domingo, 5 de agosto de 2018

REPAREMOS AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA



REPAREMOS AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA.


  La que había sido la principal vidente de Nuestra Señora en Fátima, Lucía Dos Santos, contaba en 1921 con 14 años de edad, cuando decidió ingresar en el Colegio de las Hermanas Doroteas en la localidad de Vilar, cerca de Oporto; en 1928, sintiendo deseos de consagrarse por entero a Dios, se une a las Hermanas como postulante y se traslada al Convento de esta Orden en Tuy, Pontevedra (Galicia, España), para más tarde ser trasladada al convento que tenían en la ciudad de Pontevedra, donde el 10 de Diciembre de 1925 se le volvería a aparecer la Virgen Santísima.

                En esa nueva ocasión, Lucía narra que vio a la Madre de Dios sobre una nube de luz, con el Niño Jesús a su lado. La Virgen Nuestra Señora puso Su mano sobre el hombro de Lucía, mientras en la otra sostenía Su Corazón rodeado de espinas. El Niño le dijo entonces:

          "Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie que haga un acto de reparación para sacárselas."

Inmediatamente dijo Nuestra Señora a Lucía:

          "Mira, hija mía, Mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tu, al menos, procura consolarme y di que a todos los que, durante cinco meses, en el primer sábado, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante 15 minutos meditando en los Misterios del Rosario con el fin de desagraviarme les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación."


REPARACIÓN SABATINA EN HONOR DEL
INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

ORACIÓN

¡Oh Inmaculado Corazón de María, traspasado de dolor por las injurias con que los pecadores ultrajan vuestro santísimo Nombre y vuestras excelsas prerrogativas! Aquí tenéis postrado a vuestros pies, un indigno hijo vuestro, que, agobiado por el peso de sus propias culpas, viene arrepentido y lloroso, y con ánimo de resarcir las injurias que, a modo de penetrantes flechas dirigen contra Vos hombres insolentes y malvados.

Deseo reparar con este acto de amor y rendimiento, que hago delante de vuestro amantísimo Corazón, todas las blasfemias que se lanzan contra vuestro augusto Nombre, todos los agravios que se infieren a vuestras excelsas prerrogativas y todas las ingratitudes con que los hombres corresponden a vuestro maternal amor e inagotable misericordia.

 Aceptad, oh Corazón Inmaculado esta pequeña demostración de mi filial cariño y justo reconocimiento, junto con el firme propósito que hago de seros fiel en adelante, de salir por vuestra honra cuando la vea ultrajada y de propagar vuestro culto y vuestras glorias. Concededme, oh Corazón amabilísimo, que viva y crezca incesantemente en vuestro santo amor, hasta verlo consumado en la gloria. Amén.

DEPRECACIONES

I.- Os venero, amabilísimo Corazón de María, que ardéis continuamente en vivas llamas de amor divino; por él suplico, Madre mía amorosísima, abraséis mi tibio corazón en ese divino fuego en que estáis toda inflamada.

Rezar Avemaría

II.- Os venero, Purísimo Corazón de María, de quien brota la hermosa azucena de virginal pureza. Por ella os pido, Madre mía inmaculada, purifiquéis mi impuro corazón, infundiendo en él la pureza y castidad.

Rezar Avemaría

III.- Os venero, afligidísimo Corazón de María, traspasado con la espada de dolor por la pasión y muerte de vuestro querido Hijo Jesús, y por las ofensas que de continuo se hacen a su divina Majestad; dignaos, Madre mía dolorida, penetrar mi duro corazón con un vivo dolor de mis pecados y con el más amargo sentimiento de los ultrajes e injurias, que está recibiendo de los pecadores el divino Corazón de mi adorable Redentor.

Rezar Avemaría


Jaculatorias


¡Oh Corazón Inmaculado de María, compadeceos de nosotros!
¡Refugio de pecadores, rogad por nosotros!

¡Oh Dulce Corazón de María, sed la salvación mía!



Prácticas de piedad y Devocionario Católico.




