miércoles, 22 de junio de 2022

¿Por qué a los 4 evangelistas se les representan como a un ángel, un león, un buey y un águila?


 

¿Por qué a los 4 evangelistas se les representan como a un ángel, un león, un buey y un águila?




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Encontrar a los evangelistas representados en el arte católico es muy habitual

 


Los cuatro autores de los Evangelios (San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan) han sido relacionados simbólicamente con los cuatro 


seres vivientes del Apocalipsis 4,7:



“El primer Viviente, como un león;


el segundo Viviente, como un novillo;


el tercer Viviente tiene un rostro como de hombre;


el cuarto viviente es como un águila en vuelo.” Ap 4,7.


 


 


Tradicionalmente, se suele representar a los cuatro evangelistas mediante cuatro símbolos.


El orden en el que aparecen en el Nuevo Testamento son:



– El ángel (un hombre con alas): Mateo.



– El león: Marcos.



– El buey: Lucas.



– El águila: Juan.



Evangelistas y tetramorfos




Un tetramorfos (del griego τετρα, tetra, “cuatro”, y μορφη, morfé, “forma”) es una representación iconográfica de un conjunto formado por cuatro elementos. La más extendida de estas es cristiana, que los asocia con los cuatro evangelistas



Mateo se simbolizó con un ángel (un hombre con alas) porque su evangelio comienza con la lista de los antepasados de Jesús, el Mesías: Mt 1,1-16. Esta lista es de gran valor para este evangelio porque presenta a Jesús como hijo de David (el más importante de los reyes) e hijo de Abrahán (el padre del pueblo de Dios).



Juan es representado por un águila, la mirada dirigida al sol, porque su evangelio se abre con la contemplación del Jesús-Dios: Jn 1,1.

El evangelio de Juan fue el último en aparecer, y no se escribió en pocos días. Lo escribieron los discípulos de Juan. Una de las características del Jesús del evangelio de Juan es esta: el Maestro nos conoce a cada uno de nosotros mejor de lo que nos conocemos nosotros mismos: Jn 1,48. Poco más adelante dice que Jesús “no necesitaba que le informasen de nadie, pues él conocía muy bien el interior del hombre.” (Jn 2,25).



El águila se considera el «pájaro solar», imagen del fuego, de la altitud, de la profundidad y de la luz; es el ave que posee una vista penetrante, comparable al «ojo que todo lo ve», capaz de elevarse por encima de las nubes y de mirar fijamente el sol, por lo que simboliza todo estado trascendente, la potencia más elevada, la contemplación, el genio y el heroísmo.



Es el símbolo de la ascensión espiritual, que la mantiene elevada en las alturas. El Evangelio de Juan, al que Clemente de Alejandría llamó «evangelio espiritual», es el más profundo, simbólico, contemplativo y teológico de los cuatro y, en tal sentido, el que se eleva sobre los demás. El de Juan es el único evangelio no sinóptico.



Lucas se ha simbolizado mediante un buey o un toro porque su evangelio comienza con la visión de Zacarías en el Templo, donde se sacrificaban animales como bueyes, terneros y ovejas.

El evangelio de san Lucas comienza y termina en el Templo; los Hechos de los apóstoles constituyen la segunda parte del evangelio de Lucas.

Si en el evangelio encontramos el camino de Jesús, en los Hechos tenemos el camino de las comunidades que siguieron a Jesús. El libro de los Hechos termina llegando Pablo a Roma, ciudad que, para Lucas, representa “los confines del mundo”.



Marcosse simboliza con un león porque su evangelio comienza con la predicación del Bautista en el desierto, donde había animales salvajes.

Su evangelio fue el primero en escribirse (en la década de los años 60 después de Cristo) y sirvió como texto de catequesis para los que se preparaban para recibir el bautismo.

El de san Mateo el evangelio más corto y el hecho de que comience presentando a san Juan Bautista en el desierto es muy importante.

Para los judíos, el pueblo de la Biblia, el desierto representaba y significaba, entre otras cosas, el lugar donde se fraguan todos los nuevos proyectos. Esto es lo que hizo el pueblo de Dios cuando salió de la esclavitud de Egipto.




primeroscristianos.com


ORACIONES DE LOS PRIMEROS CRISTIANOS DIRIGIDAS A LA VIRGEN MARÍA.



Oraciones de los primeros cristianos dirigidas a la Virgen María



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ORACIONES DE LOS PRIMEROS CRISTIANOS A LA VIRGEN




Publicamos algunas oraciones de los primeros escritores cristianos dirigidas a la Virgen María. Tienen el sabor genuino de los primeros años de la Iglesia.



El amor a nuestra Madre ha estado presente desde los comienzos y Ella ha ayudado a sus hijos de modo permanente.



Los primeros cristianos, a los que hemos de acudir siempre como modelo, dieron un culto amoroso a la Virgen En las pinturas de los tres primeros siglos del cristianismo, que se conservan en las catacumbas romanas, se la contempla con el Niño Dios en brazos. ¡Nunca les imitaremos bastante en esta devoción a la santísima Virgen!



Es el refugio de los pecadores, la salud de los enfermos, la reina de los mártires, de los confesores, de las vírgenes y de los apóstoles. Reina y madre de los primeros cristianos. También ahora la Virgen nos ayuda a comportarnos como buenos hijos: a ser fuertes y fieles.




***La oración más antigua dirigida a la Virgen – “Sub tuum praesidium”



Sub tuum praesidium



Recogemos este texto sobre una de las primeras oraciones dirigidas a la Virgen por los primeros cristianos. La oración Sub tuum praesidium es un testimonio entrañable, probablemente el más antiguo y el más importante en torno a la devoción a Santa María.

Se trata de un tropario(himno bizantino) que llega hasta nosotros lleno de juventud.

Es quizás el texto más antiguo en que se llama Theotokos a la Virgen, e indiscutiblemente es la primera vez que este término aparece en un contexto oracional e invocativo.


 


En un papiro egipcio



Edgar Lobel, experto en papirología de la Universidad de Oxford,  dedicó su vida al estudio de los papiros encontrados en Egipto.


theotokos


Como es conocido, el clima extremadamente seco de la mayor parte de Egipto ha hecho que se conserven multitud de fragmentos de papiros antiquísimos, con textos de hace milenios, en griego y en copto.


Muchos de estos textos se habían perdido. En otros casos, los papiros sirven para confirmar la antigüedad de textos que sí que se habían conservado a través de sucesivas copias o traducciones.


Uno de estos papiros, descubierto en las proximidades de la antigua ciudad egipcia de Oxirrinco, contenía una oración a la Virgen.


Y no cualquier oración, sino una plegaria que continuamos rezando hoy en día, la oración Sub tuum praesidium.


 


La versión latina es:


Sub tuum praesidium

confugimus,

Sancta Dei Genitrix.

Nostras deprecationes ne despicias

in necessitatibus nostris,

sed a periculis cunctis

libera nos semper,

Virgo gloriosa et benedicta.

 


La versión castellana, es muy conocida:


Bajo tu amparo nos acogemos,

santa Madre de Dios;

no deseches las súplicas

que te dirigimos en nuestras necesidades,

antes bien, líbranos de todo peligro,

¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!

 


Y la versión en griego clásico, que es precisamente la que se encontró en el papiro. Basta fijarse con detenimiento en la foto del papiro para reconocer las palabras griegas originales:


Ὑπὸ τὴν σὴν εὐσπλαγχνίαν,

καταφεύγομεν, Θεοτόκε.

Τὰς ἡμῶν ἱκεσίας,

μὴ παρίδῃςἐν περιστάσει,

ἀλλ᾽ ἐκ κινδύνων λύτρωσαι ἡμᾶς,

μόνη Ἁγνή, μόνη εὐλογημένη.



La oración más antigua dirigida a la Virgen - “Sub tuum praesidium” 3


 


Cabe destacar la presencia del término Theotokos (en este caso, Theotoke, en vocativo), es decir, “Madre de Dios”.


Dos siglos después, en el Concilio de Éfeso, se reconoció de forma  solemne que este título era adecuado para la Virgen María, contra el parecer de Nestorio.


Es decir, en Éfeso, la Tradición de la Iglesia fue defendida contra los que preferían sus propios razonamientos a la enseñanza de siempre de la Iglesia.


Resulta impresionante rezar esta oración, sabiendo que los cristianos la rezaban ya, por lo menos, en el año 250 d.C., que es la fecha en la que EdgarLobel dató el papiro en el que se encontraba.


Nosotros no la hemos recibido de los arqueólogos, sino de la tradición de la Iglesia, a través del latín en el caso de la Iglesia Latina o del griego y el eslavonio antiguo en Oriente.


Resulta agradable, sin embargo, que la arqueología nos muestre una vez más que la tradición no es algo inventado, sino que verdaderamente nos transmite la herencia que los primeros cristianos recibieron de Cristo y de los Apóstoles.


 


Theotokos, la Madre de Dios



La oración Sub tuum praesidium es un testimonio entrañable, probablemente el más antiguo y el más importante en torno a la devoción a Santa María. Se trata de un tropario(himno bizantino) que llega hasta nosotros lleno de juventud. Es quizás el texto más antiguo en que se llama Theotokos a la Virgen, e indiscutiblemente es la primera vez que este término aparece en un contexto oracional e invocativo.


La oración más antigua dirigida a la Virgen - “Sub tuum praesidium” 4G. Giamberardini, especialista en el cristianismo primitivo egipcio,  en un documentado estudio ha mostrado la presencia del tropario en los más diversos ritos y las diversas variantes que encuentra, incluso en la liturgia latina.


La universalidad de esta antífona hace pensar que ya a mediados del siglo III era usual invocar a Santa María como Theotokos, y que los teólogos, como Orígenes, comenzaron a prestarle atención, precisamente por la importancia que iba adquiriendo en la piedad popular. Simultáneamente esta invocación habría sido introducida en la liturgia.


En el rito romano, su presencia está ya testimoniada en el Liber Responsalis, atribuido a San Gregorio Magno y es copiado en el siglo IX en la siguiente forma: “Sub tuum praesidium confugimus, Sancta Dei Genitrix”. Algunos manuscritos de los siglos X y XI, presentan unas deliciosas variantes de esta oración, manteniendo intacta la expresión Santa Dei Genitrix, en estricta fidelidad a la Theotokos del texto griego.


Se trata de traducciones fidelísimas del texto griego, tal y como aparece en el rito bizantino, en el que se utiliza la palabra griega eysplagknían, para referirse a las entrañas misericordiosas de la Madre de Dios.


La consideración de la inmensa capacidad de las entrañas maternales de la Madre de Dios está en la base de la piedad popular que tanta importancia dio al título Theotokos para designar a la Madre de Jesús.


Y quizás como lo más importante sea el hecho de que el testimonio del Sub tuum praesidium levanta la sospecha de que el título Theotokos se origina a mediados del siglo III en la piedad popular como invocación a las entrañas maternales de Aquella que llevó en su seno a Dios. Esta vez, quizás, la piedad popular fue por delante de la Teología. Al menos, es muy verosimil que así fuese.


Los fieles que, con sencillez, rezan esta oración a la Sancta Dei Genitrix, laTheotokos, la Madre de Dios,  porque la han recibido de manos de la Iglesia, son los que están más cerca de lo que transmitieron los primeros cristianos y, por lo tanto, más cerca de Cristo.


La versión latina esta oración ha sido inmortalizada en la música especialmente por Antonio Salieri y Wolfgang Amadeus Mozart.

 


https://youtu.be/befChVsSNJY



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San Efrén de Siria (Siglo IV)



Publicamos algunas oraciones de los primeros escritores cristianos dirigidas a la Virgen María.

San Efrén, diácono de la Iglesia en Siria y doctor de la Iglesia -nació hacia el año 306 en Nisibis, ciudad de Mesopotamia- nos ha dejado unos magníficos himnos dirigidos a la Virgen…Poeta de delicadísimos sentimientos hacia Jesucristo y su Santísima Madre, escribió centenares de himnos para uso litúrgico y para uso popular.

