roma y nada tiene que ver con un falso caso originado en Puerto Rico).
En un mundo donde más y más gente cae en el pozo de la depresión, esta advocación Mariana viene a oficiar como bastón y ayuda de quienes desean encontrar en el amor a Dios el camino de salida de la tristeza extrema. Un mal moderno por definición, la depresión nos invade poniendo un vacío que nos distancia de la esperanza y la alegría de ser hijos de Dios. Puede ser clasificada claramente como un desierto espiritual, que el hombre debe aprender a sobrellevar como una cruz que Jesús nos invita a compartir con Él. Vista de este modo, la tristeza o depresión adquieren un valor espiritual inmenso, porque nos unen con la angustia que el Señor sufrió en el Getsemaní, la noche en que iba a ser traicionado y entregado. Jesús vera con agrado nuestra ofrenda, y nos sacara a la luz de la esperanza cuando nuestra alma esté lista para recibir Su Gracia.
De este modo, La Madonna del Pozzo es la perfecta intercesora con Aquel que, todo amor, nos espera con los Brazos abiertos para ser nuestro motivo de alegría y esperanza, fe y amor. María es, una vez más, el camino más corto y simple para reencontrarnos con Jesús.
La Madonna del Pozzo
El origen de la devoción a la Advocación Mariana de La Madonna del Pozzo se remonta al siglo XIII, en la Roma de la edad media. La tradición indica que alguien arrojo, voluntariamente, una imagen de María realizada sobre una pieza de piedra dentro de un pozo cisterna o pozo de agua. El profundo hoyo se encontraba ubicado en el establo de la residencia de un Cardenal en las inmediaciones de Roma.
En la noche entre el 26 y el 27 de septiembre del año 1256 se produce el prodigioso hecho de que el agua empieza a brotar con tal fuerza desde el pozo, que eleva a la superficie la imagen de la Virgen retratada en piedra. Los testigos advirtieron no solo el fluir violento del agua sino de modo mucho más resaltable, que se elevaba a la superficie la piedra con la imagen de la Virgen. El hecho fue inmediatamente reconocido como un milagro, al punto que el propio Pontífice realizo una procesión hasta el lugar de los hechos. Desde entonces esta advocación de María es conocida como la Señora del Pozo, o la Madonna del Pozzo.
En la actual Iglesia-Santuario esta imagen es venerada en una Capilla, donde muchos fieles se acercan cotidianamente para beber el agua del antiguo pozo, que luego de tantos siglos sigue brotando.
El contiguo convento de los Siervos de María fue abierto en el año de 1513, que era anteriormente convento de la Observancia y después de Mantua. Desde el año 1803 forma parte de la Provincia de Romaña, hoy Provincia de Piemonte-Romaña de los Siervos de María. Los sacerdotes servitas custodian este santo lugar, señalado por la Gracia de Dios.
Oración
Madonna del Pozzo, luz de luz, alegría de alegría
Esperanza de los tristes, amor de los afligidos
Consuelo de los pobres de espíritu
Linterna que alumbra las noches de oscuridad.
Danos tu luz, omnipotencia suplicante
Elévanos en la oración, sujetos a tu calcañal
Humildes en la espera, firmes en la confianza
Entregados a tu Maternidad Divina.
Tú, Señora de la Alta Gracia
Llévanos a tu Hijo, Jesús
Ábrenos al Divino Espíritu de Amor
Enséñanos a conocer el Amor del Padre.
Que tu luz sea nuestra luz
Que tu amor sea nuestro amor
Que tu esperanza sea nuestra esperanza
Que tu fe sea nuestra fe
Madonna del Pozzo, serena nuestros corazones
Para que unidos a tu Inmaculado Corazón
y con la alegría de ser tu fiel reflejo
Seamos capaces de unirnos a tu santa corredención
Para quienes visitan Roma, los datos para visitar a Nuestra Madonna del Pozzo son los siguientes:
Comunidad de los Siervos de María
Convento Santa Maria in Via
Via del Mortaro, 24
00187 ROMA RM
Italia
Tel. (+39) 06. 697 6741 – 2 – 3
Fax (+39) 06. 697 674 34
E-mail: santamariainvia@vicariatus.urbis.org
---Reina del Cielo.org.
sábado, 1 de septiembre de 2018
viernes, 31 de agosto de 2018
ORACIÓN DE SELLAMIENTO.
ORACIÓN DE SELLAMIENTO.
Señor Jesús, en tu nombre, y con el poder de tu sangre preciosa sellamos toda persona, hechos o acontecimientos a través de los cuales el enemigo quiera hacernos daño.
Con el poder de la Sangre de Jesús, sellamos toda potestad destructora en el aire, en la tierra, en el agua, en el fuego, debajo de la tierra, en las fuerzas satánicas de la naturaleza, en los abismos del infierno y en el mundo en el cual nos moveremos hoy.
Con el poder de la Sangre de Jesús, rompemos toda interferencia y acción del maligno. Te pedimos Jesús que envíes a nuestros hogares y lugares de trabajo a la Santísima Virgen acompañada de San Miguel, San Gabriel, San Rafael y toda su corte de Santos Ángeles. Con el poder de la Sangre de Jesús sellamos nuestra casa, todos los que la habitamos, las personas que el Señor enviará a ella, así como los alimentos y los bienes que El generosamente nos envía para nuestro sustento.
Con el poder de la Sangre de Jesús sellamos tierra, puertas, ventanas, objetos, paredes y pisos, el aire que respiramos y en fe colocamos un círculo de su Sangre alrededor de toda nuestra familia. Con el poder de la Sangre de Jesús sellamos los lugares en donde vamos a estar en este día, y las personas, empresas o instituciones con quienes vamos a tratar.
Todos los hermanos de esta página y todos los Cristianos Católicos con María, los presentes y ausentes.
Con el poder de la Sangre de Jesús sellamos nuestro trabajo material, espiritual, los negocios de toda nuestra familia, y los vehículos, las carreteras, los aires, las vías y cualquier medio de transporte que habremos de utilizar. Con tu sangre preciosa sellamos los actos, las mentes y los corazones de todos los habitantes y dirigentes de nuestra Patria a fin de que tu paz y tu Corazón al fin reinen en ella. Te agradecemos Señor por tu Sangre y por tu vida, ya que gracias a ellas hemos sido salvados y somos preservados de todo lo malo.
AMEN.
Señor Jesús, en tu nombre, y con el poder de tu sangre preciosa sellamos toda persona, hechos o acontecimientos a través de los cuales el enemigo quiera hacernos daño.
Con el poder de la Sangre de Jesús, sellamos toda potestad destructora en el aire, en la tierra, en el agua, en el fuego, debajo de la tierra, en las fuerzas satánicas de la naturaleza, en los abismos del infierno y en el mundo en el cual nos moveremos hoy.
Con el poder de la Sangre de Jesús, rompemos toda interferencia y acción del maligno. Te pedimos Jesús que envíes a nuestros hogares y lugares de trabajo a la Santísima Virgen acompañada de San Miguel, San Gabriel, San Rafael y toda su corte de Santos Ángeles. Con el poder de la Sangre de Jesús sellamos nuestra casa, todos los que la habitamos, las personas que el Señor enviará a ella, así como los alimentos y los bienes que El generosamente nos envía para nuestro sustento.
Con el poder de la Sangre de Jesús sellamos tierra, puertas, ventanas, objetos, paredes y pisos, el aire que respiramos y en fe colocamos un círculo de su Sangre alrededor de toda nuestra familia. Con el poder de la Sangre de Jesús sellamos los lugares en donde vamos a estar en este día, y las personas, empresas o instituciones con quienes vamos a tratar.
Todos los hermanos de esta página y todos los Cristianos Católicos con María, los presentes y ausentes.
Con el poder de la Sangre de Jesús sellamos nuestro trabajo material, espiritual, los negocios de toda nuestra familia, y los vehículos, las carreteras, los aires, las vías y cualquier medio de transporte que habremos de utilizar. Con tu sangre preciosa sellamos los actos, las mentes y los corazones de todos los habitantes y dirigentes de nuestra Patria a fin de que tu paz y tu Corazón al fin reinen en ella. Te agradecemos Señor por tu Sangre y por tu vida, ya que gracias a ellas hemos sido salvados y somos preservados de todo lo malo.
AMEN.
miércoles, 29 de agosto de 2018
ORACIÓN A SAN JOSÉ.
ORACIÓN A SAN JOSÉ.
Oh san José, cuya protección es tan grande, tan fuerte y tan inmediata ante el trono de Dios, a ti confío todas mis intenciones y deseos.
Ayúdame, san José, con tu poderosa intercesión, a obtener todas las bendiciones espirituales por intercesión de tu Hijo adoptivo, Jesucristo Nuestro Señor, de modo que, al confiarme, aquí en la tierra, a tu poder celestial, Te tribute mi agradecimiento y homenaje.
Oh san José, yo nunca me canso de contemplarte con Jesús adormecido en tus brazos. No me atrevo a acercarme cuando Él descansa junto a tu corazón. Abrázale en mi nombre, besa por mí su delicado rostro y pídele que me devuelva ese beso cuando yo exhale mi último suspiro.
¡San José, patrono de las almas que parten, ruega por mi! Amén.
Recuerda: Dios siempre atiende nuestras oraciones. Pero nosotros no siempre esperamos las respuestas que recibimos.
Reza con fe y pide un beneficio espiritual
Aunque san José nunca dijo una sola palabra en las Escrituras, su silencioso ejemplo de fidelidad, obediencia y cuidado para con la Sagrada Familia durante los años de formación de Jesús hizo de él uno de los santos más queridos del cristianismo.
Se estima que la devoción al padre adoptivo de Jesús comenzó entre los siglos III y IV. Pero, según el libro de oración Pietá, hay una oración a san José que data del año 50:
“Esta oración fue encontrada en el año 50 de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. En 1505, fue enviada por el Papa al emperador Carlos, cuando él estaba yendo a la batalla [de Lepanto]. Quien lea esta oración, la escuche o la guarde consigo nunca morirá de muerte repentina ni se ahogará, ni le afectará el veneno o caerá en las manos del enemigo, ni será quemado en cualquier fuego o derrotado en la batalla. Reza esta oración durante nueve mañanas por cualquier intención. Ella es conocida por no fallar nunca”.
Ofrece el pedido para el beneficio espiritual para quien está rezando o para la persona por la que se está rezando”.
Aleteia.
Oh san José, cuya protección es tan grande, tan fuerte y tan inmediata ante el trono de Dios, a ti confío todas mis intenciones y deseos.
Ayúdame, san José, con tu poderosa intercesión, a obtener todas las bendiciones espirituales por intercesión de tu Hijo adoptivo, Jesucristo Nuestro Señor, de modo que, al confiarme, aquí en la tierra, a tu poder celestial, Te tribute mi agradecimiento y homenaje.
Oh san José, yo nunca me canso de contemplarte con Jesús adormecido en tus brazos. No me atrevo a acercarme cuando Él descansa junto a tu corazón. Abrázale en mi nombre, besa por mí su delicado rostro y pídele que me devuelva ese beso cuando yo exhale mi último suspiro.
¡San José, patrono de las almas que parten, ruega por mi! Amén.
Recuerda: Dios siempre atiende nuestras oraciones. Pero nosotros no siempre esperamos las respuestas que recibimos.
Reza con fe y pide un beneficio espiritual
Aunque san José nunca dijo una sola palabra en las Escrituras, su silencioso ejemplo de fidelidad, obediencia y cuidado para con la Sagrada Familia durante los años de formación de Jesús hizo de él uno de los santos más queridos del cristianismo.
Se estima que la devoción al padre adoptivo de Jesús comenzó entre los siglos III y IV. Pero, según el libro de oración Pietá, hay una oración a san José que data del año 50:
“Esta oración fue encontrada en el año 50 de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. En 1505, fue enviada por el Papa al emperador Carlos, cuando él estaba yendo a la batalla [de Lepanto]. Quien lea esta oración, la escuche o la guarde consigo nunca morirá de muerte repentina ni se ahogará, ni le afectará el veneno o caerá en las manos del enemigo, ni será quemado en cualquier fuego o derrotado en la batalla. Reza esta oración durante nueve mañanas por cualquier intención. Ella es conocida por no fallar nunca”.
Ofrece el pedido para el beneficio espiritual para quien está rezando o para la persona por la que se está rezando”.
Aleteia.