SANTO DOMINGO DE GUZMÁN. Apóstol del Santo Rosario.


SANTO DOMINGO DE GUZMÁN.

Apóstol del Santo Rosario.



  Nació en Caleruega (Burgos, España) en 1170, en el seno de una familia profundamente creyente y muy encumbrada. Sus padres, don Félix de Guzmán y doña Juana de Aza, parientes de reyes castellanos y de León, Aragón, Navarra y Portugal, descendían de los condes-fundadores de Castilla. Tuvo dos hermanos, Antonio y Manés.

          De los siete a los catorce años (1177-1184), bajo la preceptoría de su tío el Arcipreste don Gonzalo de Aza, recibió esmerada formación moral y cultural. En este tiempo, transcurrido en su mayor parte en Gumiel de Izán (Burgos), despertó su vocación hacia el estado eclesiástico.

          De los catorce a los veintiocho (1184-1198), vivió en Palencia: seis cursos estudiando Artes (Humanidades superiores y Filosofía); cuatro, Teología; y otros cuatro como profesor del Estudio General de Palencia.

          Al terminar la carrera de Artes en 1190, recibida la tonsura, se hizo Canónigo Regular en la Catedral de Osma. Fue en el año 1191, ya en Palencia, cuando en un rasgo de caridad heroica vende sus libros, para aliviar a los pobres del hambre que asolaba España.

          Al concluir la Teología en 1194, se ordenó sacerdote y es nombrado Regente de la Cátedra de Sagrada Escritura en el Estudio de Palencia.

Al finalizar sus cuatro cursos de docencia y Magisterio universitario, con veintiocho años de edad, se recogió en su Cabildo, en el que enseguida, por sus relevantes cualidades intelectuales y morales, el Obispo le encomienda la presidencia de la comunidad de canónigos y del gobierno de la diócesis en calidad de Vicario General de la misma.

         En 1205, por encargo del Rey Alfonso VIII de Castilla, acompaña al Obispo de Osma, Diego, como embajador extraordinario para concertar en la corte danesa las bodas del príncipe Fernando. Con este motivo, tuvo que hacer nuevos viajes, siempre acompañando al obispo Diego a Dinamarca y a Roma, decidiéndose durante ellos su destino y clarificándose definitivamente su ya antigua vocación misionera. En sus idas y venidas a través de Francia, conoció los estragos que en las almas producía la herejía albigense. De acuerdo con el Papa Inocencio III, en 1206, al terminar las embajadas, se estableció en el Langüedoc como predicador de la verdad entre los cátaros. Rehúsa a los obispados de Conserans, Béziers y Comminges, para los que había sido elegido canónicamente.

         En 1208, Nuestra Señora se le aparece y le enseña a rezar el Santo Rosario, compuesto por 150 Avemarías, número similar a los Salmos de las Sagradas Escrituras; la Virgen aseguró a Santo Domingo que el Rosario es la mejor arma contra los enemigos de la Fe.

         Para remediar los males que la ignorancia religiosa producía en la sociedad, en 1215 establece en Tolosa la primera casa de su Orden de Predicadores, cedida a Domingo por Pedro Sella, quien con Tomás de Tolosa se asocia a su obra.

         En Septiembre del mismo año, llega de nuevo a Roma en segundo viaje, acompañando del Obispo de Tolosa, Fulco, para asistir al Concilio de Letrán y solicitar del Papa la aprobación de su Orden, como organización religiosa de Canónigos regulares. De regreso de Roma elige con sus compañeros la Regla de San Agustín para su Orden y en septiembre de 1216, vuelve en tercer viaje a Roma, llevando consigo la Regla de San Agustín y un primer proyecto de Constituciones para su Orden. El 22 de Diciembre de 1216 recibe del Papa Honorio III la Bula “Religiosam Vitam” por la que confirma la Orden de Frailes Predicadores.