 


1. María tiene muchos nombres , y es para mi un gran gozo llamarla con ellos. 



Es la fortaleza donde habita el poderoso Rey de reyes, mas no salió de allí igual que entró: en Ella se revistió de carne, y así salió. Es también un nuevo cielo, porque allí vive el Rey de reyes; allí entró y luego salió vestido a semejanza del mundo exterior (…). Es la fuente de la que brota el agua viva para los sedientos; quienes han gustado esta bebida llevan fruto al ciento por uno. (SAN EFRÉN DE SIRIA , Himno por el Nacimiento de Cristo, 11)



2. Volved la mirada a María .



 Cuando Gabriel entró en su aposento y comenzó a hablarle, Ella preguntó: ¿cómo se hará esto? (Lc 1, 34). El siervo del Espíritu Santo le respondió diciendo: para Dios nada es imposible (Lc 1, 37). Y Ella, creyendo firmemente en aquello que había oído, dijo: he aquí la esclava del Señor (Lc 1, 38). Y al instante descendió el Verbo sobre Ella, entró en Ella y en Ella hizo morada, sin que nada advirtiese. Lo concibió sin detrimento de su virginidad, y en su seno se hizo niño, mientras el mundo entero estaba lleno de Él (…). Cuando oigas hablar del nacimiento de Dios, guarda silencio: que el anuncio de Gabriel quede impreso en tu espíritu. Nada es difícil para esa excelsa Majestad que, por nosotros, se ha abajado a nacer entre nosotros y de nosotros.   (SAN EFRÉN DE SIRIA, Himno por el Nacimiento de Cristo, 11




3. Hoy María es para nosotros un cielo, porque nos trae a Dios . 



El Altísimo se ha anonadado y en Ella ha hecho mansión, se ha hecho pequeño en la Virgen para hacernos grandes (…). En María se han cumplido las sentencias de los profetas y de los justos. De Ella ha surgido para nosotros la luz y han desaparecido las tinieblas del paganismo.     (SAN EFRÉN DE SIRIA, Himno por el Nacimiento de Cristo, 11)



4. BenedictoXVI hablando de San Efrén de Siria y sus himnos a nuestra Madre, nos dice…



Ahora no puedo hablar mucho de él, en parte porque es difícil de traducir la poesía, pero para dar al menos una idea de su teología poética quisiera citar pasajes de dos himnos. Ante todo os propongo unas espléndidas imágenes tomadas de los himnos «Sobre la natividad de Cristo». Ante la Virgen, San Efrén manifiesta con inspiración su maravilla:


«El Señor vino a ella para hacerse siervo.


El Verbo vino a ella para callar en su seno.


El rayo vino a ella para no hacer ruido.


El pastor vino a ella, y nació el Cordero, que llora dulcemente.


El seno de María ha trastocado los papeles:


Quien creó todo se ha apoderado de él, pero en la pobreza.


El Altísimo vino a ella (María),


pero entró humildemente.


El esplendor vino a ella, pero vestido con ropas humildes.


Quien todo lo da experimentó el hambre.


Quien da de beber a todos sufrió la sed.


Desnudo salió de ella, quien todo lo reviste (de belleza).»


(Himno «De Nativitate» 11, 6-8).


(BENEDICTO XVI presenta a San Efrén el Sirio, 28 noviembre 2007)


 

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Anfiloquio de Iconio (Siglo IV)



Con motivo del mes de mayo, publicamos algunas oraciones de los primeros escritores cristianos dirigidas a la Virgen María.

Anfiloquio, que estudió en Antioquía, practicó la abogacía en Constantinopla y en el 373 fue hecho obispo de Iconio, dirige a santa María preciosas alabanzas que pueden ayudarnos…


 


Cantémosla, pues, santamente, disponiéndonos con alegría a celebrar, glorificar y engrandecer estos sacramentos incomprensibles e inefables y, empezando por la salutación celeste del ángel San Gabriel, digamos: Ave gratia plena, Dominus tecum.


Repitamos esta síntesis del ángel, diciendo:



Salve, alegría suspirada de los hombres;


salve, gloria de la Iglesia;


salve, hermoso rostro resplandeciente por divinos fulgores;


salve, venerabilísimo monumento;


salve, saludable y espiritual vellocino de oro;


salve, vestida de luz, madre del Sol sin ocaso;


salve, madre incorrupta de santidad;


salve, resplandeciente fuente de aguas vivas;


salve, sí, nueva madre, prodigio de un nuevo nacimiento;


salve, libro nuevo de Isaías, lleno de nuevas revelaciones;

fieles testigos tuyos son los ángeles y los hombres.


Dios te salve, alabastro de ungüento de santificación;


Dios te salve, oh Virgen, que compraste a buen precio el denario de la virginidad;


salve, imagen que encierras a tu propio artífice;


Dios te salve, Virgen, que con tu humanidad enamoraste a Dios y

estrechaste en tu seno al que los cielos inmensos no pueden contener.


(ANFILOQUIO DE ICONIO, Sermón de Navidad, Huber, 401-402)



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Himno Akathistos (Siglo V)



El Himno Akathistos (que literalmente significa «estando de pie», porque se canta en esta posición) es el himno mariano más famoso del Oriente cristiano y quizá de la Iglesia entera. Compuesto en griego, a finales del siglo V , es de autor desconocido.




Himnos a la Virgen




El Himno Akathistos (que literalmente significa «estando de pie », porque se canta en esta posición) es el himno mariano más famoso del Oriente cristiano y quizá de la Iglesia entera. Compuesto en griego, a finales del siglo V, es de autor desconocido. Su paternidad se ha atribuido a diversos personajes, pero no hay ninguna prueba concluyente, y quizá sea mejor así. Como dice un comentarista moderno, «está bien que el himno sea anónimo. Así el himno es de todos, porque es de la Iglesia».



Efectivamente, desde principios del siglo VI la Iglesia bizantina lo incluyó en su liturgia como la expresión más alta del culto a la Santísima Virgen y lo canta en muchas ocasiones, de modo especialmente solemne en el sábado de la 5ª semana de Cuaresma.



Laestructura métrica del texto original es de una perfección suma , difícil de verter a otras lenguas. Las veinticuatro estrofas que lo componen (unas más largas, otras más breves, alternativamente) se distribuyen por igual en dos partes : una evangélica y otra dogmática. La primera parte escenifica la narración evangélica en una serie de cuadros, que van desde la Anunciación al encuentro de María con el anciano Simeón en el Templo de Jerusalén . La segunda parte expone los principales artículos de la fe mariana de la Iglesia: perpetua virginidad, maternidad divina, mediación de gracia desde el Cielo.



El Himno Akathistos es común a todos los cristianos de rito bizantino, sean católicos u ortodoxos . Constituye, pues, un puente vetusto y solemne hacia la plena comunión entre la Iglesia de Oriente y de Occidente.



Himno Akathistos, I parte, estrofas 1-12




1. El más excelso de los ángeles fue enviado desde el Cielo para

decir «Ave» a la Madre de Dios. Al transmitir su incorpóreo saludo,

viéndote hecho hombre en Ella, Señor, extasiado el ángel, de este

modo a la Madre aclamó:



Ave, por ti resplandecen los gozos,


Ave, por ti se disuelve el dolor,


Ave, rescate del llantode Eva,


Ave, salud de Adán que cayó.


Ave, Tú cima sublime a humano intelecto,


Ave, Tú abismo insondable a mirada de ángel,


Ave, Tú llevas a Aquél que todo sostiene,


Ave, Tú eres la sede del trono real.


Ave, oh estrella que al Astro precedes,


Ave, morada del Dios que se encarna,


Ave, por ti se renueva el creado,


Ave, por ti se hace niño el Señor.


¡Ave, Virgen y Esposa!




2. Bien sabía María que era Virgen sagrada, y por eso respondió

a Gabriel: «Tu singular mensaje se muestra incomprensible a mi

alma, pues anuncias un parto de virginal seno, exclamando:

¡Aleluya!»

Aleluya, aleluya, aleluya!


3. Ansiaba la Virgen comprender el misterio, y preguntaba al

Mensajero divino: «¿Podrá mi seno virginal dar a luz un hijo?

¡Dímelo!». Y aquél, reverente, aclamándola, así respondió:



Ave, presagio de excelsos designios,


Ave, Tú prueba de arcano misterio,


Ave, prodigio primero de Cristo,


Ave, compendio de toda verdad.


Ave, oh escala celeste que baja el Eterno,


Ave, oh puente que llevas los hombres al Cielo,


Ave, de coros celestes cantado portento,


Ave, oh azote que ahuyenta a la horda infernal.


Ave, la Luz inefable has portado,


Ave, Tú el «modo» a nadie has contado,


Ave, la ciencia de sabios trasciendes,


Ave, Tú enciendes al fiel corazón.


¡Ave, Virgen y esposa!



4. La Virtud del Altísimo cubrió con su sombra e hizo Madre a la

Virgen que no conocía varón: aquel seno, hecho fecundo desde lo

Alto, se convirtió en campo ubérrimo para todos los que quieren

alcanzar la salvación, cantando de esta manera: ¡Aleluya!

¡Aleluya, aleluya, aleluya!



5. Con el Señor en su seno, presurosa, María subió a la

montaña y habló con Isabel. El pequeño Juan, en el vientre de su

madre, oyó el virginal saludo y exultó; saltando de gozo, cantaba a

la Madre de Dios:



Ave, sarmiento del más santo Brote,


Ave, renuevo de un Fruto sin mancha,


Ave, das vida al Autor de la vida,


Ave, cultivas a tu Agricultor.


Ave, Tú campo que muestras las más ricas gracias,


Ave, Tú mesa que ofreces los dones mejores,


Ave, un pronto refugio a los fieles preparas,


Ave, un pasto agradable Tú haces brotar.


Ave, Tú incienso agradable de súplicas,


Ave, del mundo suave perdón,


Ave, clemencia de Dios con el hombre,


Ave, confianza del hombre con Dios.


¡Ave, Virgen y Esposa!



6. Con el corazón turbado y encontrados pensamientos, el sabio

José se agitaba en la duda; admirándote intacta, sospecha

esponsales secretos, oh Inmaculada! Y cuando te supo Madre por

obra de Espíritu Santo, exclamó: ¡Aleluya!

¡Aleluya, aleluya, aleluya!



7. Los pastores oyeron los coros de los ángeles que cantaban a

Cristo, bajado entre nosotros. Corriendo a ver al Pastor, lo

contemplan como cordero inocente, que se nutre al pecho de la

Virgen, y cantan así:



Ave, Tú Madre del Pastor-Cordero,


Ave, recinto del rebaño fiel,


Ave, defensa de fieras malignas,


Ave, guardiana de la eternidad.


Ave, por ti con la tierra exultan los cielos,


Ave, por ti con los cielos se goza la tierra,


Ave, voz eres perenne de Apóstoles santos,


Ave, de Mártires fuertes invicto valor.


Ave, potente sustento de fe,


Ave, de gracia esplendente pendón,


Ave, por ti fue expoliado el infierno,


Ave, por ti nos vestimos de honor.


¡Ave, Virgen y Esposa!



8. Observando la estrella que guiaba al Eterno, los Magos

siguieron su fulgor. Fue luminaria segura para ir en busca del

Poderoso, del Señor. Y alcanzando al Dios inalcanzable, lo

aclaman felices: ¡Aleluya!

¡Aleluya, aleluya, aleluya!



9. Los Magos contemplaron en los brazos maternos al Sumo

Hacedor del hombre. Sabiendo que era el Señor, aunque bajo la

apariencia de siervo, premurosos le ofrecieron sus dones, diciendo

a la Madre bienaventurada:



Ave, oh Madre del Astro perenne,


Ave, aurora del místico día,


Ave, las fraguas de errores Tú apagas,


Ave, conduces con tu brillo a Dios.


Ave, al odioso tirano arrojaste del trono,


Ave, Tú a Cristo nos das, clemente Señor,


Ave, rescate Tú eres de ritos nefandos,


Ave, Tú eres quien salvas del cieno opresor.


Ave, Tú el culto del fuego destruyes,


Ave, Tú extingues la llama del vicio,


Ave, Tú enseñas la ciencia al creyente,


Ave, Tú gozo de todas las gentes.


¡Ave, Virgen y Esposa!



10. Pregoneros de Dios fueron los Magos en el camino de

vuelta. Cumplieron tu vaticinio y te predicaban, oh Cristo, a todos,

sin preocuparse de Herodes, el necio, que era incapaz de cantar:

¡Aleluya!

¡Aleluya, aleluya, aleluya!



11. Iluminando Egipto con el esplendor de la verdad, arrojaste

las tinieblas del error, porque los ídolos de entonces, Señor,

debilitados por la fuerza divina, cayeron. Y los hombres, salvados,

aclamaban a la Madre de Dios:



Ave, desquite del género humano,


Ave, derrota del reino infernal,


Ave, Tú aplastas mentiras y errores,


Ave, Tú muestras la gran falsedad.


Ave, Tú mar que devoras al gran Faraón,


Ave, Tú roca que manas el Agua de Vida,


Ave, columna de fuego que guías de noche,


Ave, refugio del mundo cual nube sin par.


Ave, dadora del maná celeste,


Ave, nodriza de los gozos santos,


Ave, Tú místico hogar prometido,


Ave, de leche y de miel manantial.