BREVE BIOGRAFÍA DE SAN AGUSTÍN DE HIPONA
BREVE BIOGRAFÍA DE
SAN AGUSTÍN DE HIPONA
San Agustín nació en Tagaste ( región enclavada en la que hoy es Argelia ) en el año 354. Hijo de un pagano, Patricio, y de una cristiana, Santa Mónica, modelo de madre y esposa cristiana. Desde niño destacó por su interés en conocer la Verdad, lo que le llevó a estudiar las diferentes corrientes filosóficas.
Engañado por la doctrina de los maniqueos ( doctrina fundada por el filósofo persa Manes que se basa en la existencia de dos principios eternos,absolutos y contrarios,el bien y el mal ) la profesó en Cartago (374-383), Roma (383) y Milán (384). Los maniqueos eran sumamente rigoristas en las cuestiones de la moral, factor que terminó de convencer a San Agustín para convertirse en un fiel devoto de esta herejía.
Pero pronto comprendió que la Verdad se enconraba en la Iglesia Católica, que enseña (contrariamente a la doctrina maniquea) que las cosas, estando subordinadas a Dios, derivan todo su ser de Él, de manera que el mal sólo puede ser entendido como pérdida de un bien, como ausencia o no-ser, en ningún caso como sustancia.
La convicción de haber recibido una señal divina lo decidió a retirarse con su madre, su hijo y sus discípulos a la casa de su amigo Verecundo, en Lombardía, donde San Agustín escribió sus primeras obras. En la Pascua del año 387, cuando contaba con treinta y tres años, fue bautizado por San Ambrosio, quien junto con Santa Mónica, hicieron ver a San Agustín que la Doctrina Católica era la única verdadera. El Santo Bautismo su primer paso en su consagración absoluta a la causa de Dios.
San Agustín, ya convertido, se dispuso volver con su madre a su tierra en África, y juntos se fueron al puerto de Ostia a esperar el barco. Pero su madre, Santa Monica, que tanto sufrió por su conversión a la Fe Católica, ya había obtenido de Dios lo que más anhelaba en esta vida y podía morir tranquila; sucedió que estando ahí en una casa junto al mar, por la noche, mientras ambos platicaban debajo de un cielo estrellado de las alegrías que esperaban en el cielo, Mónica exclamó entusiasmada :
"¿Y a mí que más me puede amarrar a la tierra ? Ya he obtenido mi gran deseo, el verte cristiano católico. Todo lo que deseaba lo he conseguido de Dios". Poco días después le invadió una fiebre y murió. Murió pidiendo a su hijo "que se acordara de ella en el altar del Señor". Murió en el año 387, a los 55 años de edad.
En 388 regresó definitivamente a África. En el 391 fue ordenado sacerdote en Hipona por el anciano Obispo Valerio, quien le encomendó la misión de predicar entre los fieles la palabra de Dios, tarea que San Agustín cumplió con fervor y le valió gran renombre; al propio tiempo, sostenía enconado combate contra las herejías y los cismas que amenazaban a la ortodoxia católica, reflejado en las controversias que mantuvo con maniqueos, pelagianos, donatistas y paganos.
SAN AGUSTÍN DE HIPONA Y NUESTRA SEÑORA LA VIRGEN MARÍA.
Madre de Dios y Madre de la Iglesia
“También como María la Iglesia goza de perenne integridad virginal y de incorrupta fecundidad. Lo que María mereció tener en la carne, la Iglesia lo conservó en el espíritu; pero con una diferencia: María dio a luz a uno solo; la Iglesia alumbra a muchos, que han de ser congregados en la unidad por Aquel único”.
“Así como la Virgen María engendrando a Uno solo viene a ser la Madre de la muchedumbre, también Ella al engendrar a la muchedumbre viene a ser “Madre de la unidad”
"María es la única mujer que ha podido ser al mismo tiempo virgen y madre, en espíritu y cuerpo. Espiritualmente no fue madre de Dios, Nuestro Salvador, que ha existido siempre. Pero al ser Su Madre biológica Ella es también parte de Su Esencia, al igual que una mujer casada recibe el nombre de su esposo. Por eso es sin duda alguna Madre de la Iglesia, pues ha cooperado mediante Su amor a engendrar a esta Iglesia a cuya cabeza está Cristo y cuyos miembros somos nosotros, la comunidad de fieles."
Prácticas de piedad y Devocionario Católico.
SAN AGUSTÍN DE HIPONA
San Agustín nació en Tagaste ( región enclavada en la que hoy es Argelia ) en el año 354. Hijo de un pagano, Patricio, y de una cristiana, Santa Mónica, modelo de madre y esposa cristiana. Desde niño destacó por su interés en conocer la Verdad, lo que le llevó a estudiar las diferentes corrientes filosóficas.
Engañado por la doctrina de los maniqueos ( doctrina fundada por el filósofo persa Manes que se basa en la existencia de dos principios eternos,absolutos y contrarios,el bien y el mal ) la profesó en Cartago (374-383), Roma (383) y Milán (384). Los maniqueos eran sumamente rigoristas en las cuestiones de la moral, factor que terminó de convencer a San Agustín para convertirse en un fiel devoto de esta herejía.
Pero pronto comprendió que la Verdad se enconraba en la Iglesia Católica, que enseña (contrariamente a la doctrina maniquea) que las cosas, estando subordinadas a Dios, derivan todo su ser de Él, de manera que el mal sólo puede ser entendido como pérdida de un bien, como ausencia o no-ser, en ningún caso como sustancia.
La convicción de haber recibido una señal divina lo decidió a retirarse con su madre, su hijo y sus discípulos a la casa de su amigo Verecundo, en Lombardía, donde San Agustín escribió sus primeras obras. En la Pascua del año 387, cuando contaba con treinta y tres años, fue bautizado por San Ambrosio, quien junto con Santa Mónica, hicieron ver a San Agustín que la Doctrina Católica era la única verdadera. El Santo Bautismo su primer paso en su consagración absoluta a la causa de Dios.
San Agustín, ya convertido, se dispuso volver con su madre a su tierra en África, y juntos se fueron al puerto de Ostia a esperar el barco. Pero su madre, Santa Monica, que tanto sufrió por su conversión a la Fe Católica, ya había obtenido de Dios lo que más anhelaba en esta vida y podía morir tranquila; sucedió que estando ahí en una casa junto al mar, por la noche, mientras ambos platicaban debajo de un cielo estrellado de las alegrías que esperaban en el cielo, Mónica exclamó entusiasmada :
"¿Y a mí que más me puede amarrar a la tierra ? Ya he obtenido mi gran deseo, el verte cristiano católico. Todo lo que deseaba lo he conseguido de Dios". Poco días después le invadió una fiebre y murió. Murió pidiendo a su hijo "que se acordara de ella en el altar del Señor". Murió en el año 387, a los 55 años de edad.
En 388 regresó definitivamente a África. En el 391 fue ordenado sacerdote en Hipona por el anciano Obispo Valerio, quien le encomendó la misión de predicar entre los fieles la palabra de Dios, tarea que San Agustín cumplió con fervor y le valió gran renombre; al propio tiempo, sostenía enconado combate contra las herejías y los cismas que amenazaban a la ortodoxia católica, reflejado en las controversias que mantuvo con maniqueos, pelagianos, donatistas y paganos.
SAN AGUSTÍN DE HIPONA Y NUESTRA SEÑORA LA VIRGEN MARÍA.
Madre de Dios y Madre de la Iglesia
“También como María la Iglesia goza de perenne integridad virginal y de incorrupta fecundidad. Lo que María mereció tener en la carne, la Iglesia lo conservó en el espíritu; pero con una diferencia: María dio a luz a uno solo; la Iglesia alumbra a muchos, que han de ser congregados en la unidad por Aquel único”.
“Así como la Virgen María engendrando a Uno solo viene a ser la Madre de la muchedumbre, también Ella al engendrar a la muchedumbre viene a ser “Madre de la unidad”
"María es la única mujer que ha podido ser al mismo tiempo virgen y madre, en espíritu y cuerpo. Espiritualmente no fue madre de Dios, Nuestro Salvador, que ha existido siempre. Pero al ser Su Madre biológica Ella es también parte de Su Esencia, al igual que una mujer casada recibe el nombre de su esposo. Por eso es sin duda alguna Madre de la Iglesia, pues ha cooperado mediante Su amor a engendrar a esta Iglesia a cuya cabeza está Cristo y cuyos miembros somos nosotros, la comunidad de fieles."
Prácticas de piedad y Devocionario Católico.
viernes, 24 de agosto de 2018
El poderoso significado liberador de la Cruz y Medalla de San Benito.
El poderoso significado liberador de la Cruz y Medalla de San Benito.
El poder de la cruz y medalla de San Benito radica en Cristo, quien otorga a la Iglesia y por buena disposición de quién la usa.
Para aquellos que no conocen la Medalla de San Benito, éste es un sacramental reconocido por la Iglesia Católica con gran poder de exorcismo y de liberación de las influencias demoníacas.
Como todo sacramental, su poder está, no porque sea una medalla bonita y bendecida y contenga una oración inscrita en ella; ¡no caigamos en esa superstición!.
El poder de la Medalla de San Benito radica en Cristo mismo, quien le otorga a la Iglesia y por la fervorosa disposición de quién la usa ¡Actúa mediante la Fe!, ¿recuerdas a la hemorroísa que pensando que sólo con tocar el manto de Jesús quedaría sana? ¿Y qué me dices de las personas que eran sanadas y exorcisadas a través de paños o lienzos que habían estado en contacto con San Pablo?
"Y hacía Dios milagros extraordinario por mano de Pablo de tal manera que aún se llevaban a los enfermos los paños o delantales de su cuerpo y las enfermedades se iban de ellos y los espíritus malos salían" (Hechos 19,12)
Recordemos el poder que dejó Cristo sobre sus apóstoles:
"Todo lo que aten en la tierra quedará atado en el Cielo y todo aquello que desaten en el Tierra quedará desatado en el Cielo." (Mt 18,18)...
Eso es un poder que confirió Cristo sobre su Iglesia para que así todo lo que decreten en Favor del rescate de las almas, sea reconocido por Cristo como una buena Obra.
Analizando la medalla de San Benito
¿Observaste alguna vez esta medalla y te preguntaste qué significaban todas esas inscripciones o jeroglíficos? Ok, comencemos:
La parte delantera y trasera están cubiertas con letras que no parecen tener ningún sentido.
En realidad el significado completo de la medalla de San Benito fue un misterio durante muchos años, hasta que un importante descubrimiento se hizo en 1647 en la abadía de Metten en Baviera. Encontraron un manuscrito del año 1415, que explica la simbología inscrita en la medalla.
Significado de la medalla de San Benito
Parte frontal de la medalla de San Benito
San Benito se muestra en el centro de la medalla. En su mano derecha sostiene una cruz. La cruz representa el poder salvador de Cristo y la obra de la evangelización por los benedictinos largo de los siglos. En su mano izquierda es un libro que contiene la Santa Regla de su orden.
A su derecha está una taza rota. Esta copa se decía que había sido envenenada por unos monjes rebeldes que no estaban a gusto con San Benito. La copa se rompió cuando San Benito hizo una señal de la cruz sobre ella y le salvó la vida.
A su izquierda hay un cuervo. El cuervo lleva una hogaza de pan envenenado que los monjes trataron de dar a San Benito.
Por encima de la cabeza son las palabras: Crux Sancti Patris Benedicti (Cruz del Santo Padre Benito). Alrededor del borde son las palabras: Ejus en obitu nostro praesentia muniamus. (Que en nuestra muerte seamos fortalecidos por su presencia).
Debajo de sus pies están las letras: EX SM CASINO MDCCCLXX (Desde santo Monte Cassino, 1880).
Reverso de la medalla de San Benito
La parte trasera de la medalla está dominada por una gran cruz.
En cada uno de los cuatro lados de la cruz:
C. S. P. B. (Crux Sancti Patris Benedicti): "Cruz del Santo Padre Benito"
En línea vertical de la cruz:
C. S. S. M. L. (Crux Sácra Sit Mihi Lux): "Que la Santa Cruz sea mi luz"
En línea horizontal de la cruz:
N. D. S. M. D. (Non Dráco Sit Mihi Dux): "Que el demonio no sea mi guía"
Empezando por la parte superior, en el sentido del reloj, y alrededor del borde, aparecen las iniciales de la oración de exorcismo:
V. R. S. (Vade Retro Satána): "Aléjate Satanás"
N. S. M. V. (Non Suáde Mihi Vána): "No me sugieras vanidades"
S. M. Q. L. (Sunt Mála Quae Libas): "Cosas malas son las que tú ofreces."
I. V. B. (Ípse Venéna Bíbas): "Bebe tú mismo tu veneno."
PAX: Paz
Se recita entonces así: "Que La santa Cruz sea mi luz y que el Demonio no sea mi guía. Retírate Satanás. No me sugieras vanidades. Cosas malas son las que tú ofreces. Bebe tú mismo tu veneno. Paz."