          Al año siguiente retorna a Francia y en el mes de Agosto dispersa a sus frailes, enviando cuatro a España y tres a París, decidiendo marchar él a Roma. Allí se manifiesta su poder taumatúrgico con numerosos milagros y se acrecienta de modo extraordinario el número de sus frailes. Meses después enviará los primeros Frailes a Bolonia.

         Habrá que esperar hasta finales de 1218 para ver de nuevo a Santo Domingo en España donde visitará Segovia, Madrid y Guadalajara.

          Por mandato del Papa Honorio III, en un quinto viaje a Roma, reúne en el convento de San Sixto a las monjas dispersas por los distintos monasterios de Roma, para obtener para los Frailes el convento y la Iglesia de Santa Sabina.

          En la Fiesta de Pentecostés de 1220 asiste al primer Capítulo General de la Orden, celebrado en Bolonia. En él se redactan la segunda parte de las Constituciones. Un año después, en el siguiente Capítulo celebrado también en Bolonia, acordará la creación de ocho Provincias.

          Con su Orden perfectamente estructurada y más de sesenta comunidades en funcionamiento, agotado físicamente, tras breve enfermedad, murió el 6 de Agosto de 1221, a los cincuenta y un años de edad, en el convento de Bolonia, donde sus restos permanecen sepultados. En 1234, su gran amigo y admirador, el Papa Gregorio IX, lo canonizó.

Prácticas de piedad y Devocionario Católico.

sábado, 28 de julio de 2018

Promesa de la Santísima Virgen María a los que rezan el Santo Rosario


Promesa de la Santísima Virgen María a los que rezan el Santo Rosario

 Yo libraré del Purgatorio a los que han acostumbrado el rezo del Santo Rosario.

Comentario:

Parece una promesa de poco valor, pero esto nos sucede porque no tenemos una idea cabal de lo que es el Purgatorio, de lo que es experimenta en ese lugar de expiación. Solo lo podremos entender si después de nuestra muerte vamos allí. Así sí entenderemos la importancia de esta promesa y estaremos felices si fuimos devotos del Santo Rosario, porque entonces la Virgen nos sacará bien pronto de aquellas llamas purificadoras. Si aquí en el mundo no podemos sufrir ni siquiera un dolor de muelas, ¡qué será el dolor tremendo del alma que sufre en el Purgatorio, y a veces por años enteros y siglos! No despreciemos esta hermosa promesa y recemos el Rosario, seamos devotos de él, y agradeceremos por los siglos de los siglos el haber tenido sincera y constante devoción a esta oración predilecta de María.

Santísima Virgen.

miércoles, 18 de julio de 2018

El Santo Rosario - Apologética (Oraciones Repetitivas)

El Rosario (Apologética), Coronillas y Oraciones Similares a los Santos.

El Rosario (Apologética), Coronillas y Oraciones Similares a los Santos.


¿Sale el Rosario en la biblia? La respuesta a esto es: SI, aunque depende. Depende porque evidentemente, en la biblia, un contador de oraciones con pepitas no está. Pero el asunto no es de la camándula, sino del propósito, el modo y el contenido de la oración. El tema básico a conocer para defender este tipo de oraciones es la COMUNIÓN DE LOS SANTOS. Sin conocerlo, es inútil pasar a discutir el rosario.
Este, es un oración en torno a la meditación de varios misterios de la revelación dada a la Iglesia reportados en las escrituras y en la Sagrada Tradición como la Asunción de María.
La oración cristiana repetitiva se deriva a partir de la costumbre judía de orar con los 150 salmos (Salterio), y para más incomodidad de sus detractores anti-marianos y anti-tradicionalistas, hay que decir que devociones de este tipo se esbozan en la historia desde el Siglo IV y el rosario como tal se formalizó a partir de una aparición de la misma Virgen María en el Siglo XIII.
Como oración cumple perfectamente con un doble propósito católico:
1) PEDIR INTERCESIÓN (A los Santos en comunión en este caso María Santísima)
2) LA ORACIÓN INSISTENTE Y REPETIDA (Marcos 14:39- Mateo 26:44).