¡Ave, Virgen y Esposa!



12. El viejo e inspirado Simeón estaba a punto de dejar este

mundo engañoso. Fuiste dado a él como párvulo, pero en ti

reconoció al perfecto Señor; y estupefacto, admirando la divina

Sabiduría, exclamó: ¡Aleluya!

¡Aleluya, aleluya, aleluya!



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San Cirilo de Alejandría (Siglo V)



San Cirilo de Alejandría con motivo del final del Concilio de Éfeso –año 431-, en el que se proclamó la Maternidad divina de María, nos dejó el más célebre elogio mariano de la antigüedad…


Encomio a la Santa Madre de Dios



Oraciones de los Primeros Cristianos a la Virgen - San Cirilo de Alejandría (Siglo V) 2Dios te salve, María, Madre de Dios,

tesoro veneradísimo de todo el orbe,

antorcha inextinguible, corona de virginidad,

cetro de recta doctrina,

templo indestructible,

habitación de Aquél que es inabarcable,

Virgen y Madre, por quien nos ha sido dado

Aquél que es llamado bendito por excelencia,

y que ha venido en nombre del Padre.


Salve a ti, que en tu santo y

virginal seno has encerrado

al Inmenso e Incomprehensible.


Por quien la Santísima Trinidad es

adorada y glorificada,

y la preciosa Cruz se venera y

festeja en toda la tierra.

Por quien exulta el Cielo,

se alegran los ángeles y

arcángeles, huyen los demonios.

Por quien el tentador fue arrojado del Cielo y

la criatura caída es llevada al Paraíso.

Por quien todos los hombres, aprisionados por el engaño de los

ídolos, llegan al conocimiento de la verdad.

Por quien el santo Bautismo es regalado a los creyentes,

se obtiene el óleo de la alegría, esfundada la Iglesia en todo el mundo,

y las gentes son movidas a penitencia.


¿Y qué más puedo decir?


Por quien el Unigénito Hijo de Dios brilló como Luz

sobre los que yacían en las tinieblas y sombras de la muerte.

Por quien los Profetas preanunciaron las cosas futuras.

Por quien los Apóstoles predicaron la salvación a los gentiles.

Por quien los muertos resucitan y los reyes reinan, por la Santísima Trinidad.


¿Quién de entre los hombres será capaz de alabar como se

merece a María, que es digna de toda alabanza? Es Virgen

Madre, ¡oh cosa maravillosa! Este milagro me llena de estupor.


¿Quién ha oído decir que al constructor de un templo se le prohíba habitar en él?

¿Quién podrá ser tachado de ignominia

por el hecho de que tome a su propia Esclava por Madre?

Así, pues, todo el mundo se alegra (…);


También nosotros hemos de adorar y respetar la unión del Verbo con la carne,

temer y dar culto a la Santa Trinidad, celebrar con nuestros

himnos a María, siempre Virgen, templo santo de Dios, y a su

Hijo, el Esposo de la Iglesia, Jesucristo Nuestro Señor.

A Él sea la gloria por los siglos de los siglos.


Amén.




(SAN CIRILO DE ALEJANDRÍA, Homilía pronunciada en el Concilio de Efeso; A. Hamman, Oraciones de los Primeros Cristianos, Rialp 1956, pag. 300)


 


Este texto es parte de otro de los Himnos de San Efrén como homenaje a la Virgen…

Dios te salve, María, Madre de Dios, Virgen Madre,

Estrella de la mañana, Vaso virginal.

Dios te salve, María, Virgen, Madre y Esclava: Virgen, por

gracia de Aquél que de ti nació sin menoscabo de tu virginidad;

Madre, por razón de Aquél que llevaste en tus brazos y

alimentaste con tu pecho; Esclava, por causa de Aquél que tomó

forma de siervo.


Entró el Rey en tu ciudad, o por decirlo más

claramente, en tu seno; y de nuevo salió como quiso,

permaneciendo cerradas tus puertas. Has concebido

virginalmente, y divinamente has dado a luz.


Dios te salve, María, Templo en el que Dios es recibido, o más

aun, Templo santo, como clama el Profeta David diciendo: santo

es tu templo, admirable en la equidad (Sal 64, 6).

Dios te salve, María, la joya más preciosa de todo el orbe;

Dios te salve, María, casta paloma;

Dios te salve, María, lámpara que nunca se apaga,

pues de ti ha nacido el Sol de justicia.


Dios te salve, María, lugar de Aquél que en ningún lugar es

contenido; en tu seno encerraste al Unigénito Verbo de Dios, y

sin semilla y sin arado hiciste germinar una espiga que no se

marchita.


Dios te salve, María, Madre de Dios, por quien claman los

profetas y los pastores cantan a Dios sus alabanzas, repitiendo

con los ángeles el himno tremendo: gloria a Dios en lo más alto

de los cielos, y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.(…)

Dios te salve, María, Madre de Dios, por quien resplandeció la

luz verdadera, Jesucristo Nuestro Señor, que en Evangelio

afirma: Yo soy la Luz del mundo (Jn 8, 12).


Dios te salve, María, Madre de Dios, por quien brilló la luz

sobre los que yacían en la oscuridad y en la sombra de la

muerte: el pueblo que se sentaba en las tinieblas ha visto una

gran luz (Is 9, 2). ¿Y qué luz sino NuestroSeñor Jesucristo, luz

verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo?

(Jn 1, 29).


Dios te salve. María, Madre de Dios, por quien en el Evangelio

se predica: bendito el que viene en el nombre del Señor (Mt 21,

9); por quien la Iglesia católica ha sido establecida en ciudades,

pueblos y aldeas.        


(SAN CIRILO DE ALEJANDRÍA, Encomio a la Santa Madre de Dios)


 


También San Cirilo de Alejandría nos ha dejado esta preciosa oración a Santa María agradeciéndole la eucaristía…

 


“¡Oh Santísima Señora, Theotokos, luz de mi pobre alma, mi esperanza,


mi protección, mi refugio, mi consuelo, y mi alegría!


Te agradezco por haberme permitido participar


del purísimo cuerpo y de la purísima sangre de tu Hijo.


 


Ilumina los ojos de mi corazón, O Bendita Virgen


que llevaste la fuente de la inmortalidad.


O tiernísima y amorosa Madre del Dios misericordioso; ten misericordia de mi


y concédeme un corazón arrepentido y contrito con humildad de mente.


 


Guarda mis pensamientos de que se pierdan en toda clase de distracciones,


y hazme siempre digno, hasta mi último aliento,


de recibir los purísimos misterios de Cristo para la sanación


de mi alma y cuerpo.


 



para que yo pueda cantarte


y alabarte todos los días de mi vida,


porque tú eres siempre bendita y alabada. Amén.”


 


(SAN CIRILO DE ALEJANDRÍA, Oración de agradecimiento a la Virgen María)



“Hoy María es para nosotros un cielo,

porque nos trae a Dios.

De Ella ha surgido

para nosotros la luz.”

(SAN EFRÉN DE SIRIA, Siglo IV)


 


 


Fuente:

“ORAR CON LOS PRIMEROS CRISTIANOS”




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viernes, 19 de noviembre de 2021

LAS QUINCE ORACIONES DE SANTA BRIGIDA


 LAS QUINCE ORACIONES

DE SANTA BRIGIDA


ORACIONES APROBADAS

El Papa Urban VI (1378-1389) Animó a que se multiplicaran las copias escritas de las revelaciones de Santa Brígida ya que estas no fueron impresas en ese tiempo. Las magníficas oraciones fueron copiadas de un libro impreso en Toulouse en 1740, y publicadas por el Padre Adrien Parvilliers de la Sociedad Jesuita y Misionario Apostólico en la Tierra Santa. El tuvo la aprobación, el permiso y la recomendación de extender la devoción.


Los libros que contienen éstas oraciones han sido aprobados por un grupo de eclesiásticos de alto nivel, entre ellos Su Eminencia el Cardenal F. J. Giraud de Cambria en 1845, y el Arzobispo Florián de Toulouse en 1863. El Bendito Papa Pío IX el 31 de Mayo de 1862 bendijo las Revelaciones de Santa Brígida. El gran Congreso de Malinas recomendó las oraciones el 22 de Agosto de 1863. El Papa Benedicto XV (1914-1922) se expresó de la siguiente manera en las Revelaciones de Santa Brígida: "La aprobación de estas rev elaciones implica nada más que esto: Después de un examen lento y detenido, se permite publicar estas revelaciones para el bien espiritual de todos los fieles. Y, aunque no se les atribuye el mismo grado de Fe que se le rinde a las verdades de la religión bajo pena; sin embargo, se les permite creer con fe humana. Es decir, conforme a las reglas de prudencia, por las cuales son probables. Por tanto, estando ya adecuadamente afirmadas y apoyadas por suficientes motivos, pueden ser piadosamente creídas."

(Les Petits Bollandistes, tomo XII)

 


SANTA BRIGIDA DE SUECIA

El día 14 de junio de 1303 nació Santa Brígida. En ese momento, el cura de Rasbo, llamado Benedicto, oraba por un feliz parto de la señora Ingeborde. Súbitamente, el curase encontró envuelto en una nube luminosa de la cual se le apareció la Santísima Virgen, diciéndole: "Una niña ha nacido en Birger y su voz se oirá por todo el mundo."

Impreso: Abril 24, 1903, Sagii


Santa Brígida o St. Bridget, hija de Birgir, Príncipe de Suecia de Sangre Real, nació en el seno de unos padres piadosos. Perdió a su madre al poco tiempo de su nacimiento, la pequeña Brígida fue educada por una de sus más virtuosas tías. No habló hasta que tenía 3 años. Cuando empezó a hablar empezó a alabar a Dios. Le gustaban las pláticas y lecturas serias desde temprana edad, su corazón estaba lleno de gracia, por eso sólo las lecturas piadosas le atraían.


A la edad de 10 años escuchó un sermón sobre la Pasión de Nuestro Señor que la conmovió mucho. La siguiente noche creyó haber visto a Nuestro Señor arrodillado ante la Cruz, cubierto de sangre y heridas. Al mismo tiempo escuchó una voz que le decía: "Hija Mía, Mírame." "O Querido Señor," preguntó Santa Brígida, "¿Quién te a tratado tan cruel?" Nuestro Señor respondió: "Aquellos que me desprecian y son invencibles de Mi Amor por ellos." Este misterioso sueño dejó una huella profunda en ella ya que desde ese momento en adelante ella siempre meditó sobre los sufrimientos de Nuestro Señor Jesucristo al grado que la cubría de lágrimas.


A la edad de 15 años, por obediencia se casó con el Príncipe Ulf, un joven muy piadoso y tuvieron ocho hijos. Una de sus hijas fue Santa Catarina de Suecia.


El ejemplo de Santa Brígida más que sus instrucciones, santificó a su gran familia. Sus revelaciones y otros favores celestiales la hicieron más ferviente y humilde. Ella murió en Roma en 1373 después de haber regresado de una peregrinación en la tierra santa. Ella seguido oraba mentalmente y meditaba sobre la vida y sufrimiento de Nuestro Señor Jesucristo. Ella fundó las Brigittines.


Por mucho tiempo, Santa Brígida había deseado saber cuántos latigazos había recibido Nuestro Señor en Su Pasión. Un día se le apareció Jesucristo, diciéndole: "Recibí 5.480 latigazos en Mi Cuerpo.


Si queréis honrarlos en verdad, con alguna veneración, decid 15 veces el Padre Nuestro y 15 veces El Ave Maria con las siguientes oraciones, (que él le enseño) durante un año completo. Al terminar el año, habréis venerado cada una de Mis Llagas."


Los visitantes de la Iglesia de San Pablo de Roma pueden ver el Crucifijo, bajo el Sagrario en la Capilla del Santísimo Sacramento, escultura por Pierre Cavallini, ante ésta escultura Santa Bridget se hincó cuando recibió las 15 oraciones de Nuestro Señor. La inscripción siguiente fue puesta en la Iglesia para conmemorar el evento: "Pendentis, Pendente Dei verba aure accipit el verbum corde Brigitta Deum. Anno Jubilei MCCCL." (Traducción: "Brígida no sólo recibió las palabras de Dios sueltas en el aire, sino que tomó las palabras de Dios en su corazón. Jubilee año 1350.")


Las Promesas

1. Libraré del Purgatorio a 15 almas de su parentela o linaje

2. 15 almas de su parentela o linaje serán preservadas y confirmadas en la gracia.

3. 15 pecadores de su linaje serán convertidos.

4. El que rece estas oraciones alcanzará el primer grado de la perfección.

5. 15 días antes de su muerte, le daré el alimento de Mi Sagrado Cuerpo para que escape del hambre eterna; y le daré de beber de Mi Preciosísima Sangre para que no padezca de sed eternamente.