Indulgencias y bendiciones de la Medalla de San Benito
La propia Medalla de San Benito en sí, como ya lo explicamos anteriormente no tiene poder en absoluto. Los portadores deben tener cuidado de no caer en actos de superstición.
La Medalla de San Benito es simplemente un signo visible de la devoción interior y la creencia que el fiel tiene a Jesús y su siervo, San Benito y ¡actúa mediante la Fe!
La medalla incluye una indulgencia incondicional a cualquier persona en el momento de la muerte que "use, bese o tenga la Medalla entre las manos con veneración". También se otorga si la persona encomienda su alma a Dios, hace una buena confesión o recibe la Santa Comunión.
Si la persona no puede hacer esto, puede invocar con sus labios el Santo Nombre de Jesús con profundo sentimiento de contrición, o con el corazón si la persona no puede hablar.
Indulgencias plenarias: Si la persona se confiesa, recibe la Eucaristía, ora por el Santo Padre en las grandes fiestas y durante esa semana reza el santo rosario, visita a los enfermos, ayuda a los pobres, enseña la Fe a los niños o participa en la Santa Misa, puede recibir esta indulgencia.
Las grandes fiestas son: Navidad, Epifanía, Pascua de Resurrección, Ascensión, Pentecostés, la Santísima Trinidad, Corpus Christi, La Asunción, La Inmaculada Concepción, el nacimiento de María, todos los Santos y fiesta de San Benito
No porque algunos desconocían este Sacramental y no practiquen su devoción no quiere decir que no tiene Poder, volvemos a recordar que el Poder se lo Confirió Cristo mismo a través de su mandato en (Mt 18,18)
Dios les bendiga.
Pildoras de fe.net.
El poder de la cruz y medalla de San Benito radica en Cristo, quien otorga a la Iglesia y por buena disposición de quién la usa.
Para aquellos que no conocen la Medalla de San Benito, éste es un sacramental reconocido por la Iglesia Católica con gran poder de exorcismo y de liberación de las influencias demoníacas.
Como todo sacramental, su poder está, no porque sea una medalla bonita y bendecida y contenga una oración inscrita en ella; ¡no caigamos en esa superstición!.
El poder de la Medalla de San Benito radica en Cristo mismo, quien le otorga a la Iglesia y por la fervorosa disposición de quién la usa ¡Actúa mediante la Fe!, ¿recuerdas a la hemorroísa que pensando que sólo con tocar el manto de Jesús quedaría sana? ¿Y qué me dices de las personas que eran sanadas y exorcisadas a través de paños o lienzos que habían estado en contacto con San Pablo?
"Y hacía Dios milagros extraordinario por mano de Pablo de tal manera que aún se llevaban a los enfermos los paños o delantales de su cuerpo y las enfermedades se iban de ellos y los espíritus malos salían" (Hechos 19,12)
Recordemos el poder que dejó Cristo sobre sus apóstoles:
"Todo lo que aten en la tierra quedará atado en el Cielo y todo aquello que desaten en el Tierra quedará desatado en el Cielo." (Mt 18,18)...
Eso es un poder que confirió Cristo sobre su Iglesia para que así todo lo que decreten en Favor del rescate de las almas, sea reconocido por Cristo como una buena Obra.
Analizando la medalla de San Benito
¿Observaste alguna vez esta medalla y te preguntaste qué significaban todas esas inscripciones o jeroglíficos? Ok, comencemos:
La parte delantera y trasera están cubiertas con letras que no parecen tener ningún sentido.
En realidad el significado completo de la medalla de San Benito fue un misterio durante muchos años, hasta que un importante descubrimiento se hizo en 1647 en la abadía de Metten en Baviera. Encontraron un manuscrito del año 1415, que explica la simbología inscrita en la medalla.
Significado de la medalla de San Benito
Parte frontal de la medalla de San Benito
San Benito se muestra en el centro de la medalla. En su mano derecha sostiene una cruz. La cruz representa el poder salvador de Cristo y la obra de la evangelización por los benedictinos largo de los siglos. En su mano izquierda es un libro que contiene la Santa Regla de su orden.
A su derecha está una taza rota. Esta copa se decía que había sido envenenada por unos monjes rebeldes que no estaban a gusto con San Benito. La copa se rompió cuando San Benito hizo una señal de la cruz sobre ella y le salvó la vida.
A su izquierda hay un cuervo. El cuervo lleva una hogaza de pan envenenado que los monjes trataron de dar a San Benito.
Por encima de la cabeza son las palabras: Crux Sancti Patris Benedicti (Cruz del Santo Padre Benito). Alrededor del borde son las palabras: Ejus en obitu nostro praesentia muniamus. (Que en nuestra muerte seamos fortalecidos por su presencia).
Debajo de sus pies están las letras: EX SM CASINO MDCCCLXX (Desde santo Monte Cassino, 1880).
Reverso de la medalla de San Benito
La parte trasera de la medalla está dominada por una gran cruz.
En cada uno de los cuatro lados de la cruz:
C. S. P. B. (Crux Sancti Patris Benedicti): "Cruz del Santo Padre Benito"
En línea vertical de la cruz:
C. S. S. M. L. (Crux Sácra Sit Mihi Lux): "Que la Santa Cruz sea mi luz"
En línea horizontal de la cruz:
N. D. S. M. D. (Non Dráco Sit Mihi Dux): "Que el demonio no sea mi guía"
Empezando por la parte superior, en el sentido del reloj, y alrededor del borde, aparecen las iniciales de la oración de exorcismo:
V. R. S. (Vade Retro Satána): "Aléjate Satanás"
N. S. M. V. (Non Suáde Mihi Vána): "No me sugieras vanidades"
S. M. Q. L. (Sunt Mála Quae Libas): "Cosas malas son las que tú ofreces."
I. V. B. (Ípse Venéna Bíbas): "Bebe tú mismo tu veneno."
PAX: Paz
Se recita entonces así: "Que La santa Cruz sea mi luz y que el Demonio no sea mi guía. Retírate Satanás. No me sugieras vanidades. Cosas malas son las que tú ofreces. Bebe tú mismo tu veneno. Paz."
Indulgencias y bendiciones de la Medalla de San Benito
La propia Medalla de San Benito en sí, como ya lo explicamos anteriormente no tiene poder en absoluto. Los portadores deben tener cuidado de no caer en actos de superstición.
La Medalla de San Benito es simplemente un signo visible de la devoción interior y la creencia que el fiel tiene a Jesús y su siervo, San Benito y ¡actúa mediante la Fe!
La medalla incluye una indulgencia incondicional a cualquier persona en el momento de la muerte que "use, bese o tenga la Medalla entre las manos con veneración". También se otorga si la persona encomienda su alma a Dios, hace una buena confesión o recibe la Santa Comunión.
Si la persona no puede hacer esto, puede invocar con sus labios el Santo Nombre de Jesús con profundo sentimiento de contrición, o con el corazón si la persona no puede hablar.
Indulgencias plenarias: Si la persona se confiesa, recibe la Eucaristía, ora por el Santo Padre en las grandes fiestas y durante esa semana reza el santo rosario, visita a los enfermos, ayuda a los pobres, enseña la Fe a los niños o participa en la Santa Misa, puede recibir esta indulgencia.
Las grandes fiestas son: Navidad, Epifanía, Pascua de Resurrección, Ascensión, Pentecostés, la Santísima Trinidad, Corpus Christi, La Asunción, La Inmaculada Concepción, el nacimiento de María, todos los Santos y fiesta de San Benito
No porque algunos desconocían este Sacramental y no practiquen su devoción no quiere decir que no tiene Poder, volvemos a recordar que el Poder se lo Confirió Cristo mismo a través de su mandato en (Mt 18,18)
Dios les bendiga.
Pildoras de fe.net.
miércoles, 22 de agosto de 2018
PURGATORIO Y LAS TREINTA MISAS GREGORIANAS.
PURGATORIO Y LAS TREINTA MISAS GREGORIANAS.
TESTIMONIOS DE LOS SANTOS
TERTULIANO.
En las “Actas del martirio de Santa Felicidad y Perpetua” cuenta lo que le sucedió a Santa Perpetua hacia el año 202. Una noche, mientras estaba en la cárcel, vio a su hermano Dinocrates, que había muerto a los siete años de un tumor en el rostro. Ella dice así: “Vi salir a Dinocrates de un lugar tenebroso, donde estaban encerrados muchos otros que eran atormentados por el calor y la sed. Estaba muy pálido. En el lugar donde estaba mi hermano había una piscina llena de agua, pero tenía una altura superior a un niño y mi hermano no podía beber Comprendí que mi hermano sufría. Por eso, orando con fervor día y noche, pedía que fuera aliviado… Una tarde vi de nuevo a Dinocrates, muy limpio, bien vestido y totalmente restablecido. Su herida del rostro estaba cicatrizada. Ahora sí podía beber del agua de la piscina y bebía con alegría. Cuando se sació, comenzó a jugar con el agua. Me desperté y comprendí que había sido sacado de aquel lugar de sufrimientos” (VII, 3-VIII, 4).
SAN AGUSTÍN.
En el siglo V, afirma: “La Iglesia universal mantiene la tradición de los Padres de que se ore por aquellos que murieron en la comunión del cuerpo y la sangre de Cristo” (Sermo 172, 1). “Opongan los herejes lo que quieran, es un uso antiguo de la Iglesia orar y ofrecer sacrificios por los difuntos” (libro de herejías, cap. 53). Su madre Santa Mónica antes de morir dice: “Sepulten mi cuerpo donde quieran, pero les pido que, dondequiera que estén, se acuerden de mí ante el altar del Señor” (Confesiones IX, 11). Y él dice: “Señor, te pido por los pecados de mi madre” (Conf. IX, 13). “Señor, que todos cuantos lean estas palabras se acuerden ante tu altar de Mónica tu sierva y de Patricio, en otro tiempo su marido, por los cuales no sé cómo me trajiste a este mundo. Que se acuerden con piadoso afecto de quienes fueron mis padres en la tierra… para que lo que mi madre me pidió en el último instante, le sea concedido más abundantemente por las oraciones de muchos, provocadas por estas Confesiones y no por mis solas oraciones” (Conf. IX, 13). Y afirmaba que “el sufrimiento del Purgatorio es mucho más penoso que todo lo que se puede sufrir en este mundo” (In Ps. 37, 3 PL 36).
Algo parecido decía Santa Magdalena de Pazzi, quien pudo una vez contemplar a su hermano difunto y dijo: “Todos los tormentos de los mártires son como un jardín de delicias en comparación de lo que se sufre en el Purgatorio”.
SANTA CATALINA DE GÉNOVA.
Llamada la doctora del Purgatorio, escribió un tratado sobre el Purgatorio, que en 1666 recibió la aprobación de la Universidad de París, y dice que “en el Purgatorio se sufre unos tormentos tan crueles que ni el lenguaje puede expresar ni se puede entender su dimensión.
SAN NICOLÁS DE TOLENTINO.
Que vivió en el siglo XIII, tuvo una experiencia mística que lo hizo patrono de las almas del Purgatorio. Un sábado en la noche, después de prolongada oración, estaba en su lecho, queriendo dormirse, cuando escuchó una voz lastimera que le decía: “Nicolás, Nicolás, mírame si todavía me reconoces. Yo soy tu hermano y compañero Fray Peregrino. Hace largo tiempo que sufro grandes penas en el Purgatorio. Por eso, te pido que ofrezcas mañana por mí la santa misa para verme por fin libre y volar a los cielos… Ven conmigo y mira”. El santo lo siguió y vio una llanura inmensa cubierta de innumerables almas, entre los torbellinos de purificadoras llamas, que le tendían sus manos, llamándolo por su nombre y le pedían ayuda.
Conmocionado por esta visión, Nicolás la refirió al Superior que le dio permiso para aplicar la misa durante varios días por las almas del Purgatorio. A los siete días, se le apareció de nuevo Fray Peregrino, ahora resplandeciente y glorioso, con otras almas para agradecerle y demostrarle la eficacia de sus súplicas. De aquí tiene su origen la devoción del septenario de San Nicolás en favor de las almas del Purgatorio, es decir, mandar celebrar siete días seguidos la misa por las almas del Purgatorio.