Además de la no comprensión de la Comunión de los Santos (misterio revelado), se esboza una cita mal interpretada, fuera de contexto y hasta mal traducida con la que se pretende atacar el rosario y es la siguiente:
"Y cuando ores, no uses VANAS REPETICIONES*, como hacen los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos."
Mateo 6,7 (Biblia Protestante Reina Valera Gómez 2010).
"Y orando, no seáis PROLIJOS*, como los Gentiles; que piensan que por su parlería serán oídos."
Mateo 6,7 (Biblia Protestante Reina Valera 1909).

*La palabra del manuscrito griego ahí es βατταλογήσητε = battalogēsēte. Se puede ver la diferencia de traducción en las 2 versiones de la misma biblia. En la biblia católica usualmente se lee "charleis". Y es que esa palabra y la cita no hace condena a una repetición de oraciones, sino a palabrería inútil (sin presencia de la mente). Entendiendo la intercesión de María y en su presencia maternal en la Iglesia, sabemos que repetir un Avemaría desde el corazón no es vana palabrería, sino una oración muy congruente y necesaria que es en esencia "Ruega por nosotros los pecadores". De manera que un buen rosario meditado no cae en la acusación anterior más un rosario o cualquier oración realizada "por no dejar" o realizada de oficio, sí puede ser calificada como tal (siendo el problema no la oración sino la disposición del orante).








https://youtu.be/ffCOa2OM71k?t=2

Una buena fuente sobre la historia del Rosario: http://www.obracultural.org/textospdf/EL%20CAMINO%20DEL%20ROSARIO.pdf


http://abc-apologetica.blogspot.com/2011/08/el-rosario-apologetica-coronillas-y.html


martes, 3 de julio de 2018

NOVENA BÍBLICA A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE CRISTO.



NOVENA BÍBLICA A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE CRISTO.

PREPARACIÓN INICIAL.

(Se reza cada día de la novena)

Los Santos del Apocalipsis cantan fervorosamente: "Con tu Sangre has comprado para Dios gentes de toda tribu, lengua, pueblo y nación; has hecho de ellos una dinastía sacerdotal, que sirve a Dios y reina sobre la tierra" Ap. 5:9.
Nosotros ahora nos unimos a este clamor celestial, y en la comunión del Espíritu con todos los santos de la tierra, y venerando esa Sangre Divina que nos rescató del poder de las tinieblas y nos trasladó al Reino de la Luz, rendimos culto reverente a Dios, como pueblo sacerdotal que somos. Col. 1: 13 y 20.

Cristo Jesús, Cordero de Dios, que nos has salvado con Tu Sangre, ¡Te Alabamos!, Te Bendecimos!, Te Adoramos!, Te damos Gracias rendidas!, Y te pedimos la salvación de todos los que nos hemos lavado en tu Sangre Sagrada. Amén.

Día primero.

Leo en la Palabra de Dios. "¡Dichosos los que lavan sus vestiduras en la Sangre del Cordero!" (Apocalipsis 22:14).
¿Debe espantarnos el pecado? Sí; porque es el mal de los males, que lleva consigo la separación de Dios y la condenación eterna. Dios nos ofrece su perdón, pero nosotros podemos desoír la llamada del Espíritu, que nos invita siempre a la conversión y a la perseverancia. ¿Y si yo he pecado? Podría anidar en mi alma cualquier sentimiento, menos el de la desesperación.

Porque tengo un Salvador que pagó por mí y me llama de nuevo a su Amor. Confío en la Sangre de Cristo, que me ha limpiado de toda mancha. Señor Jesús, ¡gracias por Tu Bondad! No quiero pecar más en adelante. Lo que quiero es amarte cada vez más con todo mi corazón.

Padre Nuestro…
Las lágrimas de mis ojos ahora son el cantar de un alma que, arrepentida, no sueña más que en amar.

Oración. Oh Dios, que nos pides el amor de nuestro corazón, concédenos la gracia de vivir siempre en el amor a Jesús y obtener por su Sangre nuestra salvación eterna. Por Jesucristo nuestro Señor, Amén.