6. 15 días antes de su muerte, sentirá constricción profunda por todos sus pecados, y tendrá conocimiento perfecto de todas sus culpas.

7. Yo pondré el signo de Mi victoriosa Cruz delante de él, para que sea su amparo y defensa contra las acechanzas de sus enemigos.

8. Antes de su muerte, vendré a él con Mi queridísima y bien amada Madre.

9. Benignamente recibiré su alma, y le conduciré a las delicias eternas.

10. Y habiendo conducido a ésta alma hasta las mansiones eternas, allí, le daré a beber del Manantial de Mí Divinidad; cosa

que no haré con los que no hayan recitado Mis oraciones.

11. Haz saber que el que haya vivido en estado de pecado mortal aún por 30 años, si reza devotamente estas oraciones, o si hubiere propuesto rezarlas, el señor le perdonará todos sus pecados.

12. Yo le defenderé contra graves tentaciones.

13. Preservaré y guardaré sus 5 sentidos.

14. Le preservaré de una muerte repentina.

15. Su alma será librada de la muerte eterna.

16. Ésta alma obtendrá todo cuanto pidiere a Dios y a la Santísima Virgen.

17. Si hubiera vivido haciendo su propia voluntad durante toda su vida y si debiera morir al día siguiente, Yo le prolongaré su existencia para que se confiese bien.

18. Cada vez que un alma rece estas oraciones, ganará 100 días más de indulgencia.

19. Se le asegura que será colocado junto al Supremo Coro de los Santos Angeles.

20. AI que enseñare estas Oraciones a otra persona, se le asegura gozo continuo y el mérito perdurable por toda la eternidad.

21. Dondequiera que se rezaren estas oraciones, o si se rezan en algún tiempo futuro, allí, estará Dios presente con Su gracia.

Las 21 promesas de Santa Brígida, tradicionalmente asociadas con las oraciones de Santa Brígida no están cubiertas por una imprenta. En Enero de 1954 la Oficina Santa mandó una advertencia que el origen supernatural de estas promesas no ha sido demostrado.


La Iglesia siempre recomienda meditar sobre La Pasión de Nuestro Señor. La Bendita Virgen Maria dijo a Santa Brígida: "la consideración de la pasión de Mi hijo debe permanecer frecuente en los pensamientos de todos." San Buenaventura dijo: "Permite quien quiera estar en unión con Dios mantenga los ojos de su alma fijos en El quien cuelga muerto en la Cruz. Son las Llagas del Señor las que nos permiten tener poder para soportar el sufrimiento no sólo con paciencia sino con alegría."

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Primera Oración


Padrenuestro - Ave María

¡O Jesucristo! ¡Sois la eterna dulzura de todos los que os aman; la alegría que sobrepasa todo gozo y deseo; la salvación y esperanza de todos los pecadores! Habéis manifestado no tener mayor deseo que el de permanecer en medio de los hombres, en la tierra. Los amáis hasta el punto de asumir la naturaleza humana, en la plenitud de los tiempos, por amor a ellos. Acordaos de todos los sufrimientos que habéis soportado desde el instante de Vuestra Concepción y especialmente durante Vuestra Sagrada Pasión; así como fue decretado y ordenado desde toda la eternidad, según el plan divino.


Acordaos, O Señor, que durante la última cena con Vuestros discípulos les habéis lavado los pies; y después, les disteis Vuestro Sagradísimo Cuerpo, y Sangre Preciosísima. Luego, confortándolos con dulzura, les anunciasteis Vuestra Próxima Pasión.


Acordaos de la tristeza y amargura que habéis experimentado en Vuestra Alma, como Vos mismo lo afirmasteis, diciendo: "Mi Alma está triste hasta la muerte."


Acordaos de todos los temores, las angustias y los dolores que habéis soportado, en Vuestro Sagrado Cuerpo, antes del suplicio de la crucifixión. Después de haber orado tres veces, todo bañado de un sangriento sudor, fuisteis traicionado por Vuestro discípulo, Judas; arrestado por los habitantes de una nación que habíais escogido y enaltecido. Fuisteis acusado por falsos testigos e injustamente juzgado por tres jueces; todo lo cual sucedió en la flor de Vuestra madurez, y en la solemne estación pascual.


Acordaos que fuisteis despojados de Vuestra propia vestidura, y revestido con manto de irrisión. Os cubrieron los Ojos y la Cara con un velo y os infringieron bofetadas. Fuisteis coronado con espinas, pusieron en Vuestras manos una caña. Finalmente, fuisteis atado a la columna, desgarrado con azotes y agobiado de oprobios y ultrajes.


En memoria de todas estas penas y dolores que habéis soportado antes de Vuestra Pasión en la Cruz, concededme antes de morir, una constricción verdadera, una confesión sincera y completa, adecuada satisfacción; y la remisión de todos mis pecados. Amén.



Segunda Oración


Padrenuestro - Ave María.

¡O Jesús, la verdadera libertad de los ángeles y paraíso de delicias! Acordaos del horror y la tristeza con que fuisteis oprimido, cuando Vuestros enemigos como leones furiosos, Os rodearon con miles de injurias: salivazos, bofetadas, laceraciones, arañazos y otros suplicios inauditos. Os atormentaron a su antojo. En consideración a estos tormentos y a las palabras injuriosas, Os suplico, ¡O mi Salvador, y Redentor! Que me libréis de todos mis enemigos visibles e invisibles y que, bajo Vuestra protección, hagáis que yo alcance la perfección de la salvación eterna. Amén.



Tercera Oración


Padrenuestro - Ave María.

¡O Jesús, Creador del Cielo y de la Tierra, al que nada puede contener ni limitar! Vos abarcáis todo; y todo es sostenido bajo Vuestra amorosa potestad. Acordaos del dolor muy amargo que sufristeis cuando los judíos, con gruesos clavos cuadrados, golpe a golpe, clavaron Vuestras Sagradas Manos y Pies a la Cruz. Y no viéndote en un estado suficientemente lamentable para satisfacer su furor, agrandaron Vuestras Llagas, agregando dolor sobre dolor. Con indescriptible crueldad, extendieron Vuestro Cuerpo en la Cruz. Y con jalones y estirones violentos, en toda dirección, destruyeron vuestros brazos y piernas.

O Jesús, en memoria de este santo dolor que habéis soportado con tanto amor en la Cruz, Os suplico concederme la gracia de terneros y amaros. Amén.



Cuarta Oración


Padrenuestro - Ave María.

¡O Jesús, Médico Celestial, elevado en la Cruz para curar nuestras llagas con las Vuestras!

Acordaos de las contusiones y los desfallecimientos que habéis sufrido en todos Vuestros Miembros; y que fueron distendidos a tal grado, que no ha habido dolor semejante al Vuestro. Desde la cima de la cabeza hasta la planta de los pies, ninguna parte de Vuestro Cuerpo estaba exenta de tormentos. Sin embargo, olvidando todo Vuestro sufrimiento, no dejasteis de pedir por Vuestros enemigos, a Vuestro Padre Celestial, diciéndole "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen."

Por ésta inmensa misericordia, y en memoria de estos sufrimientos, Os hago ésta súplica: conceded que el recuerdo de Vuestra amarga Pasión nos alcance una perfecta contrición, y la remisión de todos nuestros pecados. Amén.



Quinta Oración


Padrenuestro – Ave María.

¡O Jesús, Espejo de Resplandor Eterno! Acordaos de la tristeza aguda que habéis sentido al contemplar con anticipación, las almas que habían de condenarse. A la luz de Vuestra Divinidad, habéis vislumbrado la pre-destinación de aquellos que se salvarían, mediante los méritos de Vuestra Sagrada Pasión. Simultáneamente habéis contemplado tristemente la inmensa multitud de réprobos que serían condenados por sus pecados; y Os Habéis quejado amargamente de esos desesperados, perdidos y desgraciados pecadores.

Por este abismo de compasión y piedad y principalmente por la bondad que demostrasteis hacia el buen ladrón, diciéndole: "Hoy estarás conmigo en el Paraíso.", hago esta súplica, Dulce Jesús. Os pido que a la hora de mi muerte tengáis misericordia de mí. Amén.



Sexta Oración


Padrenuestro – Ave María.

¡O Jesús, Rey infinitamente amado y deseado! Acordaos del dolor que habéis sufrido, cuando, desnudo y como un criminal común y corriente, fuisteis clavado y elevado en la Cruz.


También, fuisteis abandonado de todos Vuestros parientes y amigos con la excepción de Vuestra muy amada Madre. En Vuestra agonía, ella permaneció fiel junto a Vos; luego, la encomendasteis a Vuestro fiel discípulo, Juan, diciendo a María: "¡Mujer he aquí tu hijo!" Y a Juan: "¡He aquí tu madre!"


Os suplico, O mi Salvador, por la espada de dolor que entonces traspasó el alma de Vuestra Santísima Madre, que tengáis compasión de mí. Yen todas mis aflicciones y tribulaciones, tanto corporales como espirituales, tened piedad de mí. Asistidme en todas mis pruebas, y especialmente en la hora de mi muerte. Amén.



Séptima Oración


Padrenuestro - Ave María.

¡O Jesús, inagotable Fuente de compasión, tened com-pasión de mí! En un profundo gesto de amor, habéis exclamado en la Cruz: "¡Tengo sed!" Era sed por la salvación del género humano. ¡O mi Salvador! Os ruego que inflaméis nuestros corazones con el deseo de dirigirnos hacia la perfección, en todas nuestras obras. Extinguid en nosotros la concupiscencia carnal y el ardor de los apetitos mundanos. Amén.



Octava Oración


Padrenuestro - Ave María.

¡O Jesús, Dulzura de los corazones y Deleite del espíritu! Por el vinagre y la hiel amarga que habéis probado en la Cruz, por amor a nosotros, oíd nuestros ruegos. Concedednos la gracia de recibir dignamente Vuestro Sagradísimo Cuerpo y Sangre Preciosísima durante nuestra vida, y también a la hora de la muerte para servir de remedio y consuelo a nuestras almas. Amén.



Novena Oración


Padrenuestro - Ave Maria.

¡O Jesús, Virtud Real y Gozo del alma! Acordaos del dolor que habéis sentido, sumergido en un océano de amargura, al acercarse la muerte. Insultado y ultrajado por los judíos,

dijisteis en voz alta que habíais sido abandonado por Vuestro Padre Celestial, diciéndole: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"

Por ésta angustia, Os suplico, O mi Salvador, no me abandonéis en los terrores y dolores de mi muerte. Amén



Décima Oración


Padrenuestro - Ave María.

¡O Jesús, Principio y Fin de todas las cosas, Sois la Vida y la Virtud plena! Acordaos que por causa nuestra fuisteis sumergido en un abismo de penas, sufriendo dolor desde la planta de los Pies hasta la cima de la Cabeza. En consideración a la enormidad de Vuestras Llagas, enseñadme a guardar con amor puro todos Vuestros Mandamientos; cuyo camino es amplio y agradable para todos aquellos que Os aman. Amén.



Undécima Oración


Padrenuestro - Ave María.

¡O Jesús! ¡Abismo muy profundo de Misericordia! En memoria de las Llagas que penetraron hasta la médula de Vuestros Huesos y Entrañas, para atraerme hacia Vos; presento esta súplica. Yo, miserable pecador, profundamente sumergido en mis ofensas, pido que me apartéis del pecado. Ocultadme de Vuestro Rostro tan justamente irritado contra mí. Escondedme en los huecos de Vuestras Llagas hasta que Vuestra cólera y justísima indignación hayan cesado. Amén.



Duodécima Oración


Padrenuestro - Ave María.

¡O Jesús, Espejo de la Verdad, Sello de la Unidad, y Vínculo de la Caridad! Acordaos de la multitud de Llagas con que fuisteis heridos, desde la Cabeza hasta los Pies. Esas Llagas fueron laceradas y enrojecidas, O Dulce Jesús, por la efusión de Vuestra adorable Sangre. ¡O, qué dolor tan grande y repleto habéis sufrido por amor a nosotros, en Vuestra Carne virginal!


¡Dulcísimo Jesús! ¿Qué hubo que hacer por nosotros que no habéis hecho? Nada falta. ¡Todo lo habéis cumplido! ¡O amable y adorable Jesús! Por el fiel recuerdo de Vuestra Pasión, que el Fruto meritorio de Vuestros sufrimientos sea renovado en mi alma. Y que en mi corazón, nuestro Amor aumente cada día hasta que llegue a contemplaros en la eternidad. ¡O Amabilísimo Jesús! Sois el Tesoro de toda alegría y dicha verdadera, que os pido concederme en el Cielo. Amén.