SAN GREGORIO MAGNO.
Algo parecido podemos decir de las treinta misas gregorianas. Cuenta el gran Papa y Doctor de la Iglesia San Gregorio Magno (+604) que, siendo todavía abad de un monasterio, antes de ser Papa, había un monje llamado Justo, que ejercía con su permiso la medicina. Una vez, había aceptado sin su permiso una moneda de tres escudos de oro, faltando gravemente así al voto de pobreza. Después se arrepintió y tanto le dolió este pecado que se enfermó y murió al poco tiempo, pero en paz con Dios. Sin embargo, San Gregorio, para inculcar en sus religiosos un gran horror a este pecado, lo hizo sepultar fuera de las tapias del cementerio, en un basural, donde también echó la moneda de oro, haciendo repetir a los religiosos las palabras de San Pedro a Simón mago: “Que tu dinero perezca contigo “. A los pocos días, pensó que quizás había sido demasiado fuerte en su castigo y encargó al ecónomo mandar celebrar treinta misas seguidas, sin dejar ningún día, por el alma del difunto.
El ecónomo obedeció y el mismo día que terminaron de celebrar las treinta misas, se apareció Justo a otro monje, Copioso, diciéndole que subía al cielo, libre de las penas del Purgatorio, por las treinta misas celebradas por él. Estas misas, se llaman ahora, en honor de San Gregorio Magno, misas gregorianas. Estas treinta misas seguidas, celebradas por los difuntos, todavía se acostumbra celebrarlas y, según revelaciones privadas, son muy agradables a Dios.
SAN ESTANISLAO.
El año 1070 sucedió un suceso extraordinario en la vida de San Estanislao, obispo de Cracovia, en Polonia. Un cierto Pedro Miles le había regalado antes de morir algunas tierras de su propiedad para la Iglesia. Sus herederos, conscientes del apoyo del rey a su favor, sobornaron a algunos testigos y consiguieron que el santo fuese condenado a devolver esos terrenos.
Entonces, San Estanislao les dijo que acudiría al difunto, muerto tres años antes, para que diera testimonio de la autenticidad de su donación. Después de tres días de ayuno y oración, se dirigió con el clero y gran cantidad de fieles hacia la tumba de Pedro Miles y ordenó que fuera abierta. Sólo encontraron los huesos y poco más.
Entonces, el santo le pidió al difunto en nombre de Dios que diera testimonio y éste, por milagro de Dios, se levantó de la tumba y dio testimonio ante el príncipe Boleslao, que estaba presente, de la veracidad de su donación. Solamente el difunto le pidió al santo obispo y a todos los presentes que hicieran muchas oraciones por él para estar libre de los sufrimientos que padecía en el Purgatorio. Este hecho, absolutamente histórico, fue atestiguado por muchas personas que lo vieron.
SAN PEDRO DAMIANO (1007-1072).
Cardenal y Doctor de la Iglesia, cuenta que, en su tiempo, era costumbre que los habitantes de Roma visitaran las iglesias con velas encendidas la noche de la Vigilia de la Asunción. Un año sucedió que una noble señora estaba rezando en la basílica “María in Aracæli”, cuando vio delante de sí a una dama que ella conocía bien y que se había muerto hacía un año, se llamaba Marozia y era su madrina de bautismo. Ella le dijo que estaba todavía sumergida en el Purgatorio por los pecados de vanidad de su juventud y que, al día siguiente, iba a ser liberada con muchos miles de almas en la fiesta de la Asunción. Dijo: “Cada año la Virgen María renueva este milagro de misericordia y libera a un número tan grande como la población de Roma (en aquel tiempo de 200.000 habitantes). Nosotras, las almas purgantes, nos acercamos en esta noche a estos santuarios consagrados a Ella. Si pudieras ver verías a una gran multitud que están conmigo. En prueba de la verdad de cuanto te digo, te anuncio que tú morirás de aquí a un año en esta fiesta”. San Pedro Damiano refiere que, ciertamente, esta piadosa mujer murió al año siguiente y que se había preparado bien para ir al cielo el día de la fiesta de María.
Entre los santos que han tenido mucha devoción a las almas benditas está la Beata Sor Ana de los Ángeles y Monteagudo, religiosa dominica peruana del siglo XVI. Cuenta Sor Juana de Santo Domingo que un día tenía hambre y no había nada que comer en el convento. La santa le dijo que le trajera el breviario para rezar juntas a las almas del Purgatorio para que les enviaran alimentos. Pues bien, antes de terminar de rezar el Oficio de difuntos, mandaron llamar a la portería a Sor Ana y ésta le dijo a Sor Juana: “¿No te he dicho que las almas mandarían de comer? Vete tú misma a la portería y recibe lo que traen “. Allí se presentó un joven de buen aspecto que les traía panes, quesos, harina y mantequilla.
SANTA TERESA DE JESÚS (1515-1582).
Hablando de la fundación del convento de Valladolid dice así: “Tratando conmigo un caballero principal, me dijo que si quería hacer un monasterio en Valladolid, que él daría una casa que tenía con una huerta muy buena. A los dos meses, poco más o menos, le dio un mal tan acelerado que le quitó el habla y no se pudo bien confesar aunque tuvo muchas señales de pedir perdón al Señor Muy en breve murió y díjome el Señor que había estado su salvación en harta aventura y que había tenido misericordia de él por aquel servicio que había hecho a su Madre en aquella casa que había dado para hacer un monasterio de su Orden y que no saldría del Purgatorio hasta la primera misa que allí se dijese, que entonces saldría… Estando un día en oración (en Medina del Campo), me dijo el Señor que me diese prisa, que padecía mucho aquella alma… No se pudo hacer tan presto, pero nos dieron la licencia para decir la misa, adonde teníamos para Iglesia y así nos la dijeron… Viniendo el sacerdote adonde habíamos de comulgar, llegando a recibirle, junto al sacerdote se me presentó el caballero que he dicho, con el rostro resplandeciente y alegre. Me agradeció lo que había hecho por él para que saliese del Purgatorio y fuese su alma al cielo… Gran cosa es lo que agrada a nuestro Señor cualquier servicio que se haga a su Madre y grande es su misericordia” (Fundaciones 10).
Veamos otras de sus experiencias: “Había muerto un provincial… Estando pidiendo por él al Señor lo mejor que podía, me pareció salía del profundo de la tierra a mi lado derecho y vile subir al cielo con grandísima alegría. Él era ya bien viejo, mas vile de edad de treinta años y aún menos me pareció, y con resplandor en el rostro” (Vida 38, 26). Otra vez “habíase muerto una monja en casa, hacía poco más de día y medio. Estando diciendo una lección de difuntos, la vi que se iba al cielo. Otra monja también se murió en mi misma casa. Ella, de hasta dieciocho o veinte años siempre había sido enferma y muy sierva de Dios. Estando en las Horas, antes que la enterrasen, harían cuatro horas que era muerta, entendí salir del mismo lugar e irse al cielo” (Vida 38, 29). En otra ocasión, “habíase muerto un hermano de la Compañía de Jesús y estando encomendándole a Dios y oyendo misa de otro Padre de la Compañía por él, dióme un gran recogimiento y vile subir al cielo con mucha gloria y al Señor con él” (Vida 38, 30).
“Un fraile de nuestra Orden (Fray Diego Matías), harto buen fraile, estaba muy mal y estando yo en misa me dio un recogimiento y vi cómo era muerto y subir al cielo sin entrar en el Purgatorio. Yo me espanté que no había entrado en el Purgatorio… De todos los que he visto, ninguno ha dejado de entrar en el Purgatorio, si no es este Padre, el santo Fray Pedro de Alcántara y otro Padre dominico que queda dicho. De algunos ha sido el Señor servido que vea los grados que tienen de gloria. Es grande la diferencia que hay de unos a otros” (Vida 38, 31-32).
SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO.
Otro caso parecido lo cuenta San Alfonso María de Ligorio en su obra “Las glorias de María”. Había una joven, llamada Alejandra, que era pretendida por dos jóvenes. Ambos vinieron un día a las manos y quedaron muertos los dos en medio de la calle. Por haber sido ella la causa de la muerte de los dos jóvenes, sus parientes la degollaron y echaron su cabeza en un pozo. A los pocos días, pasó por allí Santo Domingo de Guzmán e, inspirado por Dios, miró hacia el pozo y dijo: “Alejandra, sal fuera”. Y Alejandra apareció viva, pidiendo confesión. El santo la confesó y le dio la comunión en presencia de mucha gente que pudo atestiguar el hecho. Dice San Alfonso María de Ligorio: “La joven dijo que, cuando le cortaron la cabeza, estaba en pecado mortal, pero la Virgen le había dado esta oportunidad de confesarse, porque había rezado el rosario todos los días. Después de esto, fue su alma al Purgatorio. Al cabo de otros quince días, se apareció al mismo Santo Domingo más hermosa y resplandeciente que el mismo sol y le declaró que uno de los sufragios más eficaces, que tienen las benditas almas del Purgatorio, es el santo rosario. Dicho esto, vio el glorioso Santo Domingo entrar su alma llena de alegría en la mansión de la bienaventuranza eterna“
SANTA MARGARITA MARÍA DE ALACOQUE (1647-1690).
En su Autobiografía, dice que “encontrándome delante del Santísimo Sacramento el día de la fiesta del Corpus Christi se me apareció de repente una persona envuelta en fuego. Su estado lamentable me hizo entender que estaba en el Purgatorio. Me dijo que era el alma de un benedictino que, una vez, me había confesado y dado la comunión. Por esto, el Señor le había concedido el favor de poder dirigirse a mí para conseguir una reducción de sus penas. Me pidió de ofrecer por él por tres meses, todos mis sufrimientos y todas mis acciones. Al fin de los tres meses, lo vi lleno de alegría y de esplendor, cómo iba a gozar de la felicidad eterna y me agradeció diciéndome que velaría sobre mí junto a Dios”.
“Nuestra madre me permitió en favor de las almas del Purgatorio pasar la noche del jueves santo (15 abril 1683) delante del Santísimo Sacramento y allí estuve una parte del tiempo toda como rodeada de estas pobres almas con las que he contraído una estrecha amistad. Me dijo el Señor que Él me ponía a disposición de ellas durante este año para que les hiciere todo el bien que pudiese. Están frecuentemente conmigo y las llamo mis amigas pacientes” (carta 22 a la Madre Saumaise).
“Esta mañana, domingo del Buen pastor (2 de mayo 1683), dos de mis buenas amigas pacientes han venido a decirme adiós en el momento de despertarme y que éste era el día en el que el soberano pastor las recibía en su redil eterno, con más de un millón de otras almas, en cuya compañía marchaban con cánticos de alegría inexplicable. Una es la buena madre Monthoux y la otra mi hermana Juana Catalina Gascon, que me repetía sin cesar estas palabras: El amor triunfa, el amor goza. El amor en Dios se regocija. La otra decía: Qué bienaventurados son los muertos que mueren en el Señor y las religiosas que viven y mueren en la exacta observancia de su Regla… Como yo les rogara que se acordasen de nosotras, me han dicho, al despedirse, que la ingratitud jamás ha entrado en el cielo” (carta XXIII a Madre Saumaise del 2 de mayo de 1683).
“La primera vez que vi a la hermana J.F. después de su muerte me pidió misas y varias otras cosas. Le ofrecí seis meses cuanto hiciera y padeciera y no me han faltado sufrimientos. Me dijo: Hay tres cosas que me hacen sufrir más que todo lo demás. La primera es el voto de obediencia que he observado tan mal, pues no obedecía más que en aquello que me agradaba. La segunda, el voto de pobreza, pues no quería que nada me faltase, proporcionando varios alivios a mi cuerpo… Ah, qué odiosas son a los ojos de Dios las religiosas que quieren tener más de lo que es verdaderamente necesario y que no son completamente pobres. La tercera es la falta de caridad y haber sido causa de desunión y haberla tenido con las otras” (carta 31 a Madre Saumaise del 20-4-1685).
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Luego de haber leído a nuestros Santos benditos procedamos a conocer una manera de aliviar y dar la libertad a estas benditas almas presas en el fuego del Purgatorio, las treinta misas gregorianas, misas que lamentablemente hoy ya no se rezan, hoy ya hasta la Verdadera Misa está casi extinta, es por esto que, si nos encontramos en la posibilidad de hacer rezar estas treinta misas por el alma de nuestros amados difuntos, no perdamos la oportunidad de hacerlo, son pocos los sacerdotes que las rezan, y como veremos que deben ser consecutivas esto hace mucho más difícil el poder llevarlas a cabo en estos tiempos tan faltos de las cosas propias a la verdadera fe y a la verdadera Iglesia.