(Terminar con la Oración Final)

Día segundo
(Comienza con la Preparación Inicial)

Leo en la Palabra de Dios. "Tenemos, hermanos, una confianza jubilosa de entrar en el Santuario del Cielo por virtud de la Sangre de Jesús" (Hebreos, 10:19).
Dios nos infundió en el Bautismo la esperanza, junto con la fe y el amor. Llego al Cielo por los méritos de la Sangre de Cristo. A ellos uno mi esfuerzo, para corresponder con mis obras a lo que Él hizo por mí.

Mi vida, para conseguir la salvación, debe ser digna de la Sangre que me compró. Por eso, debo trabajar siempre mí salvación con "temor y temblor", como nos dice San Pablo. Miedo a Dios, No!; Porque Él es Fiel y me salva; sino miedo a mi debilidad o malicia, porque yo puedo fallar a Dios. Pero, ¡confianza! Porque Jesús y yo juntos lo podemos todo.
Padre Nuestro…
Cielo azul, cielo estrellado, Cristo tus puertas abrió. ¡A ti voy, por ti suspiro, Patria de mi corazón!

Oración. Oh Dios, que nos has redimido con la Sangre preciosa de tu Hijo, conserva en nosotros la acción de Tu Misericordia para que podamos conseguir sus frutos eternos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

(Terminar con la Oración Final)

Día tercero

(Comienza con la Preparación Inicial)
Leo en la Palabra de Dios. "Ellos vencieron al dragón por la fuerza de la Sangre del Cordero y en virtud del testimonio que dieron, pues despreciaron sus vidas hasta morir por él"

(Apocalipsis 12: 9-1).
¿Qué significa mi vida cristiana? Es lucha: contra el dolor, que podría desesperarme; contra el cansancio, que podría rendirme en el camino; contra los que atentan mi fe y mi virtud, que exigen mi testimonio; contra mí-contra el pecado, que podría hacerme perder a Dios... Pero tengo en mis manos la fuerza del mismo Cristo.

El luchó contra Satanás y el pecado hasta la sangre, y con Su Sangre nos da la victoria a nosotros. ¿Puedo yo acobardarme y ceder ante el enemigo, si cuento con la fuerza de la gracia de Cristo?...
Padre Nuestro…
La vida es de los valientes, de los que saben luchar. Con Cristo, que va delante, ¿Me puedo yo acobardar?...

Oración. Oh Dios, que en la Sangre de Jesús, derramada valiente y generosamente en la cruz, nos das la fuerza contra todos los enemigos. Haz que por ella me mantenga yo siempre fiel a ti. Por Jesucristo nuestro Señor.

(Terminar con la Oración Final)

Día cuarto

(Comienza con la Preparación Inicial)
Leo en la Palabra de Dios. -El Espíritu Santo os ha constituido vigilantes, para que cuiden de la Iglesia de Dios, que Él se adquirió con su propia Sangre" (Hechos 20:28).
Lo que dice San Pablo a los pastores de la Iglesia vale para todos nosotros, porque todos somos Iglesia por la cual Cristo derramó su Sangre. ¿Puedo desentenderme yo de la Iglesia? ¿Puedo aceptar los ataques de que es objeto? ¿Puedo ver despreciada su verdad? ¿Puedo tolerar la desobediencia a sus Pastores? ¿Puedo mirar sin horror a los que abandonan con peligro grave su salvación? ¿Puedo dejar de trabajar en una u otra obra de apostolado, tal como lo exigen mi Bautismo y Confirmación? Si no trabajo por la Iglesia, estoy traicionando a la Sangre con que Cristo se la adquirió...
Padre Nuestro…
¡Oh, Iglesia Santa y Católica, todo mi amor para ti! Tú sabes que sólo anhelo en tu regazo sobrevivir.

Oración. Señor Jesucristo, hazme vivir en tu Iglesia, Esposa tuya que adquiriste con tu Sangre. Que por ella trabaje, en ella viva y en ella sobreviva. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos Amén.