Décima—Tercera Oración


Padrenuestro — Ave María.

¡O Jesús, fuerte León, Rey inmortal e invencible! Acordaos del inmenso dolor que habéis sufrido cuando, agotadas todas Vuestras fuerzas, tanto morales como físicas, inclinasteis la Cabeza y dijisteis: "Todo está consumado."

Por esta angustia y dolor, Os suplico, Señor Jesús, que tengáis piedad de mí en la hora de mi muerte cuando mi mente estará tremendamente perturbada y mi alma sumergida en angustia. Amén.



Décima—Cuarta Oración


Padrenuestro — Ave María.

¡O Jesús, único Hijo del Padre Celestial, esplendor y semejanza de Su Esencia! Acordaos de la sencilla y humilde recomendación que hicisteis de Vuestra Alma, a Vuestro Padre Eterno, diciéndole: "¡Padre, en Tus Manos encomiendo Mi Espíritu!" Desgarrado Vuestro Cuerpo, destrozado Vuestro Corazón, y abiertas las Entrañas de Vuestra misericordia para redimirnos, habéis expirado. Por Vuestra Preciosa Muerte, Os suplico, O Rey de los santos, confortadme para resistir al demonio, la carne y al mundo. A fin de que, estando muerto al mundo, viva yo solamente para Vos. Y a la hora de mi muerte, recibid mi alma peregrina y desterrada que regresa a Vos. Amén.




Décima-Quinta Oración


Padrenuestro - Ave María.

¡O Jesús, verdadera y fecunda Viña! Acordaos de la abundante efusión de Sangre que tan generosamente habéis derramado de Vuestro Sagrado Cuerpo. Vuestra preciosa Sangre fue derramada como el jugo de la uva bajo el lagar. De Vuestro Costado perforado por un soldado, con la lanza, ha brotado Sangre y agua, hasta no quedar en Vuestro Cuerpo gota alguna. Finalmente, como un haz de mirra, elevado a lo alto de la Cruz, la muy fina y delicada Carne Vuestra fue destrozada; la Sustancia de Vuestro Cuerpo fue marchitada; y disecada la médula de Vuestros Huesos.

Por ésta amarga Pasión, y por la efusión de Vuestra preciosa Sangre, Os suplico, 0 dulcísimo Jesús, que recibáis mi alma, cuando yo esté sufriendo en la agonía de mi muerte. Amén.

 


Conclusión


¡O Dulce Jesús! Herid mi corazón a fin de que mis lágrimas de amor y penitencia me sirvan de pan, día y noche. Convertidme enteramente, O mi Señor para ti. Haced que mi corazón sea Vuestra Habitación perpetua. V que mi conversación Os sea agradable. Que el fin de mi vida sea digna de oración y que después de mi muerte pueda merecer Vuestro Paraíso; y alabaos para siempre
en el Cielo con todos Vuestros santos. Amén



jesus-passion.com


miércoles, 18 de agosto de 2021

DEVOCIÓN A LA SANTA CRUZ DE JERUSALEN

 

Oración, Santa Cruz de Jerusalén.

 


 * Devoción a la Santa Cruz de Jerusalén *



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 Esta oración fue encontrada sobre la tumba de Jesucristo en 1509 y enviada por el Papa al emperador Carlos, cuando partió con sus ejércitos a combatir a sus enemigos y este la envió después a San Félix en Francia.


 Quien leyere esta oración, la oiga leer o la lleve consigo, no se quemará, no se ahogará no podrá ser envenenado con ningún veneno, caer en manos de sus enemigos o ser vencido en las batallas. 


Cuando una mujer en cinta lee, oye leer o lleva consigo esta oración, saldrá pronto de su cuidado, será siempre tierna madre colocando siempre la misma oración a la derecha de su criatura cuando haya nacido, le preservará de 82 accidentes.


 El que lleve esta oración consigo nunca se verá atacado de epilepsia y cuando vea caer en la calle a cualquier persona con este mal, basta colocar esta oración a su derecha para que se levante como si nada le hubiera pasado. 


El Señor ha dicho que bendecirá al que imprima esta oración para sí o para otras; el que se burle de ella o la desprecie, recibirá el castigo del cielo. 


La casa que tenga esta oración se verá exenta de los peligros del rayo y del trueno y el que la diga diariamente recibirá 3 días antes de su muerte aviso del cielo. 


 


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 El que lleve esta oración consigo nunca sufrirá de epilepsia, y cuando se vea que una persona cae atacada por este mal, bastará colocar esta oración a su derecha para que se levante como si nada hubiera pasado. El Señor ha dicho que se bendecirá al que escriba esta oración para sí o para otros. El que se burle de ella o la desprecie recibirá el castigo del cielo. La casa que tenga esta oración se verá exenta de los peligros del rayo y del trueno, y el que la diga diariamente recibirá tres días antes de su muerte el aviso del cielo.


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Oración, Santa Cruz de Jerusalén.

 



 ¡Oh, Santa Cruz!, madero hermoso en donde murió mi Señor, para darme eterna luz y librarme del contrario, ante ti me humillo y reverente imploro a mi Señor Jesucristo que por los padecimientos que sobre ti recibió en su santísima Pasión, me conceda los bienes espirituales y corporales que me convengan.

 

Elevada ante el mundo eres faro luminoso que congregas a tu alrededor a la cristiana grey para entonar cantos de gloria al Cristo Rey, al Dios Hombre, que siendo dueño de todo lo creado, permitió ser crucificado sobre ti para la redención del género humano. 


Sobre ti se operó el asombroso misterio de la redención del mundo; desde entonces, libre el cristiano del pecado original, puede llamarse hijo de Dios Eterno y aspirar a la gloria celestial ¡Bendita seas! Por los siglos de los siglos fuiste entre los paganos signo de baldón y afrenta; y hoy eres emblema del cristiano y esperanza para ser perdonado por el sublime sacrificio de mi Señor Jesucristo, a quién esperamos servir y honrar por toda la eternidad. Amén.


 Santa Cruz donde mi Jesús expiro para darnos luz, yo te doy mi reverencia, ¡oh, preciosa y Santa Cruz! El camino que nos marques en el mundo seguiremos, que a la Cruz siempre abrazados con su signo venceremos. 


A tus plantas hoy me encuentro, mi Divino Redentor. ¡ay!, que con santa paciencia cargue en el mundo mi cruz.


 La Santa Cruz baje y extienda, y de todo mal y peligro la Santa Cruz nos defienda.


 ¡Oh, Dios omnipotente!, que sufriste en la cruz la muerte para redimirnos de nuestros pecados. 


¡Oh, Santa Cruz de Jesucristo!, sé mi verdadera luz.


 ¡Oh, Santa Cruz de Jesucristo!, ten piedad de mi.


 ¡Oh, Santa Cruz de Jesucristo!, sé mi esperanza.


 ¡Oh, Santa Cruz de Jesucristo!, aleja de mí toda arma cortante. 


¡Oh, Santa Cruz de Jesucristo!, derrama en mi alma el bien.


 ¡Oh, Santa Cruz de Jesucristo!, aleja de mí todo mal. 


¡Oh, Santa Cruz de Jesucristo!, hazme entrar en el camino de la salvación. 


¡Oh, Santa Cruz de Jesucristo!, aleja de mí todo temor a la muerte. 


¡Oh, Santa Cruz de Jesucristo!, presérvame de todos los accidentes temporales y corporales para que pueda adorarte siempre, así como a Jesús Nazareno, a quien imploro para que tenga piedad de mí. 


Haz que el espíritu maligno visible o invisible huya de mí por todos los siglos de los siglos. Amén.


  En honor de la preciosa sangre de Jesucristo y de su penosa muerte; en honor de su resurrección y de su encarnación divina, por medio de la cual puede conducirnos a la vida eterna. 


Que así como es cierto que Jesucristo nació en Navidad, que ha sido crucificado el Viernes Santo, que José, y Nicodemo bajaron a Jesucristo de la Cruz, y que subió al cielo, que así se digne liberarme de los ataques de mis enemigos, visibles e invisibles, desde hoy y por los siglos de los siglos. Amén.


 Dios Todo poderoso, en tus manos entrego mi alma, Jesús, María, José, Ana y Joaquín. Jesús mío, por la amargura que sufriste por mí en la Santa Cruz, principalmente cuando tu alma sagrada se separó de tu cuerpo, ten piedad de mi alma cuando se separe de este mundo. 


¡Oh, Jesús!, concédeme el valor de soportar mi cruz a imitación tuya. 


Enséñame a llevar con paciencia todos mis sufrimientos y que mi temor a ellos se convierta en virtud.


 Que la omnipotencia del Padre se digne cubrirme con la sabiduría del Espíritu Santo. 


Dígnate recibirme y conducir mi alma a la vida eterna. Amén. Amén. (Con Licencia Eclesiástica).




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viernes, 7 de mayo de 2021

MARÍA EN LA BIBLIA: LA NUEVA EVA

 María en la Biblia: La Nueva Eva (Inmaculada concepción)





Cuando hablamos de doctrinas marianas algunos se preguntan por qué la Biblia habla tan poco de María si realmente es tan importante y por qué la Iglesia en sus primerísimas décadas de vida no parecía ser tampoco consciente de su relevancia. Lo que vamos a ver aquí es que en realidad las cosas no son así. Es como cuando la luna sale de día; la luz del sol es tan potente que es fácil que la luna pase desapercibida si no te fijas en dónde está, pero está. La luz de Cristo hace que cualquier otra luz palidezca a su alrededor, pero si sabemos dónde mirar veremos que cuando la Biblia y los primeros cristianos nos hablan de María, no se necesitan muchas palabras para dejar clara su gran importancia.



En las primeras décadas del cristianismo las predicaciones, incluidos los textos bíblicos, son lógicamente muy cristocéntricos; se está lanzando la buena nueva de que Jesús es Dios y nos ha salvado y eso es casi lo único que importa, lo demás es para entender cómo eso es posible. Los restantes temas doctrinales pueden estar presentes, pero en un muy segundo plano y casi sin desarrollar. Cuando la Iglesia deja de ser principalmente comunidades pequeñas de conversos y empieza a haber mucha gente que se ha criado y vive en parte rodeada de la fe, entonces es cuando ese mensaje central se da ya por sentado y se empieza a buscar una mayor profundidad en las doctrinas; hay un lógico deseo de conocer más todos los detalles de la Verdad, no sólo su idea central. Y ahí es cuando se inicia un período de varios siglos (fundamentalmente desde mediados del II hasta el V) en el que los cristianos van profundizando en su fe y poco a poco va poniéndose el foco en cuestiones como cuál es la naturaleza de Jesús, qué son los sacramentos, la Trinidad, etc. No son cosas precisamente triviales y carentes de importancia, pero lo primero era lo primero, y hasta la segunda mitad del siglo II no se empiezan a desarrollar esos temas. Por eso no tiene nada de sorprendente que también el papel de María empiece a ser analizado con más detenimiento en ese mismo período, entre los siglos II y V, y siempre en paralelo con el desarrollo de la teología sobre Jesús, de modo que las doctrinas marianas son consecuencias lógicas de las doctrinas cristológicas que se van desarrollando, tal como nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica:


Lo que la fe católica cree acerca de María se funda en lo que cree acerca de Cristo, pero lo que enseña sobre María ilumina a su vez la fe en Cristo.


(CCC 487)

Lo que los evangelios nos dicen sobre María es de pocas palabras, salvo en Lucas, pero con eso les basta para hacer una serie de declaraciones sobre ella que resultan realmente sorprendentes, y más aún si ponemos lo que nos cuentan de ella bajo el contexto del resto de la Biblia y a la luz de lo que creían los judíos del siglo primero. En esta serie de artículos desvelaremos por qué muy pronto los cristianos empiezan a hacer unas declaraciones sobre María que resultan igualmente sorprendentes. Para ello vamos a ponernos en la mente de un judío del siglo primero.


TIPOLOGÍA


Antes de empezar con el tema de hoy tenemos que aclarar un concepto. No podemos entender bien quién es Jesús y cuál es su papel sin el Antiguo Testamento. En parte porque cuando Jesús hace o dice, lo realiza dentro de los moldes veterotestamentarios que conforman la mentalidad religiosa del judaísmo en la sociedad de su época y por tanto se explican mejor si conocemos y entendemos el Antiguo Testamento, y en parte por la tipología.