LAS TREINTA MISAS GREGORIANAS.
Como el Privilegio Sabatino, las Treinta Misas Gregorianas pertenecen a la liberación de las almas del Purgatorio a través de la asistencia de Nuestra Señora.
Inspirado por el Espíritu Santo, el Papa San Gregorio nos dio el privilegio de las Treinta Misas Gregorianas
La práctica de las Treinta Misas Gregorianas fue fundada por el Papa Gregorio Magno en el año 590 dC en el Monasterio de San Andrés en Roma. Él estableció que 30 misas ofrecidas en 30 días consecutivos sin interrupción liberan un alma específica del Purgatorio.
La verificación histórica de la eficacia de las Treinta Misas Gregorianas es impresionante.
Que esta práctica piadosa fue establecida por San Gregorio el Grande habla mucho en su favor. Este Santo no sólo nos dio el Sacramentario gregoriano (que es esencialmente la Misa como siempre se dijo, y se conoció hoy como la Misa Tridentina), sino que también hizo una consolidación de oraciones católicas universales por los muertos.
Las treinta misas gregorianas han sido ampliamente utilizadas en los monasterios benedictinos desde la Edad Media. Sólo las fiestas de Navidad, Pascua y Tridium de Semana Santa, cuando caen entre las treinta Misas, pueden interrumpirlas sin romper el privilegio.
Las misas gregorianas se ofrecen a menudo en un altar privilegiado, aunque no es obligatorio. Cuando se inició la práctica, se limitó únicamente a las misas pronunciadas en el altar del monasterio de San Andrés en Roma, utilizado por San Gregorio cuando era abad de San Andrés. Más tarde, ese mismo privilegio se extendió a otros altares en Roma, y luego en otros lugares. El Papa León XIII declaró que una Misa en un altar privilegiado es equivalente a las Treinta Misas Gregorianas.
Las treinta misas gregorianas caen en desuso.
En su artículo sobre las Treinta Misas Gregorianas, p. Stephen Somerville responde a la pregunta de por qué esta práctica se interrumpió después del Vaticano II. Él no cree que fue puesto a un lado por razones prácticas. Mas bien, afirma:
“El ecumenismo probablemente funciona para hacer discreto o para interrumpir la práctica de las Treinta Misas. Es un atrevido y enfático recordatorio de la doctrina del Purgatorio y de la importancia de las oraciones y las misas para los fieles difuntos están fuera de la creencia protestante, y por lo tanto son aptos para levantar los castigos protestantes”.
La mayoría de los jóvenes sacerdotes ni siquiera saben lo que son las Treinta Misas Gregorianas.
Hoy en día, encontrar sacerdotes o monasterios para decir las treinta misas seguidas puede ser difícil, pero es posible (haga clic aquí y aquí ).
Preguntas:
¿Garantizan ciertamente la liberación del alma (en cuestión) del Purgatorio?
¿Por qué se ha suspendido esta práctica?
¿Dónde podemos tener las Misas Gregorianas?
Hay una respuesta breve posible a todas estas preguntas. Pero la primera pregunta, acerca de la eficacia garantizada de estas misas, plantea muchas más preguntas sobre la práctica, especialmente su origen. A su vez, el origen nos dice mucho acerca de la creencia y la piedad católica, y la influencia de ese sorprendente Papa santo, Gregorio el Grande (d. 604).
Primero, permítanme ofrecer algunos hechos acerca de los Treinta Gregorianos, como se les llama, para los lectores que no estén familiarizados con la práctica.
Las misas gregorianas son una práctica fundada por el Papa Gregorio Magno que se convirtió en una tradición en los monasterios benedictinos: Si se ofrecen 30 misas durante 30 días consecutivos sin interrupción para un alma específica en el Purgatorio, se cree que el alma saldrá del Purgatorio y entrará Cielo. Estas misas pueden ofrecerse solamente para los difuntos.
La historia se remonta al año 590 dC en el Monasterio de San Andrés en Roma, fundado por San Gregorio Magno en su propia casa familiar alrededor de 570.
Después de su elección como Papa en 590, uno de los monjes, Justus por su nombre, se enfermó. Así que admitió a un amigo laico, Copiosus, que había ocultado tres piezas de oro entre sus medicamentos años antes, cuando fue profesado monje. Ambos, de hecho, eran ex médicos. Y, por supuesto, los otros monjes encontraron el oro cuando buscaban la medicación para Justus.
El monje fundador, ahora el papa Gregorio, oyendo hablar de este escandaloso pecado contra la Santa Pobreza, llamó al abad de su amado monasterio, y ordenó el castigo de aislamiento de Justus, aunque estaba muriendo, y ordenó su entierro no en el cementerio sino en el basurero. Copiosus dijo a su miserable amigo de esta decisión. Además, la comunidad debía recitar sobre su terrible tumba las palabras de San Pedro a Simón el Mago: “Que tu dinero perezca contigo” (Hechos 8: 20).
El resultado deseado del Papa fue alcanzado: Justus hizo un arrepentimiento serio, y todos los monjes un examen serio de la conciencia. Justo entonces murió, pero el asunto no lo hizo; treinta días más tarde el Papa Gregorio regresó al monasterio lleno de preocupación por Justo, que ahora estaría sufriendo el severo castigo temporal del fuego del Purgatorio por sus pecados. -Debemos -dijo Gregorio al abad- venir con la caridad en su ayuda y, en la medida de lo posible, ayudarle a escapar de este castigo. Vayan y arreglen treinta misas para su alma, de modo que por treinta días consecutivos la Víctima del Salvador sea inmolada para él sin falta. “Y así fue hecho.
Algunos días más tarde, Justus apareció en una visión a su amigo Copiosus y dijo: “Acabo de recibir el perdón de la Comunión y la liberación del Purgatorio a causa de las misas dichas para mí”. Los monjes hicieron un cálculo y señalaron que era exactamente treinta días desde que comenzaron las Treinta Masas para Justus. Compartieron este gran consuelo entre ellos, con su Abad y con el Papa Gregorio, cuya autoridad personal garantiza su verdad, pues él escribió la cuenta completa de ella en su Libro de Diálogos, que llegó a ser muy popular.
Una tradición aprobada, pero no oficial
¿Es entonces la práctica de las Treinta Misas Gregorianas oficialmente garantizadas por la Iglesia para rescatar el alma dada del Purgatorio al Cielo? Por lo que se sabe, no, no están oficialmente garantizadas, porque aunque tenemos aquí una práctica aprobada por la Iglesia, no es una institución en la que la Iglesia comprometa su autoridad oficial. El caso de Justus es una historia consoladora, pero depende de una visión a Copiosus, que está en la categoría de revelación privada, digna de nuestra confianza tal vez, pero no igual a una visión de San José de Gabriel, por ejemplo.
Sin embargo, junto con Copiosus, un buen médico católico, también tenemos a San Gregorio Magno actuando una escena llamativa de su poderoso, bendito e inspirador papel en la Santa Iglesia. Ha ayudado a consolidar el hábito católico de oraciones por los difuntos. Durante siglos después de su muerte, las Treinta Gregorianas parecen haber sido ampliamente observadas en los monasterios benedictinos. Un monje de Cluny (d 1093) registra este hecho, y sólo los “cinco grandes” días se les permite interrumpir los treinta: Son Navidad, Semana Santa y el Triduo de la Semana Santa.
Misas sobre altares privilegiados.
El altar del Papa Gregorio Magno, un altar privilegiado en la Capilla de la Clementina
La piedad católica ha añadido otros detalles a esta práctica de las misas gregorianas sin obligación estricta, como el uso de un “altar privilegiado” en una iglesia particular, y la elección de la Misa de Requiem para los Muertos cuando lo permiten las rúbricas.
En cuanto al “altar privilegiado”, mencionado anteriormente, se convirtió en el título del altar habitualmente usado por San Gregorio para la misa cuando era abad en San Andrés.
Este mismo privilegio llegó a extenderse a otros altares, primero en Roma, luego en otros lugares. Tal “altar privilegiado” ad instar[como el original] requirió sólo una misa para que un alma difunta fuera liberada de los dolores del Purgatorio. Bajo el cargo del Papa León XIII, el Vaticano declaró “piadoso y lícito” mantener tal creencia: es decir, la convicción de que el mismo beneficio de las Treinta Misas gregorianas podría ser obtenido de una Misa única en dicho altar, privilegiada para invocar una indulgencia plenaria (remisión de todo castigo temporal por los pecados) por el alma por la cual se ofrece la Misa allí.
Varias otras preguntas han surgido a lo largo de los años y las edades con respecto a las treinta misas gregorianas.
Por ejemplo, un cambio de sacerdotes o de altar durante los treinta días no está prohibido.
Además, las misas y las oraciones pueden ser ofrecidas públicamente por la misma alma incluso mucho después de que el Treinta haya terminado, y de hecho, la piedad católica se inclina espontáneamente a hacerlo.
La persistencia de la creencia en el Purgatorio y de las oraciones y sacrificios por los difuntos permanece hoy en día, muy a favor de ese notable Papa Gregorio Magno catorce siglos después de su muerte.
¿Por qué se interrumpieron?
San Gregorio el Grande ayudó a establecer la disciplina monástica -Sacro Speco, Italia
Ahora, permítanme pasar a la pregunta 2: ¿Por qué se ha suspendido esta práctica? Evidentemente, la práctica no está totalmente descontinuada.
El número de párrocos disponibles y buenos se ha reducido mucho hoy en día “, y esto complica la treintena que debe ser rezada sin interrupción.
¿Dónde se puede decir?
Esto nos lleva a la pregunta 3: ¿Dónde podemos tener las Misas Gregorianas? Y la respuesta es, cualquier sacerdote válidamente ordenado, disponible y dispuesto, cuyo cronograma de misas no está demasiado cargado.
En el pasado, los sacerdotes de los monasterios contemplativos a menudo aceptaban peticiones para decir las Treinta Misas gregorianas.
Al igual que el Privilegio Sabatino, las Treinta Misas Gregorianas son una larga tradición de la Iglesia que ofrece alivio a las almas del Purgatorio. Como católicos fieles al Magisterio de la Iglesia, debemos hacer todo lo posible para ayudar a las Almas Pobres, especialmente a las de nuestras familias y amigos.
El Señor les conceda el descanso eterno, y brille sobre ellos la luz perpetua. Que descansen en paz. Amén.
Fuentes:
http://www.traditioninaction.org/religious/d026_Sabbatine.htm
http://www.traditioninaction.org/religious/d014rp30Gregorian_Somerville.html
Radio Cristiandad.
TESTIMONIOS DE LOS SANTOS
TERTULIANO.
En las “Actas del martirio de Santa Felicidad y Perpetua” cuenta lo que le sucedió a Santa Perpetua hacia el año 202. Una noche, mientras estaba en la cárcel, vio a su hermano Dinocrates, que había muerto a los siete años de un tumor en el rostro. Ella dice así: “Vi salir a Dinocrates de un lugar tenebroso, donde estaban encerrados muchos otros que eran atormentados por el calor y la sed. Estaba muy pálido. En el lugar donde estaba mi hermano había una piscina llena de agua, pero tenía una altura superior a un niño y mi hermano no podía beber Comprendí que mi hermano sufría. Por eso, orando con fervor día y noche, pedía que fuera aliviado… Una tarde vi de nuevo a Dinocrates, muy limpio, bien vestido y totalmente restablecido. Su herida del rostro estaba cicatrizada. Ahora sí podía beber del agua de la piscina y bebía con alegría. Cuando se sació, comenzó a jugar con el agua. Me desperté y comprendí que había sido sacado de aquel lugar de sufrimientos” (VII, 3-VIII, 4).
SAN AGUSTÍN.
En el siglo V, afirma: “La Iglesia universal mantiene la tradición de los Padres de que se ore por aquellos que murieron en la comunión del cuerpo y la sangre de Cristo” (Sermo 172, 1). “Opongan los herejes lo que quieran, es un uso antiguo de la Iglesia orar y ofrecer sacrificios por los difuntos” (libro de herejías, cap. 53). Su madre Santa Mónica antes de morir dice: “Sepulten mi cuerpo donde quieran, pero les pido que, dondequiera que estén, se acuerden de mí ante el altar del Señor” (Confesiones IX, 11). Y él dice: “Señor, te pido por los pecados de mi madre” (Conf. IX, 13). “Señor, que todos cuantos lean estas palabras se acuerden ante tu altar de Mónica tu sierva y de Patricio, en otro tiempo su marido, por los cuales no sé cómo me trajiste a este mundo. Que se acuerden con piadoso afecto de quienes fueron mis padres en la tierra… para que lo que mi madre me pidió en el último instante, le sea concedido más abundantemente por las oraciones de muchos, provocadas por estas Confesiones y no por mis solas oraciones” (Conf. IX, 13). Y afirmaba que “el sufrimiento del Purgatorio es mucho más penoso que todo lo que se puede sufrir en este mundo” (In Ps. 37, 3 PL 36).