(Terminar con la Oración Final)

Día quinto

(Comienza con la Preparación Inicial)
Leo en la Palabra de Dios.-¡Bebed, pues ésta es mi sangre!" (Mateo 26: 27-28). “Cuando bebemos de la Copa Bendita por la cual Bendecimos a

Dios, participamos en la Sangre de Cristo.". "Cuantas veces coméis este pan y bebéis este cáliz, proclamáis la muerte del Señor hasta que Él vuelva" (I Corintios 10:16; 11:26).
Padre Nuestro…
¿En qué hago consistir yo mi devoción a la Sangre de Cristo? En oraciones, ciertamente. Pero jamás podré buscar otro punto en qué centrar esa mi devoción como la Eucaristía. Recibo la Sangre de Cristo en la Comunión. En la Comunión me comunica la Sangre Divina toda su fuerza. En la Comunión me aseguro para siempre el fruto de la salvación que Cristo me ganó al derramar su Sangre por mí. ¿Comulgo todas las veces que puedo y mi alma lo recibe de la mejor manera?...
Eres bebida del Cielo, eres vino embriagador. Eres amor y alegría, ¡Cáliz de la salvación!

Oración. Señor Jesucristo, hazme beber con ansia tu Sangre, Vino Nuevo del Reino, y prenda de las delicias que me embriagarán en la Patria celestial. Amén.

(Terminar con la Oración Final)

Día sexto

(Comienza con la Preparación Inicial)
Leo en la Palabra de Dios. -Os habéis acercado a Jesús, que nos ha rociado con una sangre que habla más elocuentemente que la de Abel" (Hebreos 12: 23-24).
¿Qué pedía a gritos la sangre de Abel? ¡Venganza! "La sangre de tu hermano grita a mí desde la tierra", de Dios a Caín. Pero la Sangre de Cristo clama mucho mejor: "¡Padre, perdónalos!"... La Sangre de Jesús nos da la paz con Dios y derriba todo muro que nos divide a los hombres, porque "todo lo pacificado con la sangre de su Cruz". Entonces, ¿Somos dignos de Cristo cuando anida un rencor en nuestro corazón? ¿Somos como el Jesús de la cruz, cuando no perdonamos nosotros de verdad?... ¿Podemos beber la Sangre de Cristo en la Comunión, cuando no rebosamos amor a todos?....
Padre Nuestro...
Sangre de Jesús, que gritas: ¡Perdón, oh Padre, perdón!" Di, ¿qué quieres de nosotros?... ¡Qué sea perdonador!

Oración: Señor Jesucristo, que nos mandas a perdonar generosamente hasta el peor de nuestros enemigos. Infúndeme tú mismo amor a fin de que, amando sin distinción a todos, merezca tú perdón y tú gracia. Amén.

(Terminar con la Oración Final)

Día séptimo

(Comienza con la Preparación Inicial)
Leo en la Palabra de Dios. -Vi el cielo abierto. Y el que se llama desde siempre El Verbo de Dios, estaba cubierto con un manto lleno de Sangre" (Apocalipsis 19: 12-13).
Jesucristo, el Hijo de Dios, aparece en el Cielo como un militar Triunfador. Se empapó de sangre, en la suya, luchando contra el enemigo en una guerra a vida o muerte. Ha vencido en toda la línea. "El príncipe de este mundo ha sido echado fuera". Y llega el día en que "todos sus enemigos estarán colocados como escabel de sus pies"... ¿Me doy cuenta a qué me llama el Señor? El Cielo no es para cobardes, sino para los esforzados que, como Jesús, saben enfrentarse cada día, hasta la sangre, en la lucha contra el mal.
Padre Nuestro…
Por tú Espíritu, Señor, danos valor en la lucha, danos la victoria; victoria sobre la muerte danos la Gloria futura.

Oración. Señor Jesucristo, que nos dijiste que el Reino de los Cielos lo arrebatan únicamente los valientes. Dame el esfuerzo que necesito para ir contigo hasta el Calvario a fin de subir desde él al Cielo. Amén.