La palabra tipología deriva de tipo, del griego “typos”, que significa esbozo, boceto, y que suele traducirse por: tipo, figura, prefiguración. La Tipología, muy usada por la Iglesia primitiva, es el estudio de cómo en el Antiguo Testamento encontramos bocetos de Jesús o de otros personajes del Nuevo Testamento, pero al mismo tiempo lo que Jesús hace a veces no se puede entender bien si no lo ponemos en relación con lo que hicieron sus anteriores tipos. Es una forma de interpretar la Biblia que nos explica ya el mismo San Pablo. Así decimos por ejemplo que Moisés, José, Jonás, David, etc. son tipos (bocetos) de Jesús, pues cada uno de alguna forma son una prefiguración de lo que será Jesús y nos ayudan a entenderlo y contextualizarlo.


Pues bien, de igual modo ocurre con María. En el Antiguo Testamento tenemos “tipos” que nos explican quién es María, y lo que de ella se dice en la Biblia ha de entenderse también dentro de los moldes religiosos veterotestamentarios de los judíos del siglo primero. Hay detalles que para nosotros pasan desapercibidos pero que para un judío de esa época eran tremendamente reveladores, y así hay paralelismos entre el Antiguo y el Nuevo Testamento que arrojan una gran luz sobre quién era Jesús, pero también sobre quién era María. Empecemos por el principio, que precisamente nos llevará también al principio del Antiguo Testamento.



LA NUEVA EVA



El Nuevo Testamento nos presenta a Jesús como el nuevo Adán, cuya obediencia deshace la desobediencia del primer Adán:



Así pues, por medio de un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado entró la muerte, y así la muerte pasó a todos porque todos pecaron. Antes que hubiera ley, ya había pecado en el mundo; aunque el pecado no se toma en cuenta cuando no hay ley.  Sin embargo, desde el tiempo de Adán hasta el de Moisés, la muerte reinó sobre los que pecaron, aunque el pecado de éstos no consistió en desobedecer un mandato, como hizo Adán, el cual fue figura (typos) de aquel que había de venir. (…) Es decir, que por la desobediencia de un solo hombre, muchos fueron hechos pecadores; pero, de la misma manera, por la obediencia de un solo hombre, muchos serán hechos justos. [lea el pasaje completo] (Romanos, 5:12-14, 19)


También menciona esta “tipología” de forma explícita en otra carta suya:


Y así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos tendrán vida. … Así dice la Escritura: «El primer hombre, Adán, se convirtió en un ser viviente»; pero el último Adán se convirtió en espíritu que da vida.


(1 Corintios 15:22, 45)

Este papel de Jesús como Nuevo Adán (el hombre nuevo) fue lógicamente continuado por la Iglesia primitiva, y así lo vemos en los primeros Padres, como Ireneo, Clemente de Alejandría, Orígenes, Atanasio, Gregorio Nacianceno, etc.


Cuando miramos a Jesús a través de los ojos de San Pablo, como Nuevo Adán, comprendemos que la salvación no consistía simplemente en rescatar pecadores del infierno, sino que Jesús vino a deshacer los efectos de la Caída protagonizada por el hombre (Adán) para así posibilitar la restauración del estado de gracia que la humanidad tenía antes de la ella.


Pero si San Pablo tiene razón en su planteamiento, y evidentemente la tiene pues este razonamiento se encuentra en la Biblia, tenemos que analizar más despacio este tema y ver que la Caída no fue exclusivamente culpa de Adán. De hecho el papel de Eva fue fundamental, pues ella fue la que haciendo caso a la Serpiente (Satanás) causó la caída de ambos y abrió las puertas a que el pecado entrara en el mundo y lo corrompiera. No podemos pensar en que Adán nos trajo el pecado como si Eva no hubiera hecho nada. Por lo tanto, si Jesús es el Nuevo Adán que deshace el pecado del primero, surge una pregunta obvia, ¿quién es la Nueva Eva?



No nos puede resultar extraño ver que cuando la Iglesia primitiva quiere expresar que María tiene un papel verdaderamente singular, sólo por debajo del mismo Jesús, lo haga con la doctrina de María como Nueva Eva. Si con Adán y Eva entró el pecado en el mundo, el Nuevo Adán (Jesús) y la Nueva Eva (María) nos traen la salvación: Jesús porque él nos salva, y María porque colaboró con el plan divino. Pero no sólo eso, si Jesús y María son el Nuevo Adán y la Nueva Eva es porque ambos son en sí mismos la antítesis de Adán y Eva caídos. Ambos suponen el regreso al mundo del hombre puro y la mujer pura, tal como fueron Adán y Eva antes de la Caída, y por tanto representan el culmen de lo que el hombre y la mujer pueden ser cuando no está en ellos la mancha del pecado.


San Pablo nos dice que por la desobediencia del primer Adán entró el pecado en el mundo y por la obediencia del Nuevo Adán muchos serán salvados. Puesto que es incuestionable afirmar que también por la desobediencia de la primera Eva entró el pecado en el mundo, también podemos decir que por la obediencia de la Nueva Eva la salvación llegó al mundo. cuando Dios maldijo a la serpiente en el Paraíso hizo un anuncio de esperanza para la humanidad:


“Por haber hecho esto, maldita seas entre todos los animales domésticos y entre todos los animales del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre, y comerás polvo todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo. Él te herirá la cabeza y tú le herirás el talón.”


(Génesis 3:14-15)

La descendencia de Eva aplastará la cabeza de la serpiente (destruirá el pecado). Esa profecía que se refería a Eva se hace realidad en María, pues su descendencia (Jesús) destruyó el pecado.


EN LA IGLESIA PRIMITIVA

San Justino Mártir nació en Palestina en el año 100 aproximadamente. Es el primer teólogo cristiano, y ya nos encontramos en él este embrión de lo que serán las doctrinas marianas, una prueba de que para la Iglesia María nunca fue una simple mujer más.


“Cristo […] nació de la Virgen como hombre, a fin de que por el mismo camino que tuvo principio la desobediencia de la serpiente, por ese también fuera destruida. Porque Eva, cuando aún era virgen e incorrupta, habiendo concebido la palabra que le dijo la serpiente, dio a luz la desobediencia y la muerte; pero María, la virgen, concibió fe y gozo cuando el ángel Gabriel le dio la buena noticia de que el Espíritu del Señor vendría sobre Ella y que la virtud del Altísimo la cobijaría con su sombra, por lo cual lo nacido de Ella, santo, sería Hijo de Dios; a lo que respondió Ella: “Hágase en mí según tu palabra”. Y de la virgen nació Jesús, al que hemos demostrado que se refieren tantas Escrituras, por quien Dios destruye a la serpiente y a los ángeles y hombres que a ella se asemejan”.


(Justino Mártir, “Diálogo con Trifón” n.100, c. año 160)

Aquí se compara a María con Eva, cuando era “virgen e incorrupta” (inmaculada, sin pecado), pero a partir de esa similitud son presentadas como antítesis, igual que ocurría con Jesús y Adán. Eva obedece a la Serpiente y nos trae el pecado, María obedece a Dios y nos trae -por medio de su hijo- la salvación, y su hijo Jesús es esa descendencia que “destruye a la serpiente” tal como se le prometió a Eva.


No es esta una mera figura alegórica que San Justino use casualmente, sino que esa misma idea viene reflejada en la Biblia y también veremos que se repite una y otra vez en la teología cristiana de esos siglos primeros. Lo que vemos en Justino es el primer texto en donde dicha teología se expone explícitamente, pero no por una innovación, sino por explicar lo que en el evangelio se mostraba ya implícito. Al principio tenemos a Adán y Eva junto al árbol prohibido dando con su desobediencia entrada a la Serpiente/Satanás, y al final tenemos a Jesús y María junto al árbol de la cruz destruyendo, con su obediencia, a esa misma Serpiente.



Todo eso y más lo encontramos poco después en la teología de San Ireneo, que recordemos fue discípulo de San Policarpo, quien a su vez era discípulo de San Juan, el apóstol que se llevó a María a su casa y por tanto el que mejor la conoció. Para él el papel salvador de Jesús consistió en deshacer el nudo que había creado Adán (lo mismo que nos dijo San Pablo), por eso, afirma, San Lucas al dar la genealogía de Jesús empieza por el Señor y va hacia atrás hasta Adán, como deshaciendo el camino (Lucas 3:23ss). Para su teología, esta noción de deshacer el desaguisado es fundamental, y el papel que representa María como Nueva Eva, es casi tan fundamental deshaciendo el nudo como el que tuvo Eva a la hora de hacernos el nudo. En su libro “Contra los Herejes” (c. año 180) llega a decirnos cosas como:


“Eva, todavía virgen, se hizo desobediente y llegó a ser, para sí misma y para todo el género humano, causa de muerte. María, virgen obediente, se convierte para sí misma y para todo el género humano en causa de salvación […]. De María a Eva se reimplanta el mismo circuito, porque no hay otro modo de desatar lo que ha sido atado sino retomando el sentido contrario los cabos de la ligadura […]. De este modo la desobediencia de Eva ha sido rescatada por la obediencia de María, ya que lo que la virgen Eva ligó con la incredulidad, María lo desligó con la fe”.


(fragmentos del libro III, 3.10.4)

El papel que Ireneo concede a María es de tal magnitud, que no podría haber imaginado algo así por sí mismo si ello le hubiera puesto en contradicción con las doctrinas enseñadas por el apóstol San Juan a su maestro Policarpo. Y en efecto, de Juan debe de proceder ese concepto. Pero si Juan era consciente de que María ejercía un papel tan singular ¿por qué no lo dejó reflejado en su evangelio incluso con más ahínco que San Lucas? La respuesta es que sí lo hizo, pero al modo de Juan, usando un lenguaje teológico que apunta más allá de la superficie, como luego veremos.


Para los que aún afirman que la Iglesia primitiva ignoraba a María y que no fue hasta la Edad Media cuando se inventaron las doctrinas marianas, debe de ser muy desconcertante descubrir que ya en el siglo II un discípulo de segunda generación del mismo apóstol San Juan estaba diciendo que María es “causa de salvación para todo el género humano“. En Ireneo encontramos esta teología de María como Nueva Eva sorprendentemente desarrollada para ser un texto tan temprano. Para él Eva era un esbozo antropológico de la mujer, una especie de proyecto fallido, mientras que María suponía la perfección de ese proyecto. Si Jesús, además de Dios, era el modelo de hombre perfecto, María era el modelo de mujer perfecta. Evidentemente Ireneo se limita en todo punto a comparar a María y a Eva en cuanto a creaturas que son ambas, en ningún momento sugiere que María pueda compartir con Jesús algo de su divinidad, pero el caso es que ya en el siglo segundo nos encontramos con que uno de los más importantes y más tempranos padres de la Iglesia tiene un concepto de María que en esencia es tan elevado como pueda serlo en la Edad Media o en la actualidad, aunque su teología mariana no esté, lógicamente, tan elaborada.


EN EL NUEVO TESTAMENTO



Veamos ahora dos pasajes bíblicos que frecuentemente causan extrañeza por la manera tan fría que parece tener Jesús al dirigirse a su madre:


“Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino». Jesús le respondió: «Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía».”


(Juan 2:3-4)

Algunos se atreven a interpretar esto como que Jesús trata a su madre con falta de respeto, lo que tal vez les venga bien para predicar que María no merece ningún trato especial. Si Jesús trata a su madre con cierto desdén, como si fuera una mujer cualquiera, está claro que nosotros no podemos venerarla. No se dan cuenta de que con ese argumento están acusando a Jesús de pecar contra el cuarto mandamiento (honrarás a tu padre y a tu madre). Incluso si María fuera una mujer como cualquier otra, para Jesús era su madre y le debe todo el respeto. Ningún judío de la época se habría dirigido a su madre con la palabra “mujer” sin ultrajarla.


Pero si vemos a Jesús llamar a su madre “mujer” la primera vez que Juan nos presenta a María, justo al inicio del magisterio de Jesús, veremos de nuevo lo mismo justo al final de su magisterio, cuando Jesús está en la cruz y un instante antes de morir se dirige de nuevo a su madre:


“Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre». Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.”


(Juan 19:25-27)

Aquí resulta incluso más extraño, pues le dice a Juan “Aquí tienes a tu madre”, y él ¿a su propia madre le llama “mujer”? Esto lo dice con sus últimas palabras, dedicando su último aliento a dejar a su madre, viuda y ahora sin hijos, al cuidado de Juan. Es un momento de enorme solemnidad, no es el momento de hacer tonterías. Si en las bodas de Caná nos quedó alguna duda, aquí a los pies de la cruz está claro que ese nombre, “Mujer”, no es ninguna banalidad, sino todo lo contrario. Pero si queremos encontrar la respuesta a este enigma no tendremos que movernos mucho, porque la encontraremos en la misma Biblia.