Algo parecido decía Santa Magdalena de Pazzi, quien pudo una vez contemplar a su hermano difunto y dijo: “Todos los tormentos de los mártires son como un jardín de delicias en comparación de lo que se sufre en el Purgatorio”.
SANTA CATALINA DE GÉNOVA.
Llamada la doctora del Purgatorio, escribió un tratado sobre el Purgatorio, que en 1666 recibió la aprobación de la Universidad de París, y dice que “en el Purgatorio se sufre unos tormentos tan crueles que ni el lenguaje puede expresar ni se puede entender su dimensión.
SAN NICOLÁS DE TOLENTINO.
Que vivió en el siglo XIII, tuvo una experiencia mística que lo hizo patrono de las almas del Purgatorio. Un sábado en la noche, después de prolongada oración, estaba en su lecho, queriendo dormirse, cuando escuchó una voz lastimera que le decía: “Nicolás, Nicolás, mírame si todavía me reconoces. Yo soy tu hermano y compañero Fray Peregrino. Hace largo tiempo que sufro grandes penas en el Purgatorio. Por eso, te pido que ofrezcas mañana por mí la santa misa para verme por fin libre y volar a los cielos… Ven conmigo y mira”. El santo lo siguió y vio una llanura inmensa cubierta de innumerables almas, entre los torbellinos de purificadoras llamas, que le tendían sus manos, llamándolo por su nombre y le pedían ayuda.
Conmocionado por esta visión, Nicolás la refirió al Superior que le dio permiso para aplicar la misa durante varios días por las almas del Purgatorio. A los siete días, se le apareció de nuevo Fray Peregrino, ahora resplandeciente y glorioso, con otras almas para agradecerle y demostrarle la eficacia de sus súplicas. De aquí tiene su origen la devoción del septenario de San Nicolás en favor de las almas del Purgatorio, es decir, mandar celebrar siete días seguidos la misa por las almas del Purgatorio.
SAN GREGORIO MAGNO.
Algo parecido podemos decir de las treinta misas gregorianas. Cuenta el gran Papa y Doctor de la Iglesia San Gregorio Magno (+604) que, siendo todavía abad de un monasterio, antes de ser Papa, había un monje llamado Justo, que ejercía con su permiso la medicina. Una vez, había aceptado sin su permiso una moneda de tres escudos de oro, faltando gravemente así al voto de pobreza. Después se arrepintió y tanto le dolió este pecado que se enfermó y murió al poco tiempo, pero en paz con Dios. Sin embargo, San Gregorio, para inculcar en sus religiosos un gran horror a este pecado, lo hizo sepultar fuera de las tapias del cementerio, en un basural, donde también echó la moneda de oro, haciendo repetir a los religiosos las palabras de San Pedro a Simón mago: “Que tu dinero perezca contigo “. A los pocos días, pensó que quizás había sido demasiado fuerte en su castigo y encargó al ecónomo mandar celebrar treinta misas seguidas, sin dejar ningún día, por el alma del difunto.
El ecónomo obedeció y el mismo día que terminaron de celebrar las treinta misas, se apareció Justo a otro monje, Copioso, diciéndole que subía al cielo, libre de las penas del Purgatorio, por las treinta misas celebradas por él. Estas misas, se llaman ahora, en honor de San Gregorio Magno, misas gregorianas. Estas treinta misas seguidas, celebradas por los difuntos, todavía se acostumbra celebrarlas y, según revelaciones privadas, son muy agradables a Dios.
SAN ESTANISLAO.
El año 1070 sucedió un suceso extraordinario en la vida de San Estanislao, obispo de Cracovia, en Polonia. Un cierto Pedro Miles le había regalado antes de morir algunas tierras de su propiedad para la Iglesia. Sus herederos, conscientes del apoyo del rey a su favor, sobornaron a algunos testigos y consiguieron que el santo fuese condenado a devolver esos terrenos.
Entonces, San Estanislao les dijo que acudiría al difunto, muerto tres años antes, para que diera testimonio de la autenticidad de su donación. Después de tres días de ayuno y oración, se dirigió con el clero y gran cantidad de fieles hacia la tumba de Pedro Miles y ordenó que fuera abierta. Sólo encontraron los huesos y poco más.
Entonces, el santo le pidió al difunto en nombre de Dios que diera testimonio y éste, por milagro de Dios, se levantó de la tumba y dio testimonio ante el príncipe Boleslao, que estaba presente, de la veracidad de su donación. Solamente el difunto le pidió al santo obispo y a todos los presentes que hicieran muchas oraciones por él para estar libre de los sufrimientos que padecía en el Purgatorio. Este hecho, absolutamente histórico, fue atestiguado por muchas personas que lo vieron.
SAN PEDRO DAMIANO (1007-1072).
Cardenal y Doctor de la Iglesia, cuenta que, en su tiempo, era costumbre que los habitantes de Roma visitaran las iglesias con velas encendidas la noche de la Vigilia de la Asunción. Un año sucedió que una noble señora estaba rezando en la basílica “María in Aracæli”, cuando vio delante de sí a una dama que ella conocía bien y que se había muerto hacía un año, se llamaba Marozia y era su madrina de bautismo. Ella le dijo que estaba todavía sumergida en el Purgatorio por los pecados de vanidad de su juventud y que, al día siguiente, iba a ser liberada con muchos miles de almas en la fiesta de la Asunción. Dijo: “Cada año la Virgen María renueva este milagro de misericordia y libera a un número tan grande como la población de Roma (en aquel tiempo de 200.000 habitantes). Nosotras, las almas purgantes, nos acercamos en esta noche a estos santuarios consagrados a Ella. Si pudieras ver verías a una gran multitud que están conmigo. En prueba de la verdad de cuanto te digo, te anuncio que tú morirás de aquí a un año en esta fiesta”. San Pedro Damiano refiere que, ciertamente, esta piadosa mujer murió al año siguiente y que se había preparado bien para ir al cielo el día de la fiesta de María.
Entre los santos que han tenido mucha devoción a las almas benditas está la Beata Sor Ana de los Ángeles y Monteagudo, religiosa dominica peruana del siglo XVI. Cuenta Sor Juana de Santo Domingo que un día tenía hambre y no había nada que comer en el convento. La santa le dijo que le trajera el breviario para rezar juntas a las almas del Purgatorio para que les enviaran alimentos. Pues bien, antes de terminar de rezar el Oficio de difuntos, mandaron llamar a la portería a Sor Ana y ésta le dijo a Sor Juana: “¿No te he dicho que las almas mandarían de comer? Vete tú misma a la portería y recibe lo que traen “. Allí se presentó un joven de buen aspecto que les traía panes, quesos, harina y mantequilla.
SANTA TERESA DE JESÚS (1515-1582).
Hablando de la fundación del convento de Valladolid dice así: “Tratando conmigo un caballero principal, me dijo que si quería hacer un monasterio en Valladolid, que él daría una casa que tenía con una huerta muy buena. A los dos meses, poco más o menos, le dio un mal tan acelerado que le quitó el habla y no se pudo bien confesar aunque tuvo muchas señales de pedir perdón al Señor Muy en breve murió y díjome el Señor que había estado su salvación en harta aventura y que había tenido misericordia de él por aquel servicio que había hecho a su Madre en aquella casa que había dado para hacer un monasterio de su Orden y que no saldría del Purgatorio hasta la primera misa que allí se dijese, que entonces saldría… Estando un día en oración (en Medina del Campo), me dijo el Señor que me diese prisa, que padecía mucho aquella alma… No se pudo hacer tan presto, pero nos dieron la licencia para decir la misa, adonde teníamos para Iglesia y así nos la dijeron… Viniendo el sacerdote adonde habíamos de comulgar, llegando a recibirle, junto al sacerdote se me presentó el caballero que he dicho, con el rostro resplandeciente y alegre. Me agradeció lo que había hecho por él para que saliese del Purgatorio y fuese su alma al cielo… Gran cosa es lo que agrada a nuestro Señor cualquier servicio que se haga a su Madre y grande es su misericordia” (Fundaciones 10).
Veamos otras de sus experiencias: “Había muerto un provincial… Estando pidiendo por él al Señor lo mejor que podía, me pareció salía del profundo de la tierra a mi lado derecho y vile subir al cielo con grandísima alegría. Él era ya bien viejo, mas vile de edad de treinta años y aún menos me pareció, y con resplandor en el rostro” (Vida 38, 26). Otra vez “habíase muerto una monja en casa, hacía poco más de día y medio. Estando diciendo una lección de difuntos, la vi que se iba al cielo. Otra monja también se murió en mi misma casa. Ella, de hasta dieciocho o veinte años siempre había sido enferma y muy sierva de Dios. Estando en las Horas, antes que la enterrasen, harían cuatro horas que era muerta, entendí salir del mismo lugar e irse al cielo” (Vida 38, 29). En otra ocasión, “habíase muerto un hermano de la Compañía de Jesús y estando encomendándole a Dios y oyendo misa de otro Padre de la Compañía por él, dióme un gran recogimiento y vile subir al cielo con mucha gloria y al Señor con él” (Vida 38, 30).
“Un fraile de nuestra Orden (Fray Diego Matías), harto buen fraile, estaba muy mal y estando yo en misa me dio un recogimiento y vi cómo era muerto y subir al cielo sin entrar en el Purgatorio. Yo me espanté que no había entrado en el Purgatorio… De todos los que he visto, ninguno ha dejado de entrar en el Purgatorio, si no es este Padre, el santo Fray Pedro de Alcántara y otro Padre dominico que queda dicho. De algunos ha sido el Señor servido que vea los grados que tienen de gloria. Es grande la diferencia que hay de unos a otros” (Vida 38, 31-32).
SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO.
Otro caso parecido lo cuenta San Alfonso María de Ligorio en su obra “Las glorias de María”. Había una joven, llamada Alejandra, que era pretendida por dos jóvenes. Ambos vinieron un día a las manos y quedaron muertos los dos en medio de la calle. Por haber sido ella la causa de la muerte de los dos jóvenes, sus parientes la degollaron y echaron su cabeza en un pozo. A los pocos días, pasó por allí Santo Domingo de Guzmán e, inspirado por Dios, miró hacia el pozo y dijo: “Alejandra, sal fuera”. Y Alejandra apareció viva, pidiendo confesión. El santo la confesó y le dio la comunión en presencia de mucha gente que pudo atestiguar el hecho. Dice San Alfonso María de Ligorio: “La joven dijo que, cuando le cortaron la cabeza, estaba en pecado mortal, pero la Virgen le había dado esta oportunidad de confesarse, porque había rezado el rosario todos los días. Después de esto, fue su alma al Purgatorio. Al cabo de otros quince días, se apareció al mismo Santo Domingo más hermosa y resplandeciente que el mismo sol y le declaró que uno de los sufragios más eficaces, que tienen las benditas almas del Purgatorio, es el santo rosario. Dicho esto, vio el glorioso Santo Domingo entrar su alma llena de alegría en la mansión de la bienaventuranza eterna“
SANTA MARGARITA MARÍA DE ALACOQUE (1647-1690).
En su Autobiografía, dice que “encontrándome delante del Santísimo Sacramento el día de la fiesta del Corpus Christi se me apareció de repente una persona envuelta en fuego. Su estado lamentable me hizo entender que estaba en el Purgatorio. Me dijo que era el alma de un benedictino que, una vez, me había confesado y dado la comunión. Por esto, el Señor le había concedido el favor de poder dirigirse a mí para conseguir una reducción de sus penas. Me pidió de ofrecer por él por tres meses, todos mis sufrimientos y todas mis acciones. Al fin de los tres meses, lo vi lleno de alegría y de esplendor, cómo iba a gozar de la felicidad eterna y me agradeció diciéndome que velaría sobre mí junto a Dios”.