(Terminar con la Oración Final)

Día Octavo

(Comienza con la Preparación Inicial)
Leo en la Palabra de Dios. "Estos son los que han lavado y blanqueado sus vestiduras en la Sangre del Cordero. Por eso están ante el Trono de Dios" (Apocalipsis 7:14).
Hemos de contar con el pecado como una triste realidad de nuestra vida. Heredamos de nuestros padres Adán y Eva una naturaleza dañada, y nuestra malicia a veces, y nuestra debilidad siempre, nos llevan a ofender a Dios de muchas maneras. ¿Quién pondrá remedio a esta dolorosa condición nuestra? ¡Gracias sean dadas a nuestro Señor Jesucristo, que con su Sangre nos ha librado de tan lastimosa condición! Dios nos pide solamente arrepentimiento, conversión, reconciliación con Él mediante los Sacramentos, La Confesión, eso sí, lucha valiente para no hacer nunca las paces con el pecado.
Padre Nuestro…
¡Qué Divino tesoro, Jesús, me has dado en tu Sangre! ¡Límpiame de toda mancha, para ser como te agrada!...

Oración. Señor Jesucristo, amador de los pecadores, que somos todos. Derrama sobre mí la abundancia de los méritos de Tú Sangre, para que, con limpieza de corazón, vea siempre a Dios en todas las cosas. Amén.

(Terminar con la Oración Final)

Día noveno

(Comienza con la Preparación Inicial)

Leo en la Palabra de Dios. -Tenemos un Pontífice excelso, Jesús, que ha penetrado los Cielos - con su propia Sangre - y está siempre vivo para interceder por los que por Él se llegan a Dios" (Hebreos 4:14, 19:12, 7:25).
Una última mirada a la Sangre de Cristo. ¿Qué nos ha merecido Jesús con ella? Nada menos que la Gloria de Dios, la misma con la que Dios es infinitamente dichoso, la que tiene el mismo Jesucristo glorificado a la derecha del Padre. Y ante este su Padre está repitiendo continuamente: "Quiero que donde yo estoy estén también los míos que Tú me diste". Ya que para esto se adelantó: "Voy a prepararos un lugar" Nuestro destino es el Cielo, que no es propio de almas débiles, sino de los espíritus más grandes, que no se contentan sino con Dios.

Padre Nuestro…
Como Esteban, entre abierto veo el Cielo, Señor. ¿Cuándo podré estar contigo? ¡Hoy lléname de tu Presencia!

Oración. Señor Jesucristo, autor, guía y consumador de la fe, que vas al frente de los que caminan hacia la Patria. Hazme seguir fielmente tus pisadas para conseguir ese Cielo que me tienes prometido y preparado. Amén.
"EN SU GRAN AMOR DIOS ME HA LIBERADO POR LA SANGRE QUE SU HIJO DERRAMÓ, Y HA PERDONADO MIS PECADOS". (Efesios 1:7)

(Terminar con la Oración Final)

ORACIÓN FINAL (Para los días de la Novena)
(El Santo Juan Pablo II rezaba también esta oración después de comulgar.)

Alma de Cristo, santifícame.

Cuerpo de Cristo, sálvame.

Sangre de Cristo, embriágame.

Agua del Costado de Cristo, lávame.

Pasión de Cristo, confórtame.

¡OH buen Jesús, óyeme! Dentro de tus llagas, escóndeme.

No permitas que me aparte de Ti.

Del enemigo malo, defiéndeme.

En la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti, para que con Tus Ángeles y Santos te Alabe, por los siglos de los siglos. Amén, Aleluya, Amén.

Sagrados Corazones: Jesús y María-Devociones Católicas Mi Fe Católica.

¡EL INFIERNO ESTÁ ALLÍ! por Don Giuseppe Tomaselli

 ¡ EL INFIERNO ESTÁ ALLÍ! por Don Giuseppe Tomaselli “Si Dios castigara de inmediato a quienes lo ofenden, ciertamente no se ofendería com...