EN EL ANTIGUO TESTAMENTO


Si preguntamos a cualquier cristiano cómo se llamaba la primera mujer, todos dirán que Eva. Lo que pocos saben es que ese no fue su primer nombre. Cuando Dios creo a los animales los hizo desfilar delante de Adán para que les pusiera nombre a todos. Luego Dios creó a la mujer y Adán también le puso nombre, pero no fue “Eva”, sino otro:


“El hombre exclamó: «¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará Mujer (Ishah), porque del hombre (ish) ha sido sacada».”


(Génesis 2:23)

Por lo tanto la primera mujer se llamó Mujer, en hebreo Isha, en griego Gyné, y así se refiere a ella el Génesis cada vez que la menciona. Entonces ¿de dónde nos viene el nombre de Eva? También del Génesis, pero ese nuevo nombre se lo pone Adán después de la Caída. En la Biblia estamos acostumbrados a ver muchos casos en los que una persona es llamada a una nueva vida mejor, y recibe un nombre nuevo (Abrám: Abraham, Sarai: Sara, Jacob: Israel, Simón: Pedro, Saulo: Pablo). En este caso ocurre lo mismo, se le da a Mujer un nuevo nombre, aunque no por iniciar una vida mejor sino peor. Cuando la inmaculada Mujer cae en el pecado, Adán, quien le dio el nombre de Mujer, le cambió el nombre a Eva:


“Ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, de donde fuiste sacado. ¡Porque eres polvo y al polvo volverás!». El hombre dio a su mujer el nombre de Eva, por ser ella la madre de todos los vivientes.”


(Génesis 3:19-20)


Sólo dos veces aparece el nombre de Eva en la Biblia, en este momento de la Caída, y en el capítulo siguiente, en donde de nuevo lo vemos asociado al pecado:


“El hombre se unió a Eva, su mujer, y ella concibió y dio a luz a Caín.”


(Génesis 4:1)

Por lo tanto tenemos a Mujer, inmaculada, y a Eva, pecadora, como dos fases radicalmente opuestas de la compañera de Adán. Si San Juan quiere mostrarnos a María como la Nueva Eva, es lógico que no la llame Eva (pecadora) sino Mujer (sin mancha), pues María es la plenitud de Eva. Eso explica por qué cuando Juan nos muestra a María al principio del magisterio de Jesús, en Caná, y al final de su magisterio, en la cruz, Jesús se dirija en ambos casos a ella llamándole Mujer (y no Eva). Si la primera Eva invitó al primer Adán a cometer el primer pecado, ahora en Caná María, la nueva Eva, invita al Nuevo Adán a realizar su primer milagro. Eva inició la Caída, María pone en marcha la salvación.


En Caná el mensaje que encierran las palabras de Jesús es sobre sí mismo: si María es Mujer, la Nueva Eva, él es el Nuevo Adán según la teología de San Pablo, el que nos salvará de las consecuencias del pecado del Adán primero. En la cruz sin embargo el mensaje es sobre su madre: si María es “Mujer”, entonces es inmaculada, pues el pecado llegó a la Creación cuando Eva mordió la manzana, que es cuando Mujer pasó a llamarse Eva. Más aún, si Jesús hubiera dicho “Mamá, aquí tienes a tu hijo. Juan, ahí tienes a tu madre”, entonces todo habría quedado entre María y Juan. Pero lo que dice Jesús es:


“«Mujer, aquí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre»”.



Al referirse a su madre con el nombre primigenio de Eva, que como dice el Génesis es “la madre de todos los vivientes” y luego referirse a Juan con el genérico nombre de “el discípulo”, lo que está haciendo Jesús es transformar ese nuevo parentesco en figura (typos) de algo mucho más trascendente: María pasa a ser la madre de todos los discípulos de Jesús, es decir, de todos los cristianos. Dicho de otra forma, María no sólo es madre nuestra, sino también madre de la Iglesia (el conjunto de los discípulos de Jesús). Al mismo tiempo, si María pasa a ser nuestra madre, Jesús es nuestro hermano, y con más razón aún su Padre celestial es nuestro Padre. Jesús, además de asegurando la vejez de su madre, nos está incorporando a todos a su propia familia.


Para captar mejor este asunto y ver más claramente que Jesús está llamando a su madre con el nombre de la primera mujer, podríamos utilizar la palabra hebrea con la que se nombró a Eva: Ishah. Las anteriores citas quedarían entonces así:


“El hombre exclamó: «¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará Ishah, porque del ish ha sido sacada».”


(Génesis 2:23)

“Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino». Jesús le respondió: «Ishah, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía».”


(Juan 2:3-4)

“«Ishah, aquí tienes a tu hijo»… Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre»”.


(Juan 19:26-27)

Para un judío de la época, ese uso de sobrenombres para referirse a alguien tratándole como representación de algo no tiene nada de extraño, como decir que Jesús es Enmanuel. Cuando Jesús quiso decirle a Pedro que estaba funcionando como el tentador no le dijo “pareces un diablo”, sino que le llamó por el nombre correspondiente y dijo “apártate de mí, Satanás” (Mateo 16:23). Por el mismo mecanismo, cuando quiere referirse a su madre como que está funcionando en su papel de Nueva Eva, le llama directamente Ishah (Mujer), igual que hizo con Pedro.


En San Pablo vemos la doctrina de Jesús como el Nuevo Adán, en San Juan vemos la doctrina de María como la Nueva Eva. En realidad ambos hablan de lo mismo desde dos puntos de vista distintos, pues si Jesús es el Adán primigenio, María es la primigenia Eva y viceversa, porque si el pecado vino al mundo mediante la colaboración de ambos, la salvación también llegó mediante la colaboración de los nuevos Adán y Eva. Efectivamente, los vemos juntos en el instante de la Caída:


“Cuando la mujer vio que el árbol era apetitoso para comer, agradable a la vista y deseable para adquirir discernimiento, tomó de su fruto y comió; luego se lo dio a su marido, que estaba con ella, y él también comió.”


(Génesis 3:6)


Y los vemos juntos en el momento de la Redención:


“Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.”


(Juan 19:25)

Para un protestante resulta escandalosa la idea de que María colabore con Jesús en la redención de alguna forma, pues sólo Dios salva. Para un católico, como lo era San Juan, el concepto de que el hombre colabore con Dios en la salvación es un concepto natural. Nosotros no somos sujetos pasivos de un Dios que hace y deshace con nosotros lo que quiere. Toda la Historia de la Salvación, y también nuestras individuales historias de salvación, son un actuar de Dios en colaboración con el hombre, por eso Dios eligió a un Pueblo, por eso sacó a su pueblo de Egipto mediante el brazo de Moisés, por eso nos abrió las puertas del cielo pero deja que nosotros decidamos caminar o no hacia ellas, por eso Jesús empezó su magisterio gracias al empujón que le dio María en Caná, por eso en la cruz no sólo sufrió Jesús, sino que a sus pies a María se le destrozó el corazón, tal como le había profetizado Simeón:


“Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos”.


(Lucas 2:34-35)



Es evidente que Dios pudo habernos salvado sin ayuda de nadie, que pudo haber sacado a su pueblo de Egipto sin ayuda de Moisés, que pudo habernos redimido sin ningún proceso de Pueblo Elegido y sin ni siquiera encarnarse, pero por la razón que sea decidió hacer todo con nuestra colaboración, y así sigue siendo. Pero si alguien piensa que el sufrimiento de María no añade nada a los padecimientos de Jesús, entonces que le pregunten a San Pablo qué quiso decir cuando escribió:


“Ahora me alegro de poder sufrir por ustedes, y completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia.”


(Colosenses 1:24)

Si San Pablo se atreve a decir que con su sufrimiento está contribuyendo al bien de la Iglesia, cooperando con Jesús, nadie puede decir que María con su sufrimiento a los pies de la cruz no hizo como poco lo mismo. San Juan, con su teología de la Nueva Eva, nos afirma que sí. Pero hay más.


EN EL APOCALIPSIS

San Juan es también el autor del Apocalipsis, el último libro de la Biblia. Este libro de visiones en donde todo son alegorías y símbolos, algunos allí mismo explicados y la mayoría no (porque están sacados del Antiguo Testamento), hace también alusiones al Génesis. Además de todas las alusiones a Dios, los santos y los ángeles, en este relato sobre la consumación de los tiempos vemos la exaltación de varios personajes que adquieren proporciones épicas:


Cristo Rey: 


El Jesús humilde y asesinado aparece en el Apocalipsis como el Rey victorioso y juez, el Pantocrátor, el León de Judá que dirigiendo los ejércitos celestiales va a derrotar a las fuerzas del mal y hacer justicia sobre todo y todos.



El Portento: 



La figura exaltada de María convertida en un personaje de dimensiones cósmicas.



El dragón:


 Satanás en su máximo esplendor, alcanzando lo más alto de su malvada gloria antes de ser destruido definitivamente. (El griego “drakon” se puede traducir indistintamente por dragón o por serpiente).


Estos tres personajes, que aquí son exaltados, recrean una vez más la historia del Génesis, pero ahora no tenemos a Adán y Eva siendo seducidos por la serpiente y trayendo el pecado, sino al Nuevo Adán y la Nueva Eva venciendo sobre la serpiente y destruyendo el pecado. Si en el Nuevo Testamento San Juan expuso sutilmente su teología de la Nueva Eva, en el Apocalipsis la desarrolla aún más. Puede leer la escena completa en Apocalipsis 12, aquí reproduciremos los fragmentos más significativos:


Y apareció en el cielo un gran signo: una Mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza. Estaba embarazada y gritaba de dolor porque iba a dar a luz. Y apareció en el cielo otro signo: un enorme Dragón rojo como el fuego. […] El Dragón se puso delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo en cuanto naciera. La Mujer tuvo un hijo varón que debía regir a todas las naciones con un cetro de hierro. Pero el hijo fue elevado hasta Dios y hasta su trono.


Aquí vemos a María de nuevo referida como “Mujer”. Por un lado la identificación con María está clara porque esta mujer está embarazada y da a luz “un hijo varón que debía regir todas las naciones con un cetro de hierro”, en clara referencia al Mesías. Este niño “debía regir…” porque así lo había profetizado el salmo 2, un salmo mesiánico donde se anuncia que el Mesías gobernará a todas las naciones “con un cetro de hierro”, no de oro como sería de esperar, en alusión a que traerá justicia con rigor. Si ese hijo varón es Jesús, entonces la mujer que lo da a luz es su madre, María. A continuación se describe lo que en el credo decimos como “y subió al cielo y está sentado a la diestra de Dios Padre” (el hijo fue elevado hasta Dios y hasta su trono). Pero por otro lado las referencias al Génesis se confirman porque ese dragón o serpiente que acecha es el mismísimo Satanás tal como se representó en el Génesis. Y por si alguien duda, el propio Juan nos lo aclara:


Y así fue precipitado el enorme Dragón, la antigua Serpiente, llamada Diablo o Satanás, y el seductor del mundo entero fue arrojado sobre la tierra con todos sus ángeles. (…) Ellos mismos [los mártires] lo han vencido, gracias a la sangre del Cordero y al testimonio que dieron de él, porque despreciaron su vida hasta la muerte.


Todo el Apocalipsis es muy cristocéntrico, pero en este capítulo la figura central (no de la historia global pero sí de esta escena) es la Mujer cósmica, la misma que ha dado a luz al Mesías. Y esa mujer no es una mujer ordinaria, no se limita a ser la madre del Mesías, sino que su poder aparece simbolizado en esa figura “revestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza”. No es una simple mujer, es una reina cósmica, o dicho con palabras de la teología católica, Reina del Cielo, pues de aquí viene tal denominación. Y a continuación se nos describe cómo el dragón, no pudiendo vencer al Mesías, centra su odio contra la segunda figura más importante, la Mujer.


El Dragón, al verse precipitado sobre la tierra, se lanzó en persecución de la Mujer que había dado a luz al hijo varón. Pero la Mujer recibió las dos alas de la gran águila para volar hasta su refugio en el desierto, donde debía ser alimentada durante tres años y medio, lejos de la Serpiente. La Serpiente vomitó detrás de la Mujer como un río de agua, para que la arrastrara. Pero la tierra vino en ayuda de la Mujer: abrió su boca y se tragó el río que el Dragón había vomitado. El Dragón, enfurecido contra la Mujer, se fue a luchar contra el resto de su descendencia, contra los que obedecen los mandamientos de Dios y poseen el testimonio de Jesús.


Vemos que también le ha resultado imposible vencer a la Mujer, es decir, mancharla con el pecado, pues si María es la Mujer del Génesis, es inmaculada (no en vano esta imagen del Portento es la que se usa en el catolicismo para representar la iconografía de la Inmaculada), pero el propio pasaje aquí muestra la diferencia. Jesús es inmaculado por sí mismo, porque es Dios, María es inmaculada, fuera del alcance de Satanás, porque recibe ayuda divina (las alas del águila, la tierra que se traga el río), es decir, si ella es inmaculada es porque Jesús es su salvador.