“Nuestra madre me permitió en favor de las almas del Purgatorio pasar la noche del jueves santo (15 abril 1683) delante del Santísimo Sacramento y allí estuve una parte del tiempo toda como rodeada de estas pobres almas con las que he contraído una estrecha amistad. Me dijo el Señor que Él me ponía a disposición de ellas durante este año para que les hiciere todo el bien que pudiese. Están frecuentemente conmigo y las llamo mis amigas pacientes” (carta 22 a la Madre Saumaise).
“Esta mañana, domingo del Buen pastor (2 de mayo 1683), dos de mis buenas amigas pacientes han venido a decirme adiós en el momento de despertarme y que éste era el día en el que el soberano pastor las recibía en su redil eterno, con más de un millón de otras almas, en cuya compañía marchaban con cánticos de alegría inexplicable. Una es la buena madre Monthoux y la otra mi hermana Juana Catalina Gascon, que me repetía sin cesar estas palabras: El amor triunfa, el amor goza. El amor en Dios se regocija. La otra decía: Qué bienaventurados son los muertos que mueren en el Señor y las religiosas que viven y mueren en la exacta observancia de su Regla… Como yo les rogara que se acordasen de nosotras, me han dicho, al despedirse, que la ingratitud jamás ha entrado en el cielo” (carta XXIII a Madre Saumaise del 2 de mayo de 1683).
“La primera vez que vi a la hermana J.F. después de su muerte me pidió misas y varias otras cosas. Le ofrecí seis meses cuanto hiciera y padeciera y no me han faltado sufrimientos. Me dijo: Hay tres cosas que me hacen sufrir más que todo lo demás. La primera es el voto de obediencia que he observado tan mal, pues no obedecía más que en aquello que me agradaba. La segunda, el voto de pobreza, pues no quería que nada me faltase, proporcionando varios alivios a mi cuerpo… Ah, qué odiosas son a los ojos de Dios las religiosas que quieren tener más de lo que es verdaderamente necesario y que no son completamente pobres. La tercera es la falta de caridad y haber sido causa de desunión y haberla tenido con las otras” (carta 31 a Madre Saumaise del 20-4-1685).
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Luego de haber leído a nuestros Santos benditos procedamos a conocer una manera de aliviar y dar la libertad a estas benditas almas presas en el fuego del Purgatorio, las treinta misas gregorianas, misas que lamentablemente hoy ya no se rezan, hoy ya hasta la Verdadera Misa está casi extinta, es por esto que, si nos encontramos en la posibilidad de hacer rezar estas treinta misas por el alma de nuestros amados difuntos, no perdamos la oportunidad de hacerlo, son pocos los sacerdotes que las rezan, y como veremos que deben ser consecutivas esto hace mucho más difícil el poder llevarlas a cabo en estos tiempos tan faltos de las cosas propias a la verdadera fe y a la verdadera Iglesia.
LAS TREINTA MISAS GREGORIANAS.
Como el Privilegio Sabatino, las Treinta Misas Gregorianas pertenecen a la liberación de las almas del Purgatorio a través de la asistencia de Nuestra Señora.
Inspirado por el Espíritu Santo, el Papa San Gregorio nos dio el privilegio de las Treinta Misas Gregorianas
La práctica de las Treinta Misas Gregorianas fue fundada por el Papa Gregorio Magno en el año 590 dC en el Monasterio de San Andrés en Roma. Él estableció que 30 misas ofrecidas en 30 días consecutivos sin interrupción liberan un alma específica del Purgatorio.
La verificación histórica de la eficacia de las Treinta Misas Gregorianas es impresionante.
Que esta práctica piadosa fue establecida por San Gregorio el Grande habla mucho en su favor. Este Santo no sólo nos dio el Sacramentario gregoriano (que es esencialmente la Misa como siempre se dijo, y se conoció hoy como la Misa Tridentina), sino que también hizo una consolidación de oraciones católicas universales por los muertos.
Las treinta misas gregorianas han sido ampliamente utilizadas en los monasterios benedictinos desde la Edad Media. Sólo las fiestas de Navidad, Pascua y Tridium de Semana Santa, cuando caen entre las treinta Misas, pueden interrumpirlas sin romper el privilegio.
Las misas gregorianas se ofrecen a menudo en un altar privilegiado, aunque no es obligatorio. Cuando se inició la práctica, se limitó únicamente a las misas pronunciadas en el altar del monasterio de San Andrés en Roma, utilizado por San Gregorio cuando era abad de San Andrés. Más tarde, ese mismo privilegio se extendió a otros altares en Roma, y luego en otros lugares. El Papa León XIII declaró que una Misa en un altar privilegiado es equivalente a las Treinta Misas Gregorianas.
Las treinta misas gregorianas caen en desuso.
En su artículo sobre las Treinta Misas Gregorianas, p. Stephen Somerville responde a la pregunta de por qué esta práctica se interrumpió después del Vaticano II. Él no cree que fue puesto a un lado por razones prácticas. Mas bien, afirma:
“El ecumenismo probablemente funciona para hacer discreto o para interrumpir la práctica de las Treinta Misas. Es un atrevido y enfático recordatorio de la doctrina del Purgatorio y de la importancia de las oraciones y las misas para los fieles difuntos están fuera de la creencia protestante, y por lo tanto son aptos para levantar los castigos protestantes”.
La mayoría de los jóvenes sacerdotes ni siquiera saben lo que son las Treinta Misas Gregorianas.
Hoy en día, encontrar sacerdotes o monasterios para decir las treinta misas seguidas puede ser difícil, pero es posible (haga clic aquí y aquí ).
Preguntas:
¿Garantizan ciertamente la liberación del alma (en cuestión) del Purgatorio?
¿Por qué se ha suspendido esta práctica?
¿Dónde podemos tener las Misas Gregorianas?
Hay una respuesta breve posible a todas estas preguntas. Pero la primera pregunta, acerca de la eficacia garantizada de estas misas, plantea muchas más preguntas sobre la práctica, especialmente su origen. A su vez, el origen nos dice mucho acerca de la creencia y la piedad católica, y la influencia de ese sorprendente Papa santo, Gregorio el Grande (d. 604).
Primero, permítanme ofrecer algunos hechos acerca de los Treinta Gregorianos, como se les llama, para los lectores que no estén familiarizados con la práctica.
Las misas gregorianas son una práctica fundada por el Papa Gregorio Magno que se convirtió en una tradición en los monasterios benedictinos: Si se ofrecen 30 misas durante 30 días consecutivos sin interrupción para un alma específica en el Purgatorio, se cree que el alma saldrá del Purgatorio y entrará Cielo. Estas misas pueden ofrecerse solamente para los difuntos.
La historia se remonta al año 590 dC en el Monasterio de San Andrés en Roma, fundado por San Gregorio Magno en su propia casa familiar alrededor de 570.
Después de su elección como Papa en 590, uno de los monjes, Justus por su nombre, se enfermó. Así que admitió a un amigo laico, Copiosus, que había ocultado tres piezas de oro entre sus medicamentos años antes, cuando fue profesado monje. Ambos, de hecho, eran ex médicos. Y, por supuesto, los otros monjes encontraron el oro cuando buscaban la medicación para Justus.
El monje fundador, ahora el papa Gregorio, oyendo hablar de este escandaloso pecado contra la Santa Pobreza, llamó al abad de su amado monasterio, y ordenó el castigo de aislamiento de Justus, aunque estaba muriendo, y ordenó su entierro no en el cementerio sino en el basurero. Copiosus dijo a su miserable amigo de esta decisión. Además, la comunidad debía recitar sobre su terrible tumba las palabras de San Pedro a Simón el Mago: “Que tu dinero perezca contigo” (Hechos 8: 20).
El resultado deseado del Papa fue alcanzado: Justus hizo un arrepentimiento serio, y todos los monjes un examen serio de la conciencia. Justo entonces murió, pero el asunto no lo hizo; treinta días más tarde el Papa Gregorio regresó al monasterio lleno de preocupación por Justo, que ahora estaría sufriendo el severo castigo temporal del fuego del Purgatorio por sus pecados. -Debemos -dijo Gregorio al abad- venir con la caridad en su ayuda y, en la medida de lo posible, ayudarle a escapar de este castigo. Vayan y arreglen treinta misas para su alma, de modo que por treinta días consecutivos la Víctima del Salvador sea inmolada para él sin falta. “Y así fue hecho.
Algunos días más tarde, Justus apareció en una visión a su amigo Copiosus y dijo: “Acabo de recibir el perdón de la Comunión y la liberación del Purgatorio a causa de las misas dichas para mí”. Los monjes hicieron un cálculo y señalaron que era exactamente treinta días desde que comenzaron las Treinta Masas para Justus. Compartieron este gran consuelo entre ellos, con su Abad y con el Papa Gregorio, cuya autoridad personal garantiza su verdad, pues él escribió la cuenta completa de ella en su Libro de Diálogos, que llegó a ser muy popular.
Una tradición aprobada, pero no oficial
¿Es entonces la práctica de las Treinta Misas Gregorianas oficialmente garantizadas por la Iglesia para rescatar el alma dada del Purgatorio al Cielo? Por lo que se sabe, no, no están oficialmente garantizadas, porque aunque tenemos aquí una práctica aprobada por la Iglesia, no es una institución en la que la Iglesia comprometa su autoridad oficial. El caso de Justus es una historia consoladora, pero depende de una visión a Copiosus, que está en la categoría de revelación privada, digna de nuestra confianza tal vez, pero no igual a una visión de San José de Gabriel, por ejemplo.
Sin embargo, junto con Copiosus, un buen médico católico, también tenemos a San Gregorio Magno actuando una escena llamativa de su poderoso, bendito e inspirador papel en la Santa Iglesia. Ha ayudado a consolidar el hábito católico de oraciones por los difuntos. Durante siglos después de su muerte, las Treinta Gregorianas parecen haber sido ampliamente observadas en los monasterios benedictinos. Un monje de Cluny (d 1093) registra este hecho, y sólo los “cinco grandes” días se les permite interrumpir los treinta: Son Navidad, Semana Santa y el Triduo de la Semana Santa.
Misas sobre altares privilegiados.
El altar del Papa Gregorio Magno, un altar privilegiado en la Capilla de la Clementina
La piedad católica ha añadido otros detalles a esta práctica de las misas gregorianas sin obligación estricta, como el uso de un “altar privilegiado” en una iglesia particular, y la elección de la Misa de Requiem para los Muertos cuando lo permiten las rúbricas.
En cuanto al “altar privilegiado”, mencionado anteriormente, se convirtió en el título del altar habitualmente usado por San Gregorio para la misa cuando era abad en San Andrés.
Este mismo privilegio llegó a extenderse a otros altares, primero en Roma, luego en otros lugares. Tal “altar privilegiado” ad instar[como el original] requirió sólo una misa para que un alma difunta fuera liberada de los dolores del Purgatorio. Bajo el cargo del Papa León XIII, el Vaticano declaró “piadoso y lícito” mantener tal creencia: es decir, la convicción de que el mismo beneficio de las Treinta Misas gregorianas podría ser obtenido de una Misa única en dicho altar, privilegiada para invocar una indulgencia plenaria (remisión de todo castigo temporal por los pecados) por el alma por la cual se ofrece la Misa allí.
Varias otras preguntas han surgido a lo largo de los años y las edades con respecto a las treinta misas gregorianas.
Por ejemplo, un cambio de sacerdotes o de altar durante los treinta días no está prohibido.
Además, las misas y las oraciones pueden ser ofrecidas públicamente por la misma alma incluso mucho después de que el Treinta haya terminado, y de hecho, la piedad católica se inclina espontáneamente a hacerlo.
La persistencia de la creencia en el Purgatorio y de las oraciones y sacrificios por los difuntos permanece hoy en día, muy a favor de ese notable Papa Gregorio Magno catorce siglos después de su muerte.
¿Por qué se interrumpieron?
San Gregorio el Grande ayudó a establecer la disciplina monástica -Sacro Speco, Italia
Ahora, permítanme pasar a la pregunta 2: ¿Por qué se ha suspendido esta práctica? Evidentemente, la práctica no está totalmente descontinuada.
El número de párrocos disponibles y buenos se ha reducido mucho hoy en día “, y esto complica la treintena que debe ser rezada sin interrupción.
¿Dónde se puede decir?
Esto nos lleva a la pregunta 3: ¿Dónde podemos tener las Misas Gregorianas? Y la respuesta es, cualquier sacerdote válidamente ordenado, disponible y dispuesto, cuyo cronograma de misas no está demasiado cargado.
En el pasado, los sacerdotes de los monasterios contemplativos a menudo aceptaban peticiones para decir las Treinta Misas gregorianas.
Al igual que el Privilegio Sabatino, las Treinta Misas Gregorianas son una larga tradición de la Iglesia que ofrece alivio a las almas del Purgatorio. Como católicos fieles al Magisterio de la Iglesia, debemos hacer todo lo posible para ayudar a las Almas Pobres, especialmente a las de nuestras familias y amigos.
El Señor les conceda el descanso eterno, y brille sobre ellos la luz perpetua. Que descansen en paz. Amén.
Fuentes:
http://www.traditioninaction.org/religious/d026_Sabbatine.htm
http://www.traditioninaction.org/religious/d014rp30Gregorian_Somerville.html
Radio Cristiandad.
lunes, 20 de agosto de 2018
San Miguel Arcángel. Nuestro gran defensor en el combate espiritual.
San Miguel Arcángel.
Nuestro gran defensor en el combate espiritual.
San Miguel Arcángel es el poderoso ángel al que Dios le ha confiado la gran misión de ayudar a los hijos de Dios a derrotar a Satanás.
San Miguel Arcángel es uno de los tres arcángeles principales mencionados en la Santa Biblia; los otros dos que se mencionan son Gabriel y Rafael.
San Miguel, San Miguel Arcángel, o Príncipe de la Milicia Celestial, es el principal guerrero celestial en la lucha espiritual. Es un poderoso ángel al que Dios le ha confiado la gran misión de ayudar a derrotar a Satanás y proteger a los hijos de Dios de las fuerzas demoníacas que rondan la tierra.
Miguel significa: "¿Quién como Dios?" De hecho, ese era su grito de guerra cuando Lucifer se rebeló contra Dios.
San Miguel Arcángel fue el que defendió la gloria de Dios y reunió a las fuerzas celestiales contra los ángeles rebeldes. Y su lucha continúa hasta nuestros días.
La mención más antigua de San Miguel Arcángel en las Escrituras se encuentra en el libro del Antiguo Testamento de Daniel (12,1):
"En aquel tiempo, se alzará Miguel, el gran Príncipe, que está de pie junto a los hijos de tu pueblo. Será un tiempo de tribulación, como no lo hubo jamás, desde que existe una nación hasta el tiempo presente. En aquel tiempo, será liberado tu pueblo: todo el que se encuentre inscrito en el Libro"
Este verso está explica que, si bien las personas eran esclavas, ellos no fueron olvidados nunca por Dios y tenían un gran aliado en San Miguel.
La guerra espiritual.
Sin duda alguna, estamos en una guerra espiritual. Los combatientes son Dios, la Santísima Virgen María, los santos,potestades, dominaciones, tronos con inmenso poder,y tú contra el demonio. Las armas que tenemos son la oración humilde, el ayuno frecuente, la fe, nuestro testimonio cristiano de la verdad, la caridad y el servicio
San Pablo se encarga de ponernos en alerta con respecto a la batalla, y que estemos siempre listos en este combate:
"Porque nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio" (Efesios 6,12)
En esta guerra está en juego la vida eterna de nuestra alma o su condenación eterna. No debemos tener miedo, pues de nuestro lado están los poderosos arcángeles, y el principal de ellos es San Miguel Arcángel, dotado por Dios con un poder más allá de nuestra comprensión.
Estos poderosos ángeles están, incluso en este momento, ocupados librando alguna batalla contra Satanás y sus secuaces demoníacos.
Una lucha que lleva siglos.
San Miguel Arcángel tiene una historia de lucha contra Satanás. Uno de sus primeros encuentros con Satanás está documentado en el Libro de Judas 1,9 cuando él y Satanás discuten sobre el cuerpo de Moisés. A pesar de que nunca se ha explicado exactamente por qué estaban discutiendo, Judas describe el resultado:
"Sin embargo, el mismo Arcángel Miguel, cuando se enfrentaba con el demonio y discutía con él, respecto del cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir contra él ningún juicio injurioso, sino que dijo solamente: «Que el Señor te reprenda»"
Se cree que Satanás estaba tratando de saber dónde fue enterrado el cuerpo de Moisés, con la esperanza de ir en contra el primer mandamiento de Dios: "no habrá para ti otros dioses delante de mí". Se cree que Satanás quería tentar al pueblo Judío para que adorasen el cuerpo de Moisés.
La mayor batalla de San Miguel Arcángel contra Satanás se describe en el Libro de Revelaciones (12,7-9), cuando los ángeles malvados de Satanás tratan de rebelarse contra Dios:
"Entonces se libró una batalla en el cielo: Miguel y sus Ángeles combatieron contra el Dragón, y este contraatacó con sus ángeles, pero fueron vencidos y expulsados del cielo. Y así fue precipitado el enorme Dragón, la antigua Serpiente, llamada Diablo o Satanás, y el seductor del mundo entero fue arrojado sobre la tierra con todos sus ángeles"
Debido a esta gran batalla y la derrota de Satanás, San Miguel Arcángel es considerado el gran defensor de la Iglesia. Todas las grandes victorias de San Miguel contra Satanás le valieron las siguientes cuatro funciones en la Iglesia:
Luchar contra Satanás.
Rescatar a las almas de los fieles de Satanás, especialmente en la hora de la muerte
Asistir a los moribundos y acompañarlos en su juicio
Ser el campeón del pueblo de Dios y patrono de la Iglesia.
Combatir firmes en la fe
Como vemos, el combate espiritual es parte de la estructura misma del cristianismo. Debemos luchar porque tenemos un enemigo que no descansa ni de día ni de noche, un enemigo que "ronda como león rugiente, buscando a quien devorar" (Cfr 1 Pedro 5,8)
A la vista de este enemigo implacable, ser pasivos no una opción. San Pedro nos ordena explícitamente a "resistirlo firmes en la fe" Debemos combatir contra el mundo, el demonio y la carne, o seremos destruidos por ellos.
En un mundo en el que muchos buscan destronar a Dios o declararlo muerto, debemos, al igual que San Miguel, defender su gloria, diciendo: "¿Quién como Dios?", e invocándolo inmediatamente con la oración que nos enseñó la Iglesia:
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra las perversidades y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes.
Y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén
Reza esta oración no sólo hoy, sino todos los días, porque como lo ha dicho el Papa Francisco en una de sus reflexiones:
"También nosotros somos tentados, también nosotros somos objeto del ataque del demonio, porque el espíritu del mal no quiere nuestra santidad, no quiere el testimonio cristiano, no quiere que seamos discípulos de Jesús. ¿Y cómo hace el espíritu del mal para alejarnos del camino de Jesús?: con su tentación" (Homilía en Santa Marta, 11 de Abril de 2014)
San Miguel Arcángel, ruega por nosotros y defiéndenos en la batalla
Redacción: Qriswell J. Quero | PildorasdeFe.net
Nuestro gran defensor en el combate espiritual.
San Miguel Arcángel es el poderoso ángel al que Dios le ha confiado la gran misión de ayudar a los hijos de Dios a derrotar a Satanás.
San Miguel Arcángel es uno de los tres arcángeles principales mencionados en la Santa Biblia; los otros dos que se mencionan son Gabriel y Rafael.
San Miguel, San Miguel Arcángel, o Príncipe de la Milicia Celestial, es el principal guerrero celestial en la lucha espiritual. Es un poderoso ángel al que Dios le ha confiado la gran misión de ayudar a derrotar a Satanás y proteger a los hijos de Dios de las fuerzas demoníacas que rondan la tierra.
Miguel significa: "¿Quién como Dios?" De hecho, ese era su grito de guerra cuando Lucifer se rebeló contra Dios.
San Miguel Arcángel fue el que defendió la gloria de Dios y reunió a las fuerzas celestiales contra los ángeles rebeldes. Y su lucha continúa hasta nuestros días.
La mención más antigua de San Miguel Arcángel en las Escrituras se encuentra en el libro del Antiguo Testamento de Daniel (12,1):
"En aquel tiempo, se alzará Miguel, el gran Príncipe, que está de pie junto a los hijos de tu pueblo. Será un tiempo de tribulación, como no lo hubo jamás, desde que existe una nación hasta el tiempo presente. En aquel tiempo, será liberado tu pueblo: todo el que se encuentre inscrito en el Libro"
Este verso está explica que, si bien las personas eran esclavas, ellos no fueron olvidados nunca por Dios y tenían un gran aliado en San Miguel.
La guerra espiritual.
Sin duda alguna, estamos en una guerra espiritual. Los combatientes son Dios, la Santísima Virgen María, los santos,potestades, dominaciones, tronos con inmenso poder,y tú contra el demonio. Las armas que tenemos son la oración humilde, el ayuno frecuente, la fe, nuestro testimonio cristiano de la verdad, la caridad y el servicio
San Pablo se encarga de ponernos en alerta con respecto a la batalla, y que estemos siempre listos en este combate:
"Porque nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio" (Efesios 6,12)
En esta guerra está en juego la vida eterna de nuestra alma o su condenación eterna. No debemos tener miedo, pues de nuestro lado están los poderosos arcángeles, y el principal de ellos es San Miguel Arcángel, dotado por Dios con un poder más allá de nuestra comprensión.
Estos poderosos ángeles están, incluso en este momento, ocupados librando alguna batalla contra Satanás y sus secuaces demoníacos.
Una lucha que lleva siglos.
San Miguel Arcángel tiene una historia de lucha contra Satanás. Uno de sus primeros encuentros con Satanás está documentado en el Libro de Judas 1,9 cuando él y Satanás discuten sobre el cuerpo de Moisés. A pesar de que nunca se ha explicado exactamente por qué estaban discutiendo, Judas describe el resultado:
"Sin embargo, el mismo Arcángel Miguel, cuando se enfrentaba con el demonio y discutía con él, respecto del cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir contra él ningún juicio injurioso, sino que dijo solamente: «Que el Señor te reprenda»"
Se cree que Satanás estaba tratando de saber dónde fue enterrado el cuerpo de Moisés, con la esperanza de ir en contra el primer mandamiento de Dios: "no habrá para ti otros dioses delante de mí". Se cree que Satanás quería tentar al pueblo Judío para que adorasen el cuerpo de Moisés.
La mayor batalla de San Miguel Arcángel contra Satanás se describe en el Libro de Revelaciones (12,7-9), cuando los ángeles malvados de Satanás tratan de rebelarse contra Dios:
"Entonces se libró una batalla en el cielo: Miguel y sus Ángeles combatieron contra el Dragón, y este contraatacó con sus ángeles, pero fueron vencidos y expulsados del cielo. Y así fue precipitado el enorme Dragón, la antigua Serpiente, llamada Diablo o Satanás, y el seductor del mundo entero fue arrojado sobre la tierra con todos sus ángeles"
Debido a esta gran batalla y la derrota de Satanás, San Miguel Arcángel es considerado el gran defensor de la Iglesia. Todas las grandes victorias de San Miguel contra Satanás le valieron las siguientes cuatro funciones en la Iglesia:
Luchar contra Satanás.
Rescatar a las almas de los fieles de Satanás, especialmente en la hora de la muerte
Asistir a los moribundos y acompañarlos en su juicio
Ser el campeón del pueblo de Dios y patrono de la Iglesia.
Combatir firmes en la fe
Como vemos, el combate espiritual es parte de la estructura misma del cristianismo. Debemos luchar porque tenemos un enemigo que no descansa ni de día ni de noche, un enemigo que "ronda como león rugiente, buscando a quien devorar" (Cfr 1 Pedro 5,8)
A la vista de este enemigo implacable, ser pasivos no una opción. San Pedro nos ordena explícitamente a "resistirlo firmes en la fe" Debemos combatir contra el mundo, el demonio y la carne, o seremos destruidos por ellos.
En un mundo en el que muchos buscan destronar a Dios o declararlo muerto, debemos, al igual que San Miguel, defender su gloria, diciendo: "¿Quién como Dios?", e invocándolo inmediatamente con la oración que nos enseñó la Iglesia:
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra las perversidades y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes.
Y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los otros espíritus malignos que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas.
Amén
Reza esta oración no sólo hoy, sino todos los días, porque como lo ha dicho el Papa Francisco en una de sus reflexiones:
"También nosotros somos tentados, también nosotros somos objeto del ataque del demonio, porque el espíritu del mal no quiere nuestra santidad, no quiere el testimonio cristiano, no quiere que seamos discípulos de Jesús. ¿Y cómo hace el espíritu del mal para alejarnos del camino de Jesús?: con su tentación" (Homilía en Santa Marta, 11 de Abril de 2014)
San Miguel Arcángel, ruega por nosotros y defiéndenos en la batalla
Redacción: Qriswell J. Quero | PildorasdeFe.net
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