Los tres años y medio que la mujer pasa en el desierto a salvo se explican por una antigua tradición que dice que después de Pentecostés, cuando empieza a haber problemas, los discípulos deciden que Juan se lleve a María lejos de Jerusalén para ponerla a salvo (3’5 años no es un tiempo literal). Juan se la llevó a Éfeso. Es curioso que María sea llevada a su refugio por “las dos alas de la gran águila”, y el apóstol Juan, que fue quien la llevó, sea tradicionalmente identificado con el águila. La mención al refugio en el desierto (Éfeso no está en el desierto) es también una alusión a cuando el Niño corrió peligro al nacer y San José se los llevó a Egipto para ponerlos a salvo. En esta escena del Apocalipsis se funden varias escenas de la vida de Jesús (y de María): parto en Belén, matanza de los Santos Inocentes, huida a Egipto, muerte en la cruz, Ascensión, huida a Éfeso, matanza de los cristianos perseguidos. Y todo ello mezclado con la simbología del Génesis.


Se podría escribir un libro entero sobre este capítulo del Apocalipsis, pero no es ese el objetivo aquí, sino sólo reflejar cómo San Juan nos habla de su visión de María. Aun así conviene comentar brevemente la interpretación que se ha dado a esta Mujer del Apocalipsis. La mayoría de los teólogos protestantes y algunos católicos afirman que esa Mujer no es María, sino que simboliza a la Iglesia.


Es posible que sí simbolice la Iglesia, pero eso no quita lo evidente, que es María. En la Biblia, y más aún en el Apocalipsis, nos encontramos a menudo con diferentes capas de interpretación. Los tres protagonistas de esta escena son personajes bíblicos individuales y al mismo tiempo son también símbolos de tres colectivos, sin que un valor anule o disminuya el otro. El dragón (o serpiente) es descrito con siete coronas, símbolo del poder humano, de los gobernantes, así que además de ser el mismo Satanás que en la Caída venció y ahora al final de los tiempos será derrotado, también representa a los poderes corruptos de este mundo (gobiernos, dirigentes, poderosos), como veremos más claramente en los capítulos siguientes. El niño, que es Jesús, también es aquí símbolo de los cristianos perseguidos por esos dirigentes perversos, por eso su Ascensión al cielo simboliza a los mártires, que muertos en la persecución van al cielo y escapan de las garras del dragón, y al final se nos habla de que el dragón se dedica a perseguir “al resto”, a los otros cristianos que aún siguen en la tierra. Y la Mujer es María, la que da a luz al Mesías, pero al mismo tiempo simboliza a la Iglesia. Si las otras dos figuras son individuos pero también simbolizan algo más amplio, es de esperar que la Mujer sea también un individuo que simboliza algo más amplio.


Personaje Identidad Símbolo


El Dragón/Serpiente Satanás Dirigentes malvados


El Niño Jesús Los mártires


La Mujer María La Iglesia



En esta escena del capítulo 12 aparece también San Miguel, los demonios, los ángeles, los mártires y los discípulos de Jesús. Todos ellos son también seres concretos e individuales, al igual que Satanás y Jesús. Así que no tiene mucho sentido pensar que todos los personajes de este capítulo son personajes reales (independientemente de que además puedan simbolizar algo) excepto la Mujer que da a luz al Mesías.


Según el funcionamiento de los símbolos del Apocalipsis es más que probable que tengamos esta doble capa de interpretación, pero de todas formas la identificación de María con la Iglesia no está, en nuestra opinión, demasiado clara por varios motivos. Primero porque más adelante tendremos otra escena, las Bodas del Cordero (Apocalipsis 19:7-8), en donde Jesús, en forma de Cordero, se casa con su novia, mujer vestida de blanco que representa a la Iglesia. Quienes dicen que esa mujer de blanco es la misma Mujer coronada de estrellas del Portento, no tienen que estar necesariamente equivocados, pues todo el libro es muy simbólico, pero narrativamente queda cuando menos chocante que por muy simbólico que sea este libro, se utilice un personaje (la Mujer) para representar a la madre del Mesías, y poco después esa misma mujer haga el papel de esposa del Mesías. Puestos a buscar símbolos, no había ninguna necesidad de repetir a la misma mujer en dos papeles tan incompatibles. Recuerda todo demasiado al pagano Edipo casándose con su madre.


Otro motivo que desaconseja pensar que esta mujer es la Iglesia es que el Apocalipsis la coloca vestida de sol y encima de la luna ¿Por qué encima de la luna? En la antigüedad se consideraba que este mundo estaba lleno de defectos, pero los astros eran perfectos, sin mancha ni mutación alguna. La luna marcaba justo la frontera entre el imperfecto ámbito de la tierra y el perfecto ámbito celeste porque aunque era un astro tenía manchas y era mutable (cambia de fases). De la luna para abajo (luna incluida) las cosas era el reino de la imperfección, de la luna para arriba era el reino de la perfección. Si la Mujer del Apocalipsis está encima de la luna quiere decir que era perfecta, al menos en el sentido de que no tenía mancha (inmaculada). El sol que la viste es la gracia de Dios que la llena (Lucas 1:28). Eso encaja con María como la Nueva Eva inmaculada, pero no encaja con una Iglesia que siempre se ha considerado pecadora.


Sólo la Iglesia triunfante es inmaculada, y aquí está la tercera pega, porque esa Iglesia está representada por el Niño (Jesús), no por la Mujer, que es su madre. El Dragón ataca al Niño pero éste es puesto a salvo en el cielo (lo cual representa a los mártires de la persecución, cuya alma queda fuera del alcance del diablo). Después ataca a María, y como no puede herir a ninguno de los dos al final “se fue a luchar contra el resto de su descendencia, contra los que obedecen los mandamientos de Dios y poseen el testimonio de Jesús”. Aquí tenemos de nuevo referencias claras al Génesis. Allí cuando Dios maldijo a la serpiente (el Dragón) le dijo, como ya vimos antes:


“Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo. Él te herirá la cabeza y tú le herirás el talón.”


(Génesis 3:15)



Lo que vemos en el Apocalipsis, y en particular en la escena del Portento es el cumplimiento de esta profecía. Juan nos explica que el Dragón es la serpiente del Génesis, y a María una vez más la llama Mujer, como la Eva inmaculada de antes de la Caída. En esta recapitulación no aparece el tercer protagonista, Adán, pero sí aparece el Nuevo Adán en forma de ese linaje o descendencia de María, el Niño. En Génesis Dios le dijo a la serpiente que el linaje de Eva la heriría en la cabeza y ella lo heriría en el talón. Parece que ambas partes van a luchar y hacerse daño, pero la victoria final es para el linaje de Eva, pues herir en el talón hace daño, pero aplastar la cabeza es mortal (el verbo que se usa en hebreo en ambos casos sería más exactamente “golpear”). El linaje de Eva, y volvemos con los niveles de interpretación múltiples, son por un lado la raza humana en general (todos descendientes de Eva) y por otro lado Jesús en concreto. Si María es la Nueva Eva, en ella se cumple la profecía de la primera Eva, así que podemos ver que efectivamente el linaje de María, o sea, Jesús, fue el que aplastó la cabeza de la serpiente, es decir, quien venció a Satanás, el que destruyó al mal.


Que el linaje de Eva es la raza humana entera es obvio, y el Génesis lo hace explícito cuando la llama “madre de todos los vivientes” (Génesis 3:20). Pero también se consideraba, sin excluir lo anterior, que cuando la profecía habla de que el linaje de Eva mataría a la serpiente, ese linaje de Eva se refiere en concreto al Mesías, y así lo vemos en escritos antiguos como estos:


Se encogerán de dolor cuando vean al Hijo del Hombre sentado en el trono de su gloria… Porque el linaje de la madre de los vivientes estaba oculto desde el principio.


(1 Enoch 62:5-7)

Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tus hijos y sus hijos… Para sus hijos, sin embargo, habrá remedio, pero para ti, oh serpiente, no habrá remedio alguno, pues ellos hallarán la calma en el final, en el día del Mesías Rey.


(Targum Neofiti, comentario judío sobre Génesis 3:15)


En cuanto a la serpiente hiriendo el talón, si consideramos al linaje de Eva como los seres humanos, se refiere al daño que el pecado hace en todos. Si consideramos al linaje de la Nueva Eva, Jesús, el daño de la serpiente fue causar su crucifixión. Pero falta un tercer nivel que en el Apocalipsis es fundamental, pues lo que se está narrando con estas escenas es la persecución que la Iglesia sufrirá en el fin de los tiempos, así que el daño que el diablo causará en el talón de la descendencia de la Nueva Eva (que también es madre de la Iglesia) se refiere a la persecución de los cristianos (varias escenas más tarde será cuando Jesús aplaste la cabeza de la serpiente arrojándola al mar de fuego). Que ese linaje de la Mujer se refiere a la Iglesia se ve más claro por lo ya dicho de que parte de ese linaje (los mártires) suben al cielo y “el resto” sigue en la tierra y se convierten en el objetivo de los ataques del dragón. Por lo tanto, si la Mujer es María y su descendencia (linaje) es por un lado el Niño (Jesús = los mártires = la Iglesia triunfante) y por otro lado el resto (los cristianos de la tierra = la Iglesia militante), entonces no puede ser la Mujer la que simbolice la Iglesia, sino que es el linaje de la Mujer quien sería la Iglesia. Además, la Mujer da a luz al Niño, que es Jesús; si representase a la Iglesia no tendría sentido esta imagen de parir al Mesías, pues es al revés, es el Mesías quien funda a la Iglesia.


María en esta escena se muestra como Inmaculada (en cuanto a que aparece como Nueva Eva), Reina del Cielo (puesto que aparece coronada y cósmica), y madre de la Iglesia y de todos los creyentes (puesto que su descendencia, sus hijos, son por un lado Jesús y por otro lado todos los cristianos). Por lo tanto el nivel superior de interpretación de la Mujer no sería un colectivo, sino una maternidad que englobaría a un colectivo. Podríamos representarlo así:


Personaje Función Individuo Símbolo de…


El Dragón El Mal Satanás Dirigentes malvados


El Niño El linaje de Eva Jesús Los mártires


La Mujer La Inmaculada Eva / La Madre de Jesús María Madre de la Iglesia y Madre de los cristianos


Interpretar aquí a la Mujer como un símbolo de la Iglesia no disminuiría ni estorba la interpretación obvia de que también está representando a María, pero esta otra interpretación parece que tiene mucha más lógica.


CONCLUSIÓN



Todo esto nos sirve para ver que incluso si sólo tuviéramos los escritos de San Juan, bastan para que un judío del siglo primero se dé cuenta de que María no es una mujer ordinaria, sino que tiene un papel muy principal sólo superada por el mismísimo Jesús. Además de colaboradora en la salvación que nos trajo Cristo, Jesús nos la presenta como madre de los creyentes y de la Iglesia. Su naturaleza de Nueva Eva también nos la presenta como inmaculada, pues entre otras cosas en la Biblia los typos (bocetos) del Antiguo Testamento son siempre inferiores a los personajes que representan su plena realización, y así como José o Jonás o Moisés o David son inferiores a Jesús, y como Elías es inferior a Juan Bautista (según el propio Jesús declaró en Mateo 11:9,11), igualmente Eva es inferior a María, y si Eva era la única mujer que había nacido sin pecado, María no sólo la igualó en ello sino que la superó, pues como nos señala el Apocalipsis, la serpiente que consiguió que Eva cayera no logró que María sucumbiera a sus ataques. Así lo reconoce el Catecismo de la Iglesia Católica, que cuando habla de María como Inmaculada nos recuerda que esta creencia hunde sus raíces en el concepto primitivo de la Nueva Eva, un concepto que fue defendido por toda la cristiandad primitiva, por padres de oriente y occidente, de Asia y África, y que encontramos en textos griegos, latinos y siríacos por igual, y ni una voz en contra, lo que demuestra hasta qué punto esta creencia tenía consenso en la cristiandad.


Y por último, para quienes por desconocimiento dicen que el dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado en 1854 por el Papa Pío IX, es otra innovación más sobre la Virgen, cerramos con una cita de San Efrén de Siria, en torno al año 350, que nos dice así:


“Tú solo, ¡Oh Jesús!, y tu Madre sois puros bajo todos los aspectos, y vuestra pureza supera la de cualquier otro, pues en Ti no hay mancha alguna, ni tampoco en tu Madre“


(Carmina Nisibena 27.8)




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